Dentro de la instancia apenas se podía ver, ya que la gran sala estaba iluminada por una bola de discoteca y las barras con luces de neón. La gente se agolpaban en la pista para bailar las canciones que sonaban de forma estridente. Pablo me miró y sonrió. Le devolví el saludo y me enganché de su brazo para caminar donde estaría el resto del grupo. Al llegar, fuimos recibidos con saludos, besos y abrazos. Divisé a Sergio entre la multitud y avisé a Pablo de que me alejaba un momento. Fui sorteando a la danzarines hasta dónde se encontraba el cumpleañero.
- ¡ Pensaba que no venías ! - Gritó Sergio.- ¡ Esto es alucinante !
- ¡ Claro que iba a venir ! ¡¿ Cómo perderme una fiesta de esta categoría ?! - Chillé.
Nos costaba comunicarnos así que le hice un gesto para que se uniera al resto del grupo, que nos esperaba en una esquina de la sala, sentados en butacas aterciopeladas. Cuándo llegamos le cantamos a Sergio "Feliz cumpleaños", alanzando nuestras voces por encima de la música. Sergio parecía feliz. No dejaba de sonreír y de hacer tonterías. Estaba muy simpático. Estuvimos un breve periodo de tiempo sentados, puesto que para animar la fiesta Chusa se levantó de golpe y aulló:
- ¡¡ A bailar !!
Esas fueron las palabras clave para que todos nos pusiéramos en pie y echásemos a caminar hacía la pista. Cuando estuvimos en ella, nos pusimos a bailar. Ruusu no parecía dar problemas y me lo estaba pasando en grande. Aquella noche era como un sueño. Estaba encantada con mis nuevos amigos y nunca me había divertido tanto. Un mal presentimiento y un escalofrío por la columna vertebral, que hizo que se me erizaran los pelos de la nuca, me arrebató las ganas de seguir soñando. Miré hacía atrás, hacía la puerta del establecimiento, y abrí los ojos de par en par. No podía ser. Esto no estaba pasando. Miré buscando apoyo en el grupo pero lo único que encontré fueron miradas despreocupadas y alguna que otra sonrisa cómplice.
-" Su caballero, vuestra merced..." - apuntó Ruusu.
- ¿ Qué hace él aquí? - Susurré con los ojos llenos de lágrimas.
- " Ha venido a buscarte princesita " - Contestó a mi pregunta Ruusu.
Me tapé la boca con las manos y Pablo me pasó el brazo por la cintura.
- ¿ Qué pasa ?
Señalé con la cabeza.
- Es él...
Nekitos
viernes, 23 de diciembre de 2011
lunes, 5 de diciembre de 2011
No pareces tú.
Cuando abrí de par en par la puerta, Pablo pudo verme mejor. Me adelanté 3 pasos hacía delante y le guiñé un ojo. Su cara de asombro me lo decía todo. Mi apariencia había cambiado mucho en 30 minutos de preparación. De abajo a arriba: Me había calzado con botines de tacón negros con cuerdas en la parte posterior, conseguí embutirme en un ajustado vestido de color negro ,realzaba hasta la más pequeña curva, que acababa en can-can. Esta terminación le propinaba a la vestimenta un toque juvenil. En el cuello lucía un collar discreto y mi maquillaje tampoco llamaba mucho la atención. Todo mi pelo pudo ser recogido en un moño alto, atado con una cita de color lila oscuro. Lucía complementos discretos de color violeta y un bolso negro.
- Estás muy b... - se quedó un rato pensando. - No pareces tú.
Abrí los ojos de par en par y sonreí.
- Vas muy elegante, espero poder estar a la altura.
- No estás a mi altura querida, estás por encima.
- ¡No seas exagerado!
Pablo mostraba un traje formal, pero a su vez con un toque casual. Llevaba unos zapatos nuevos, un pantalón pitillo, una camiseta blanca, una corbata negra y una americana.Todas las prendas lucía su color negro excepto la camisa mencionada antes. Le miré de arriba a abajo y le coloqué bien la corbata. Acto seguido me enganché de su brazo y salimos de la casa. Anduvimos hasta el caserío donde íbamos a montar la fiesta. Desde afuera ya se podían escuchar los gritos de nerviosismo y la música. Un cierto olor a chocolate emanaba de dentro. Caminamos y nos quedamos en frente de la puerta.
- ¿ Preparada?
- ¿ Para qué ?
- Para triunfar.- Dijo mientras abría la puerta de par en par y nos adentrábamos.
- Estás muy b... - se quedó un rato pensando. - No pareces tú.
Abrí los ojos de par en par y sonreí.
- Vas muy elegante, espero poder estar a la altura.
- No estás a mi altura querida, estás por encima.
- ¡No seas exagerado!
Pablo mostraba un traje formal, pero a su vez con un toque casual. Llevaba unos zapatos nuevos, un pantalón pitillo, una camiseta blanca, una corbata negra y una americana.Todas las prendas lucía su color negro excepto la camisa mencionada antes. Le miré de arriba a abajo y le coloqué bien la corbata. Acto seguido me enganché de su brazo y salimos de la casa. Anduvimos hasta el caserío donde íbamos a montar la fiesta. Desde afuera ya se podían escuchar los gritos de nerviosismo y la música. Un cierto olor a chocolate emanaba de dentro. Caminamos y nos quedamos en frente de la puerta.
- ¿ Preparada?
- ¿ Para qué ?
- Para triunfar.- Dijo mientras abría la puerta de par en par y nos adentrábamos.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Impresionante.
Nunca me lo pasé tan bien preparando una fiesta. Pablo y el resto bromeaba, haciendo que el recuerdo de Gregory quedara apartado, cosa que agradecí, puesto que lamentarme no me iba ayudar a encontrarlo. El momento en que más me reí, donde cuándo la fuente de chocolate, un elemento que no podía falta según Isaac, se puso incontrolable y llenó a Pablo de chocolate de arriba abajo. El se había puesto pálido y se había ido corriendo a casa para cambiarse. Volvió con una ropa muy parecida, pero un poco menos elegante.
- Es por si vuelve a ocurrir. - Dijo a modo de excusa, rodeado de gente que se reía.
Todo aquello era genial, pero había una cosa que me apartó de ese ambiente fiestero, Athiel. Hacía horas que no sabía nada de el, ni un mensaje, ni una llamada.... Ni siquiera lo había visto por la calle.
- Quizás sea mejor así... - Susurró de modo que sólo Ruusu pudiera escucharla.
- " Puede ser, pero los problemas no se van solos."
- Puede ser....
Cuándo todo estuvo preparado, el grupo de personas que se encontraban allí se pusieron a elegir la música que sonaría aquella noche.
- ¿ Dónde está Sergio ? - Preguntó una chica que se me había presentado como María.
- Ah, bueno, ni idea... Sospecho que en el río viendo la competición de canoas. - respondió Chusa.
Elegimos la mayor parte de las canciones techno, puesto que era el género que más gustaba entre el grupo. Los últimos retoques se reducían a conectar los aparatos electrónicos y a preparar la comida. Antes de realizas esos retoques, hicimos una breve pausa para comer. Pidieron un par de pizzas, a las cuales me invitaron. Comimos hasta saciarnos y continuamos el trabajo. Conectamos cables, probamos altavoces, escuchamos como sonaba el equipo de música en su totalidad y por último las decoraciones a más, es decir, carteles en los que ponía : FELICIDADES SERGIO y algunas que otras frases de amistad eterna. Me sentía cómoda allí. Nunca había tenido un grupo de amigos ya que mi madre no me dejaba salir, a no ser para acompañarla a las fiestas caras y snocks a las que debía acudir con una sonrisa falsa y modales de princesa. Eso había terminado, por un par de puñaladas. También es cierto que... echaba de menos una parte de mi vida pasada, Calthia.
- "¿ Que habrá sido de ella ? " - pensé.
- " Habrá llegado a su país y establecido una vida allí, no te preocupes. " - Ruusu parecía convencida.
- " No sé, deseo creer que así fue. "
Estaba preocupada, pero no dejé que ese sentimiento me apartara de mis nuevos amigos. Me mezclé entre ellos adoptando sus maneras de ser, como un camaleón. Me aceptaron desde el primer momento, les debía mucho. Después del rato que estuvimos juntos, charlando, decidimos que era hora de ir para casa a prepararse. Pablo me hizo señas para que fuera con él, así que le seguí agarrada a su brazo. Volvimos a casa y se me escapó una risita al ver la ropa manchada de chocolate en la cesta de la ropa sucia.
- Cállate... - fue lo único que me dijo Pablo entre risas.
Pablo se agenció la habitación dejándome a mi el baño. Me duché y me preparé. Introduje mi cuerpo en lo que sería el vestido más bonito que había visto jamás. Me quedaba como un guante y me hacía un cuerpo precioso. Trabajé en el maquillaje y en el peinado.
Pablo me petó en la puerta para meterme prisa y cuándo salí, se quedó con la boca abierta.
- Im...Im...Impresionante...
lunes, 7 de noviembre de 2011
Extrañar.
Mientras ayudaba a recoger todo, un olor a chocolate derretido trajo a mi mente un recuerdo fugaz de cierto personaje, de grandes ojos azules y de sonrisa arrebatadora. Gregory. A él le encantaba el chocolate derretido con frutas, o simplemente untaba el chocolate en chocolate derretido. De pequeños, solíamos jugar a ver quién aguantaba más chocolate en la boca, siempre ganaba él , aun que era él quién acababa lleno de chocolate de arriba a abajo.
-"¿Todavía le amas no?"- preguntó Ruusu.
- No... Todavía no. Nunca he dejado de hacerlo.- susurré de modo casi imperceptible.
- "Odio a los humanos..."
- Y yo a las mentes perversas...
Me volví a sumergir en mis recuerdos. El día que casi nos besamos, el día que... nos separaron, pero no para siempre. Tuve muy claro, desde el momento en el que partí, que volvería a buscarle. El cielo despejado del pueblo no se podía poner a la altura del azul de sus ojos. Ahora conocía el significado del verbo, extrañar. Lo extrañaba demasiado como para seguir así. Me hice prometer a mí misma que en cuánto consiguiese algo de dinero, iría a buscarlo, pero... ¿ Qué hacer, decir... ? ¿ Cómo iba a reaccionar Gregory ante una Johana cambiada ? Me estaría... ¿ Esperando?
--------------------------------------------------------X---------------------------------------------------
En otro lugar...
Abrió los ojos y un rayo de sol hizo que se cegara por unos instantes. Se desperezó. Otra mañana más, otro día sin...ella. Se incorporó hasta quedarse sentado, y se estiró. En especial, se centró en estirar la espalda, la cuál crujió bajo la presión de los músculos. Gregory puso cara de asco y se levantó, de forma pausada. Se desplazó hasta su ventana y dirigió una mirada de soslayo.
- Johana....
Una lágrima asomó de un ojo y cayó de forma pesada en el marco de la ventana. Gregory se incorporó con los brazos estirados hacía arriba.
-" Te extraño..." - pensó.
-"¿Todavía le amas no?"- preguntó Ruusu.
- No... Todavía no. Nunca he dejado de hacerlo.- susurré de modo casi imperceptible.
- "Odio a los humanos..."
- Y yo a las mentes perversas...
Me volví a sumergir en mis recuerdos. El día que casi nos besamos, el día que... nos separaron, pero no para siempre. Tuve muy claro, desde el momento en el que partí, que volvería a buscarle. El cielo despejado del pueblo no se podía poner a la altura del azul de sus ojos. Ahora conocía el significado del verbo, extrañar. Lo extrañaba demasiado como para seguir así. Me hice prometer a mí misma que en cuánto consiguiese algo de dinero, iría a buscarlo, pero... ¿ Qué hacer, decir... ? ¿ Cómo iba a reaccionar Gregory ante una Johana cambiada ? Me estaría... ¿ Esperando?
--------------------------------------------------------X---------------------------------------------------
En otro lugar...
Abrió los ojos y un rayo de sol hizo que se cegara por unos instantes. Se desperezó. Otra mañana más, otro día sin...ella. Se incorporó hasta quedarse sentado, y se estiró. En especial, se centró en estirar la espalda, la cuál crujió bajo la presión de los músculos. Gregory puso cara de asco y se levantó, de forma pausada. Se desplazó hasta su ventana y dirigió una mirada de soslayo.
- Johana....
Una lágrima asomó de un ojo y cayó de forma pesada en el marco de la ventana. Gregory se incorporó con los brazos estirados hacía arriba.
-" Te extraño..." - pensó.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Preparativos.
Abrí los ojos lentamente. La claridad que se adentraba entre las ranuras de la persiana del piso de Pablo me cegaron. Los cerré y nuevamente intenté abrirlos. Noté un peso que rodeaba mi cadera y una respiración en mi nuca. Me giré lentamente y allí estaba Pablo, abrazado a mi y con cara de ángel mientras suspiraba en sueños. Sonreí ante aquella imagen de ternura e inocencia. Le agarré el brazo y poco a poco se lo fui retirando de mi cadera, cuándo casi le había posado el brazo en el colchón opuso resistencia y me abrazó con tanta fuerza la barriga que me quedé sin aire. Bostezó:
- Mmmm... Buenos días...
- Buenos días.
Sonrió de manera vaga y se fue incorporando sin quitar la mano de mi cintura. Suspiró, me miró a los ojos y volvió a bostezar. Solté una risita y él sonrió de nuevo.
- Vayamos a desayunar, tengo hambre. - Dijo entre bostezos.
- Yo también tengo bastante hambre.
Pablo se levantó antes y se fue a la cocina a preparar el desayuno. No tardé mucho en seguirlo. Con la luz del día, la casa de Pablo quedaba visible. Lo que me esperaba, estilo moderno y retro, con un gran póster de Lady Gaga en el salón. Torcí el gesto y escuché que Pablo canturreaba Telephone, de la artista antes mencionada.
- " Ahora lo comprendo todo...". - Apuntó de forma pasiva Ruusu.
Sonreí y me acerqué a Pablo acompañándolo en su melodía. Me indicó que me sentara a esperar por el desayuno, se lo agradecí y obedecí. Poco tiempo tardó en posar delante mía un café bien cargado.
- Pero... ¿ Por qué tanto café ? - Pregunté incrédula.
- La fiesta de Sergio, necesitaremos energías. - Dijo mirándome por encima de su taza.
- Es verdad... No le compré nada ayer.
- Aaaah, no te preocupes por eso. Nadie le va a comprar nada. Él afirmó que no quería regalos, simplemente asistencia.
- Ah bueno, pues estupendo entonces. - dije sonriendo.- Mientras sólo pida eso.
Pablo soltó una carcajada y me miró ladeando la cabeza. Acto seguido volvió a reírse.
- ¿ Qué pasa ? - le pregunté con una sonrisa contagiada por su risa.
- Tú...tú... - No podía hablar, simplemente señalaba a mi pelo.
Me levanté y utilicé un pequeño espejo de la entrada. Con razón no paraba de reírse, decir que tenía pelos de bruja loca era decir poco. Volví trotando a la cocina y le propiné un golpe cariñoso en la cabeza. ese gesto lo único que provocó fue más risas.
- Pues deberías ver tu tupé. - le informé con indignación.
- ¿¡ Qué ?! Mi tupé... ¿ Qué le pasa ?
- Tranquilo... sólo esta un poco... extraño.
Pude ver como Pablo corría rápidamente en dirección al espejo dónde anteriormente me había mirado. Escuché un alarido de dolor. Me levanté dejando mi taza atrás. Vi cruzar delante mía a un Pablo alporizado que no dejaba de peinarse el tupé, se dirigía al baño. Le seguí.
- Oh vamos, no está tan mal...
- Está horrible... - se lamentó Pablo con una lágrima asomándole a los ojos.
No pude evitarlo y me eché a reír. El cabreado e indignado cogió su bote de gomina y me embadurnó de ese pegajoso y horrible producto.
- Arrrrgh....
- Te fastidias, por haberte reído de mí.
- ¡Empezaste tú!
Me miró con indignación y se rió. Le sonreí y me adentré en el baño con él a arreglarme un poco. Cuándo ambos terminamos, salimos, nos terminamos el desayuno y con la energía nuevamente adquirida corrimos a prepararnos para el día.
- ¿Cuándo empieza la fiesta?
- Dentro de 1 hora... - comentó Pablo.
- Qué raro, tan pronto...
- No es que empiece, es que hay que preparar la sorpresa que le tenemos planeada.
- Aaaah, entiendo. - terminé la conversación con un pulgar levantado a modo de afirmación.
Él levantó el suyo y se adentró en el baño, con ropa en mano para ducharse y cambiarse. Esperé sentada en la cama mirando el cuchillo homicida. Lo paseaba entre mis manos, aún tenía sangre. Suspiré y una lágrima corrió por mi mejilla. Escuché cómo Pablo abría la puerta del baño y escondí de nuevo el cuchillo. Repetí las acciones de Pablo, es decir, me duché y me cambié, escondiendo el arma entre mi ropa sucia. Ambos listos bajamos a la calle en ascensor, nos encaminamos comentado diversos asuntos hacía dónde deberíamos preparar la sorpresa. Él iba con un pantalón pitillo de color negro y una camisa blanca con un chaleco negro, a la par con él, yo llevaba una falda negra con encaje y una camiseta de asas, ambas prendas de color negro. El establecimiento era conocido como " El alfriche ". Tenía buena pinta. Al entrar me encontré con gente conocida y gente nueva, que se fue preparando. Rápidamente me pusieron a trabajar y todos comenzamos a colaborar. Noté una mirada en mi nuca, me giré. Nadie se había percatado de mi presencia, nadie en especial .
- " Imaginaciones tuyas... " - Pensamos Ruusu y yo al unísono.
- Mmmm... Buenos días...
- Buenos días.
Sonrió de manera vaga y se fue incorporando sin quitar la mano de mi cintura. Suspiró, me miró a los ojos y volvió a bostezar. Solté una risita y él sonrió de nuevo.
- Vayamos a desayunar, tengo hambre. - Dijo entre bostezos.
- Yo también tengo bastante hambre.
Pablo se levantó antes y se fue a la cocina a preparar el desayuno. No tardé mucho en seguirlo. Con la luz del día, la casa de Pablo quedaba visible. Lo que me esperaba, estilo moderno y retro, con un gran póster de Lady Gaga en el salón. Torcí el gesto y escuché que Pablo canturreaba Telephone, de la artista antes mencionada.
- " Ahora lo comprendo todo...". - Apuntó de forma pasiva Ruusu.
Sonreí y me acerqué a Pablo acompañándolo en su melodía. Me indicó que me sentara a esperar por el desayuno, se lo agradecí y obedecí. Poco tiempo tardó en posar delante mía un café bien cargado.
- Pero... ¿ Por qué tanto café ? - Pregunté incrédula.
- La fiesta de Sergio, necesitaremos energías. - Dijo mirándome por encima de su taza.
- Es verdad... No le compré nada ayer.
- Aaaah, no te preocupes por eso. Nadie le va a comprar nada. Él afirmó que no quería regalos, simplemente asistencia.
- Ah bueno, pues estupendo entonces. - dije sonriendo.- Mientras sólo pida eso.
Pablo soltó una carcajada y me miró ladeando la cabeza. Acto seguido volvió a reírse.
- ¿ Qué pasa ? - le pregunté con una sonrisa contagiada por su risa.
- Tú...tú... - No podía hablar, simplemente señalaba a mi pelo.
Me levanté y utilicé un pequeño espejo de la entrada. Con razón no paraba de reírse, decir que tenía pelos de bruja loca era decir poco. Volví trotando a la cocina y le propiné un golpe cariñoso en la cabeza. ese gesto lo único que provocó fue más risas.
- Pues deberías ver tu tupé. - le informé con indignación.
- ¿¡ Qué ?! Mi tupé... ¿ Qué le pasa ?
- Tranquilo... sólo esta un poco... extraño.
Pude ver como Pablo corría rápidamente en dirección al espejo dónde anteriormente me había mirado. Escuché un alarido de dolor. Me levanté dejando mi taza atrás. Vi cruzar delante mía a un Pablo alporizado que no dejaba de peinarse el tupé, se dirigía al baño. Le seguí.
- Oh vamos, no está tan mal...
- Está horrible... - se lamentó Pablo con una lágrima asomándole a los ojos.
No pude evitarlo y me eché a reír. El cabreado e indignado cogió su bote de gomina y me embadurnó de ese pegajoso y horrible producto.
- Arrrrgh....
- Te fastidias, por haberte reído de mí.
- ¡Empezaste tú!
Me miró con indignación y se rió. Le sonreí y me adentré en el baño con él a arreglarme un poco. Cuándo ambos terminamos, salimos, nos terminamos el desayuno y con la energía nuevamente adquirida corrimos a prepararnos para el día.
- ¿Cuándo empieza la fiesta?
- Dentro de 1 hora... - comentó Pablo.
- Qué raro, tan pronto...
- No es que empiece, es que hay que preparar la sorpresa que le tenemos planeada.
- Aaaah, entiendo. - terminé la conversación con un pulgar levantado a modo de afirmación.
Él levantó el suyo y se adentró en el baño, con ropa en mano para ducharse y cambiarse. Esperé sentada en la cama mirando el cuchillo homicida. Lo paseaba entre mis manos, aún tenía sangre. Suspiré y una lágrima corrió por mi mejilla. Escuché cómo Pablo abría la puerta del baño y escondí de nuevo el cuchillo. Repetí las acciones de Pablo, es decir, me duché y me cambié, escondiendo el arma entre mi ropa sucia. Ambos listos bajamos a la calle en ascensor, nos encaminamos comentado diversos asuntos hacía dónde deberíamos preparar la sorpresa. Él iba con un pantalón pitillo de color negro y una camisa blanca con un chaleco negro, a la par con él, yo llevaba una falda negra con encaje y una camiseta de asas, ambas prendas de color negro. El establecimiento era conocido como " El alfriche ". Tenía buena pinta. Al entrar me encontré con gente conocida y gente nueva, que se fue preparando. Rápidamente me pusieron a trabajar y todos comenzamos a colaborar. Noté una mirada en mi nuca, me giré. Nadie se había percatado de mi presencia, nadie en especial .
- " Imaginaciones tuyas... " - Pensamos Ruusu y yo al unísono.
viernes, 28 de octubre de 2011
Las mejores personas lo están.
Entré en el salón. Athiel mantenía la casa oscura, seguramente para no ver su reflejo demacrado por el dolor. Me senté en el sillón con aire de superioridad e indiferencia. Me mantuve inmóvil mientras Athiel se dejaba caer en el otro sillón. Entrelazó las manos delante de la cara y se encorvó para poder apoyar los codos en las rodillas. Suspiró y pude ver como una pequeña lágrima caía de su ojo, hundió la cabeza entre sus manos. Comenzó a sollozar e intenté mantenerme firme, sin mostrar sentimiento.
- " ¿ No vas a hacer nada ? " - Inquirió Ruusu.
Esa fue la gota que colmó el vaso. Me dolía ver a una persona tan fuerte y tan jovial como Athiel así. Por ese motivo me sitúe en el brazo del sillón, sentada con las piernas cruzadas. Le abracé la cabeza y se la conduje a mis piernas, a la altura de las rodillas, para que la pudiera apoyar. Sentí como sus lágrimas me mojaban la piel. Sus grandes brazos me abrazaron y cambió de posición, apoyando su cabeza en mi hombro. Le acaricié el pelo mientras el susurraba entre sollozos que le perdonara.
- No... no sé por qué lo hice... Perdóname... Lo siento... Lo siento...
- Ya está... Lo echo, echo está, no puedes culparte por enfadarte ante el rechazo de la persona que amas.
Levantó la cabeza lentamente hasta colocarla enfrente de la mía. Me acarició el pelo y me apartó un mechón de la cara.
- Esta noche pienso... pienso que es mejor que la pases fuera... Yo... si te quedas, no voy a poder controlarme...
- Eso tenía pensado, venía para avisarte de que no iba a dormir aquí.
El asintió y se levantó, acto seguido abrió la puerta y me hizo un gesto amable y cordial para que saliera. Eso mismo hice, recogiendo antes mis bolsas. Afuera estaba comenzando a llover. Me giré para verle una última vez:
- Hay un hostal a la vuelta de la esquina... Cuando esté mejor... Hablaremos... ¿ Vale ?
Le sonreí y me fui. La noche se mostraba oscura, pero iluminada al mismo tiempo por miles y miles de pequeños puntos dorados, allí, en lo alto. Aspiré la brisa de la noche que chocaba contra mi fina piel y noté el frío tanto de una gota.
- " Debes darte prisa. "
Asentí y comencé a caminar. Salí de la finca y me encaminé hacía dónde me había señalado Athiel. Me detuve a pocos metros antes de llegar. Una figura alta a a causa de un tupé me hacía señas desde la otra punta de la carretera. Le devolví el saludo y corrí hacía el. El me acogió entre sus brazos en un amplio abrazo.
- ¿ Qué haces aquí fuera? - Preguntó Pablo.
- Buscar dónde dormir...
- Chusa me dijo que ya tenías cama.
- ¡ Lo sé ! Pero en el último momento, pues esa persona que me iba a acoger... bueno, digamos que tuvo un impedimento.
- Ah... entiendo. - Se quedó triste mirándome. - ¡ Bueno no pasa nada ! Te vienes conmigo.
Al tiempo que decía eso me agarraba de la mano y tiraba de mí.
- ¡Cambias de humor tan rápido que me pierdo! - Logré decir entre jadeos.
Corrimos hasta llegar a un edificio alto. Entramos y subimos hasta el 9.B. Una vez enfrente de la puerta, Pablo introdujo la llave y entramos. No se molestó en encender las luces, pero si en llevarme hasta la habitación, tirarme en la cama y quedarse mirándome. Me extrañó ese comportamiento, y cuándo comence a hablar me cortó con un gesto:
- ¿ Por qué mentiste ?
Abrí los ojos y luego bajé la vista.
- Porque tengo...tengo...un pasado muy oscuro y no me alegro de ninguna de mis acciones pasadas.
- Bueno... No se puede vivir en el pasado.
- Lo sé, pero cometí un grave error.
- Mira, somos humanos, nos equivocamos...demasiadas veces, pero aprendemos de esos errores. ¿ O no ? - me miró de arriba a abajo. - Lo que hayas echo o dejaras de hacer, no me importa. Solo quiero que no me vuelvas a mentir, por que sé perfectamente que no hay ningún pueblo a la vera del río, y los otros no tardarán en descubrirlo.
- Entiendo...
- Lo único que te pido. - dijo poniéndose de rodillas. - Es que me seas sincera y por favor, sé mi amiga.
Me sorprendió esa petición.
- Cla-
- ¿¡ Sabes lo que implica ser amigos !? - Me cortó. - Significa estar siempre juntos, sernos sinceros, querernos, compartirlo todo, a pesar de que eso esa malo... ¡ Da igual ! Solo quiero ser tu amigo.
- ¿ A pesar de mi pasado oscuro... ? De mi locura...
- Mira, solo estas loca, mal de la cabeza, llena de problemas de la edad, vaga y un poco estúpida ,pero solo lo justo.
- Pe-
- Pero, pero . - Me volvió a cortar. - Las mejores personas lo están, y tu eres una de esas personas...
- Las mejores personas lo están. - susurré de modo que casi no se me oyese. - Tu también eres una de esas personas...
Mientras lo decía rompía a llorar. Pablo me miró a los ojos, ladeó la cabeza y me abrazó. Comenzamos a movernos hacía los lados hasta que, sin darnos cuenta nos caímos los dos de lado en la cama, abrazados. Lo último que recuerdo es que antes de quedarme dormida en sus brazos, susurré de nuevo:
- Las mejores personas lo están...
- " ¿ No vas a hacer nada ? " - Inquirió Ruusu.
Esa fue la gota que colmó el vaso. Me dolía ver a una persona tan fuerte y tan jovial como Athiel así. Por ese motivo me sitúe en el brazo del sillón, sentada con las piernas cruzadas. Le abracé la cabeza y se la conduje a mis piernas, a la altura de las rodillas, para que la pudiera apoyar. Sentí como sus lágrimas me mojaban la piel. Sus grandes brazos me abrazaron y cambió de posición, apoyando su cabeza en mi hombro. Le acaricié el pelo mientras el susurraba entre sollozos que le perdonara.
- No... no sé por qué lo hice... Perdóname... Lo siento... Lo siento...
- Ya está... Lo echo, echo está, no puedes culparte por enfadarte ante el rechazo de la persona que amas.
Levantó la cabeza lentamente hasta colocarla enfrente de la mía. Me acarició el pelo y me apartó un mechón de la cara.
- Esta noche pienso... pienso que es mejor que la pases fuera... Yo... si te quedas, no voy a poder controlarme...
- Eso tenía pensado, venía para avisarte de que no iba a dormir aquí.
El asintió y se levantó, acto seguido abrió la puerta y me hizo un gesto amable y cordial para que saliera. Eso mismo hice, recogiendo antes mis bolsas. Afuera estaba comenzando a llover. Me giré para verle una última vez:
- Hay un hostal a la vuelta de la esquina... Cuando esté mejor... Hablaremos... ¿ Vale ?
Le sonreí y me fui. La noche se mostraba oscura, pero iluminada al mismo tiempo por miles y miles de pequeños puntos dorados, allí, en lo alto. Aspiré la brisa de la noche que chocaba contra mi fina piel y noté el frío tanto de una gota.
- " Debes darte prisa. "
Asentí y comencé a caminar. Salí de la finca y me encaminé hacía dónde me había señalado Athiel. Me detuve a pocos metros antes de llegar. Una figura alta a a causa de un tupé me hacía señas desde la otra punta de la carretera. Le devolví el saludo y corrí hacía el. El me acogió entre sus brazos en un amplio abrazo.
- ¿ Qué haces aquí fuera? - Preguntó Pablo.
- Buscar dónde dormir...
- Chusa me dijo que ya tenías cama.
- ¡ Lo sé ! Pero en el último momento, pues esa persona que me iba a acoger... bueno, digamos que tuvo un impedimento.
- Ah... entiendo. - Se quedó triste mirándome. - ¡ Bueno no pasa nada ! Te vienes conmigo.
Al tiempo que decía eso me agarraba de la mano y tiraba de mí.
- ¡Cambias de humor tan rápido que me pierdo! - Logré decir entre jadeos.
Corrimos hasta llegar a un edificio alto. Entramos y subimos hasta el 9.B. Una vez enfrente de la puerta, Pablo introdujo la llave y entramos. No se molestó en encender las luces, pero si en llevarme hasta la habitación, tirarme en la cama y quedarse mirándome. Me extrañó ese comportamiento, y cuándo comence a hablar me cortó con un gesto:
- ¿ Por qué mentiste ?
Abrí los ojos y luego bajé la vista.
- Porque tengo...tengo...un pasado muy oscuro y no me alegro de ninguna de mis acciones pasadas.
- Bueno... No se puede vivir en el pasado.
- Lo sé, pero cometí un grave error.
- Mira, somos humanos, nos equivocamos...demasiadas veces, pero aprendemos de esos errores. ¿ O no ? - me miró de arriba a abajo. - Lo que hayas echo o dejaras de hacer, no me importa. Solo quiero que no me vuelvas a mentir, por que sé perfectamente que no hay ningún pueblo a la vera del río, y los otros no tardarán en descubrirlo.
- Entiendo...
- Lo único que te pido. - dijo poniéndose de rodillas. - Es que me seas sincera y por favor, sé mi amiga.
Me sorprendió esa petición.
- Cla-
- ¿¡ Sabes lo que implica ser amigos !? - Me cortó. - Significa estar siempre juntos, sernos sinceros, querernos, compartirlo todo, a pesar de que eso esa malo... ¡ Da igual ! Solo quiero ser tu amigo.
- ¿ A pesar de mi pasado oscuro... ? De mi locura...
- Mira, solo estas loca, mal de la cabeza, llena de problemas de la edad, vaga y un poco estúpida ,pero solo lo justo.
- Pe-
- Pero, pero . - Me volvió a cortar. - Las mejores personas lo están, y tu eres una de esas personas...
- Las mejores personas lo están. - susurré de modo que casi no se me oyese. - Tu también eres una de esas personas...
Mientras lo decía rompía a llorar. Pablo me miró a los ojos, ladeó la cabeza y me abrazó. Comenzamos a movernos hacía los lados hasta que, sin darnos cuenta nos caímos los dos de lado en la cama, abrazados. Lo último que recuerdo es que antes de quedarme dormida en sus brazos, susurré de nuevo:
- Las mejores personas lo están...
miércoles, 26 de octubre de 2011
¡Sólo chicas!
Estuvimos un buen rato haciendo tiempo, conversando y comentando jugadas graciosas. Poco a poco, la preocupación que sentía al saber que Athiel podría llegar en cualquier momento, me inquietaba menos. Decidí bajar la guardia y pasármelo bien. Estaba sumida en mis pensamiento cuando Pablo me preguntó:
- Y tú... ¿ De dónde viene? Quiero decir, dijiste que eras extranjera.
Tragué saliva.
- Bueno... yo, la verdad...Yo... Vengo de un pueblo cercano a un río enterrado entre colinas... ¿ Lo conocéis ?
Mentí y comencé a ponerme nerviosa. No podía decirles de dónde venía realmente, mi pasado oscuro debía quedarse enterrado en mi memoria.
- " ¿Cuánto tiempo vas a estar mintiendo a los que te rodean... mintiéndote a ti misma?"
- Cállate... - Susurré.
- ¡ Bueno ! A mi realmente me suena, creo que es dónde se hacen las carreras de canoas. ¿ No es cierto Chusa? - Comentó Isaac.
- Sí... algo así tengo oído. Creo que además de esas carreras, anualmente se celebra una competición de pesca.
Sonreí a todo el grupo y pasé una mirada por encima. Pablo me miraba muy seriamente, sin decir nada. Cuándo le miré a los ojos, éste desvió su mirada. Me preocupé.
- ¡ Oye ! No es por nada, pero chica, tu vestido está algo sucio y demacrado; yo hoy iba a ir de compras con una amiga, pero a última hora me dejó plantada. ¿ Te apetece ir conmigo ? - Preguntó Chusa.
- Claro... ¿ Por qué no? - Sonreí.
- ¡ Eh eh ! Yo también quiero ir... - Gritó Pablo, su sonrisa había vuelto.
- Aaaah no, sólo chicas. - le espetó Chusa guiñándome un ojo.
Todo el grupo comenzó a reir y Pablo se sonrojo levemente, aun que también acabó riéndose. Chusa se levantó y me cogió por el brazo, levantándome con ella. Se despidió junto conmigo de todo el grupo y salimos a la carrera a la calle. Cuándo estuvimos fuera, Chusa me miró de arriba a abajo y dijo:
- Un estilo campero quizás te quede bien. Sígueme, conozco un lugar dónde comprar ropa preciosa y barata.
Me condujo a lo largo de la calle hasta detenernos enfrente de una tienda que se llamaba: "La pequeña". Me resultó extraño y emocionante entrar en una tienda que su título no fuera D&G ni Mango. Entramos y perdí de vista a Chusa, ésta iba saltando de camiseta en camiseta, de pantalón en pantalón sin cesar. Me uní a ella y acabé con los brazos llenos de perchas, de las cuales colgaban numerosas prendas de ropa de todo tipo. Chusa me empujó al interior de un vestuario y me ordenó que me lo probase todo.
- Yo también voy a probarme unas cosas, ¡cuándo tengas algo puesto avísame y te aconsejaré!
- Es...Es...Está bien... - Tartamudeé al colocar, agarrada con las manos, una minifalda delante de la cara. - ¿No será ropa muy provocativa?
- No, en absoluto. Tu ponte la ropa y luego hablamos. - se rió por lo bajo.
A decir verdad, este nuevo tipo de ropa me sentaba mejor que los caros vestido y trajes de los que contaba en mi anterior casa. Al final, ni Chusa ni yo pudimos elegir y nos lo llevamos todo. En total fueron 10 camisetas , 3 faldas y 5 pantalones. Suspiré al ver que el dinero que llevaba había desaparecido.
- " Tendrás que trabajar". - Apuntó Ruusu.
- No me digas... - Alcé la voz.
- ¿ Qué ? - Chusa me miraba con cara de estupefacción.
- Ah... nada nada. - Agité una mano delante de la cara e hice un gesto de indiferencia.
- ¿ Dónde vas a dormir? Por que si no tienes cama, puedes venir conmigo.
- Eres muy amable, pero... Ya tengo dónde dormir, muchas gracias.
En ese momento pensé en Athiel y me mordí la lengua. No podía huir de mis problemas, así que volvería a "La Gautrais" y hablaría del tema con Athiel. Me despedí de Chusa dándole las gracias por una tarde inolvidable y me coloqué enfrente del pequeño portal de la casa. El sol se estaba poniendo y proporcionaba unas sombras tenebrosas a la casa. Pude observar a Vanesa aparcada en el garaje. Suspiré y abrí el portal. Anduve el pequeño camino de gravilla y me coloqué enfrente de la puerta. Iba a petar cuándo Athiel me abrió la puerta, quedándose allí, impasible con los ojos rojos e hinchados de llorar.
- Pasa... - me dijo cogiéndome las bolsas de la compra.
- Gracias...
- Y tú... ¿ De dónde viene? Quiero decir, dijiste que eras extranjera.
Tragué saliva.
- Bueno... yo, la verdad...Yo... Vengo de un pueblo cercano a un río enterrado entre colinas... ¿ Lo conocéis ?
Mentí y comencé a ponerme nerviosa. No podía decirles de dónde venía realmente, mi pasado oscuro debía quedarse enterrado en mi memoria.
- " ¿Cuánto tiempo vas a estar mintiendo a los que te rodean... mintiéndote a ti misma?"
- Cállate... - Susurré.
- ¡ Bueno ! A mi realmente me suena, creo que es dónde se hacen las carreras de canoas. ¿ No es cierto Chusa? - Comentó Isaac.
- Sí... algo así tengo oído. Creo que además de esas carreras, anualmente se celebra una competición de pesca.
Sonreí a todo el grupo y pasé una mirada por encima. Pablo me miraba muy seriamente, sin decir nada. Cuándo le miré a los ojos, éste desvió su mirada. Me preocupé.
- ¡ Oye ! No es por nada, pero chica, tu vestido está algo sucio y demacrado; yo hoy iba a ir de compras con una amiga, pero a última hora me dejó plantada. ¿ Te apetece ir conmigo ? - Preguntó Chusa.
- Claro... ¿ Por qué no? - Sonreí.
- ¡ Eh eh ! Yo también quiero ir... - Gritó Pablo, su sonrisa había vuelto.
- Aaaah no, sólo chicas. - le espetó Chusa guiñándome un ojo.
Todo el grupo comenzó a reir y Pablo se sonrojo levemente, aun que también acabó riéndose. Chusa se levantó y me cogió por el brazo, levantándome con ella. Se despidió junto conmigo de todo el grupo y salimos a la carrera a la calle. Cuándo estuvimos fuera, Chusa me miró de arriba a abajo y dijo:
- Un estilo campero quizás te quede bien. Sígueme, conozco un lugar dónde comprar ropa preciosa y barata.
Me condujo a lo largo de la calle hasta detenernos enfrente de una tienda que se llamaba: "La pequeña". Me resultó extraño y emocionante entrar en una tienda que su título no fuera D&G ni Mango. Entramos y perdí de vista a Chusa, ésta iba saltando de camiseta en camiseta, de pantalón en pantalón sin cesar. Me uní a ella y acabé con los brazos llenos de perchas, de las cuales colgaban numerosas prendas de ropa de todo tipo. Chusa me empujó al interior de un vestuario y me ordenó que me lo probase todo.
- Yo también voy a probarme unas cosas, ¡cuándo tengas algo puesto avísame y te aconsejaré!
- Es...Es...Está bien... - Tartamudeé al colocar, agarrada con las manos, una minifalda delante de la cara. - ¿No será ropa muy provocativa?
- No, en absoluto. Tu ponte la ropa y luego hablamos. - se rió por lo bajo.
A decir verdad, este nuevo tipo de ropa me sentaba mejor que los caros vestido y trajes de los que contaba en mi anterior casa. Al final, ni Chusa ni yo pudimos elegir y nos lo llevamos todo. En total fueron 10 camisetas , 3 faldas y 5 pantalones. Suspiré al ver que el dinero que llevaba había desaparecido.
- " Tendrás que trabajar". - Apuntó Ruusu.
- No me digas... - Alcé la voz.
- ¿ Qué ? - Chusa me miraba con cara de estupefacción.
- Ah... nada nada. - Agité una mano delante de la cara e hice un gesto de indiferencia.
- ¿ Dónde vas a dormir? Por que si no tienes cama, puedes venir conmigo.
- Eres muy amable, pero... Ya tengo dónde dormir, muchas gracias.
En ese momento pensé en Athiel y me mordí la lengua. No podía huir de mis problemas, así que volvería a "La Gautrais" y hablaría del tema con Athiel. Me despedí de Chusa dándole las gracias por una tarde inolvidable y me coloqué enfrente del pequeño portal de la casa. El sol se estaba poniendo y proporcionaba unas sombras tenebrosas a la casa. Pude observar a Vanesa aparcada en el garaje. Suspiré y abrí el portal. Anduve el pequeño camino de gravilla y me coloqué enfrente de la puerta. Iba a petar cuándo Athiel me abrió la puerta, quedándose allí, impasible con los ojos rojos e hinchados de llorar.
- Pasa... - me dijo cogiéndome las bolsas de la compra.
- Gracias...
miércoles, 12 de octubre de 2011
Sorpresa.
Me encaminé al pequeño camino que conducía a la carretera general. Miré hacía atrás, Athiel estaba observándome desde la puerta, hizo amago de querer detenerme, pero no le dí tiempo. Continué mi camino.
Ruusu no dejaba de acosarme a preguntas sobre el por qué de mi huida. Me sentí recelosa. ¿ Acaso tenía que compartirlo todo con ella? No... ¿ No había ningún modo de librarse de una voz que se encuentra en tu cabeza? Sentí un escalofrío, pero no me detuve. Cuándo salí a la carretera general, oí el ruido del motor de la moto y, temerosa de que intentase seguirme, corrí y me metí en el primer establecimiento que vi. Resultó ser un bar. A pesar de haber entrado tan bruscamente, nadie se percató de mi presencia. Lancé una mirada por encima de toda la gente que se encontraba allí y me fijé en que un chico, que se encontraba en un grupo de amigos, me estaba mirando. Éste me sonrió y se levantó, caminando hacía mi. Sus amigos no se percataron de su repentina desaparición.
- Eh... ¿ Te encuentras bien ? - Dijo cuando estuvo a mi lado.
- Perfectamente... Solo es que afuera hace mucho calor y me moría por encontrar sombra.- Mentí.
El torció la cabeza y puso una cara divertida, acto seguido ambos soltamos una pequeña risa.
- Estás loca.
- No eres el primero que me lo dice.
- Jajaja, bueno, me voy a presentar. Me llamo Pablo, y vivo aquí desde que soy pequeño, tengo 17 años.
- ¡ Cuántos datos! No tenías por que decirme tanto. - Dije. Me sorprendió la manera en que se encogió de brazos. - Mi nombre es... Johana. Soy extrajera y tengo 15 años.
Le sonreí y mi sonrisa fue correspondida. Su sonrisa era amplia y muy reconfortante. Tenía los ojos de color negro y rasgados, su pelo era oscuro y lucía un peinado que desafiaba las leyes de la gravedad. Era muy alto y corpulento. Iba vestido con vaqueros ajustados de color negro y una camiseta de marca. En la mano llevaba una bolsa con golosinas.
- Ah... ¿ Quieres una ?
- ¡Vale!- Cuanta naturalidad tenía ese chico.
Me tendió una golosina y cuándo me la metí en la boca me agarró del brazo y me llevó a a junto sus amigos.
- Hola chicos, esta es Johana. Al parecer, no tiene planes, y es muy agradable. ¿ Qué decís ?
- ¡Que se quede! - Gritaron al unísono.
El grupo estaba formado por gente de todo tipo, aun que me fijé que solo había una chica, de pelo largo y castaño, ondulado y recogido en una coleta alta. Tenía los ojos color miel y grandes, muy bonitos. Era ligeramente baja y lucía un vestido de color azul marino, a juego con unas sandalias. Pregunté cómo se llamaba y me contestó que Chusa. A su derecha se encontraban dos chicos que no dejaban de pelearse: uno de ellos tenía la piel muy morena, era de mi estatura, de apariencia atlética. Tenía el pelo corto, igual que sus ojos, el color era oscuro. Vestía de forma Casual y se llamaba Sergi. El chico con el que peleaba era muy alto, ancho y muy fuerte. El pelo y los ojos era de color oscuro, no lucía ningún peinado en especial. Vestía con unos vaqueros por las rodillas y una camiseta de color verde oscuro, se llamaba Isaac.
- Sois muy amables. - Apunté.
Todo el grupo me dedicó una sonrisa y acto seguido siguieron con sus charlas. Poco a poco gané confianza y me adapté a la forma de ser del grupo, pero no bajé la guardia. Sabía que Athiel podía interrumpir en cualquier momento.
- Oye Joha. - Me llamó Sergi. - Mañana cumplo años, ¿ Podrías venir a mi fiesta ? Lo pasaremos bien.
Me acordé de los planes que tenía con Athiel. Sonreí.
- Claro que puedo ir, hay estaré.
- ¿ Lo prometes ? - dijo Pablo levantando un meñique.
- Lo prometo. - Dije entre risas mientras juntaba mi meñique con el suyo.
- Ahora no podrás faltar de ninguna de las maneras, es una promesa de meñique.
El grupo me caía genial, y nuestra amistad prometía mucho, pero había algo en Pablo que me decía que en especial, nos íbamos a llevar muy bien.
Ruusu no dejaba de acosarme a preguntas sobre el por qué de mi huida. Me sentí recelosa. ¿ Acaso tenía que compartirlo todo con ella? No... ¿ No había ningún modo de librarse de una voz que se encuentra en tu cabeza? Sentí un escalofrío, pero no me detuve. Cuándo salí a la carretera general, oí el ruido del motor de la moto y, temerosa de que intentase seguirme, corrí y me metí en el primer establecimiento que vi. Resultó ser un bar. A pesar de haber entrado tan bruscamente, nadie se percató de mi presencia. Lancé una mirada por encima de toda la gente que se encontraba allí y me fijé en que un chico, que se encontraba en un grupo de amigos, me estaba mirando. Éste me sonrió y se levantó, caminando hacía mi. Sus amigos no se percataron de su repentina desaparición.
- Eh... ¿ Te encuentras bien ? - Dijo cuando estuvo a mi lado.
- Perfectamente... Solo es que afuera hace mucho calor y me moría por encontrar sombra.- Mentí.
El torció la cabeza y puso una cara divertida, acto seguido ambos soltamos una pequeña risa.
- Estás loca.
- No eres el primero que me lo dice.
- Jajaja, bueno, me voy a presentar. Me llamo Pablo, y vivo aquí desde que soy pequeño, tengo 17 años.
- ¡ Cuántos datos! No tenías por que decirme tanto. - Dije. Me sorprendió la manera en que se encogió de brazos. - Mi nombre es... Johana. Soy extrajera y tengo 15 años.
Le sonreí y mi sonrisa fue correspondida. Su sonrisa era amplia y muy reconfortante. Tenía los ojos de color negro y rasgados, su pelo era oscuro y lucía un peinado que desafiaba las leyes de la gravedad. Era muy alto y corpulento. Iba vestido con vaqueros ajustados de color negro y una camiseta de marca. En la mano llevaba una bolsa con golosinas.
- Ah... ¿ Quieres una ?
- ¡Vale!- Cuanta naturalidad tenía ese chico.
Me tendió una golosina y cuándo me la metí en la boca me agarró del brazo y me llevó a a junto sus amigos.
- Hola chicos, esta es Johana. Al parecer, no tiene planes, y es muy agradable. ¿ Qué decís ?
- ¡Que se quede! - Gritaron al unísono.
El grupo estaba formado por gente de todo tipo, aun que me fijé que solo había una chica, de pelo largo y castaño, ondulado y recogido en una coleta alta. Tenía los ojos color miel y grandes, muy bonitos. Era ligeramente baja y lucía un vestido de color azul marino, a juego con unas sandalias. Pregunté cómo se llamaba y me contestó que Chusa. A su derecha se encontraban dos chicos que no dejaban de pelearse: uno de ellos tenía la piel muy morena, era de mi estatura, de apariencia atlética. Tenía el pelo corto, igual que sus ojos, el color era oscuro. Vestía de forma Casual y se llamaba Sergi. El chico con el que peleaba era muy alto, ancho y muy fuerte. El pelo y los ojos era de color oscuro, no lucía ningún peinado en especial. Vestía con unos vaqueros por las rodillas y una camiseta de color verde oscuro, se llamaba Isaac.
- Sois muy amables. - Apunté.
Todo el grupo me dedicó una sonrisa y acto seguido siguieron con sus charlas. Poco a poco gané confianza y me adapté a la forma de ser del grupo, pero no bajé la guardia. Sabía que Athiel podía interrumpir en cualquier momento.
- Oye Joha. - Me llamó Sergi. - Mañana cumplo años, ¿ Podrías venir a mi fiesta ? Lo pasaremos bien.
Me acordé de los planes que tenía con Athiel. Sonreí.
- Claro que puedo ir, hay estaré.
- ¿ Lo prometes ? - dijo Pablo levantando un meñique.
- Lo prometo. - Dije entre risas mientras juntaba mi meñique con el suyo.
- Ahora no podrás faltar de ninguna de las maneras, es una promesa de meñique.
El grupo me caía genial, y nuestra amistad prometía mucho, pero había algo en Pablo que me decía que en especial, nos íbamos a llevar muy bien.
viernes, 7 de octubre de 2011
Problemas.
Cuándo Athiel escuchó ese nombre, pude ver como la vena del cuello se le hinchaba y como su cara adoptaba un color ligeramente rojizo. Me asusté cuando se levantó sin aviso y tiró todo el Kit de primeros auxilios al suelo de un golpe. Vi, sin poder moverme, como se llevaba las manos a la cabeza, daba una patada a la mesa del salón y subía a su habitación dando portazos. En el sofá, solo quedamos yo y recuerdos de Gregory que no dejaban de agolpárseme en la cabeza. Ésta me comenzó a doler y me acurruqué doblando las rodillas en el sofá. Me vencía el cansancio y me dejé llevar por este, hasta adoptar una posición tan cómoda que me dormí casi al instante. Tras varios minutos, me desperté cuándo noté una mano en mi hombro. Abrí poco a poco los ojos y él comenzó a hablar:
- Siento haberme puesto así. Al principio pensé que tal vez tú y yo podríamos tener algo, pero ya veo que es imposible, dado que amas a un recuerdo. ¿ De verdad piensas que él te estará pensando ?
La sola idea de imaginarme a Gregory con otra cosa me sacó de quicio.
- No hables así de él. Claro que estará esperando, el me ama... y yo a él.
- ¿ Estás segura de qué te ama como o más que yo ?
Abrí de par en par los ojos.
- No pongas esas cara, reconoce que ese tío no te estará esperando, y eso significa que no te quiere. Vamos, que para el eres un juguete más, una chica más... del montón. Es un desgraciado. Él no te ayudó cuándo lo necesitabas, y yo sin saber el motivo de tu huída, me aventuré y te ayudé. Yo puedo perdonar tu pasado, como si hubieras matado a alguien, me da igual. Él no será tan benevolente.
Noté la piel de gallina y un gran escalofrío recorrió mi espalda. Me retorcí ligeramente y respiré profundamente. Me levanté de golpe y le asenté una bofetada.
- ¡ No te atrevas a hablar así de él ! ¡ No juzgues a las personas sin conocerlas ! ¡ Nos amamos y no pretendas separarnos !
Me encaminé hacía mi habitación a grandes zancadas dejándole solo. Cogí mis botas y bajé las escaleras de 2 en 2. Abrí la puerta y salí. Él me agarró del brazo y yo lo sacudí.
- No me vuelvas a tocar... - Una voz profunda salió de mi.
El con una expresión de pánico retrocedió. Me encontraba blandiendo el cuchillo con el que había matado a mi madre. Le apuntaba a sus partes nobles.
- Ni te acerques.
Me dí media vuelta y me fuí, no sabía a dónde pero tenía que irme.
- Siento haberme puesto así. Al principio pensé que tal vez tú y yo podríamos tener algo, pero ya veo que es imposible, dado que amas a un recuerdo. ¿ De verdad piensas que él te estará pensando ?
La sola idea de imaginarme a Gregory con otra cosa me sacó de quicio.
- No hables así de él. Claro que estará esperando, el me ama... y yo a él.
- ¿ Estás segura de qué te ama como o más que yo ?
Abrí de par en par los ojos.
- No pongas esas cara, reconoce que ese tío no te estará esperando, y eso significa que no te quiere. Vamos, que para el eres un juguete más, una chica más... del montón. Es un desgraciado. Él no te ayudó cuándo lo necesitabas, y yo sin saber el motivo de tu huída, me aventuré y te ayudé. Yo puedo perdonar tu pasado, como si hubieras matado a alguien, me da igual. Él no será tan benevolente.
Noté la piel de gallina y un gran escalofrío recorrió mi espalda. Me retorcí ligeramente y respiré profundamente. Me levanté de golpe y le asenté una bofetada.
- ¡ No te atrevas a hablar así de él ! ¡ No juzgues a las personas sin conocerlas ! ¡ Nos amamos y no pretendas separarnos !
Me encaminé hacía mi habitación a grandes zancadas dejándole solo. Cogí mis botas y bajé las escaleras de 2 en 2. Abrí la puerta y salí. Él me agarró del brazo y yo lo sacudí.
- No me vuelvas a tocar... - Una voz profunda salió de mi.
El con una expresión de pánico retrocedió. Me encontraba blandiendo el cuchillo con el que había matado a mi madre. Le apuntaba a sus partes nobles.
- Ni te acerques.
Me dí media vuelta y me fuí, no sabía a dónde pero tenía que irme.
domingo, 2 de octubre de 2011
Conversación.
Cuándo comenzó a hablar, me puse nerviosa.
- Yo... Es que no sé cómo decirlo. - Se sonrojó.- El mero echo de que estés aquí conmigo significa tanto para mí. No sabría decirte todo lo que siento por ti... Aquella noche, me sentí el chico más estúpido del mundo, temí haberlo fastidiado todo contigo, pero no... Seguiste a mi lado.
- " Esto se pone interesante...." - apuntó Ruusu.
- Lo hice por que me invitaste a la fiesta, si no me hubiera ido.
- Entiendo... De todos modos, me alegró tanto ver que te quedabas conmigo, que no me importó volver a la ciudad... dónde nací...Dónde sufrí tanto. Cuándo te conocí, estaba encapando de esta ciudad, y volví solo por ti... Por la promesa que te hice.
- ... - No supe que decir en ese momento.
- Lo que me gustaría saber... ¿ Qué sientes tú por mí ?
- Mira Athiel, eres un chico maravilloso, que me está ayudando y eres muy amable, divertido y una persona en la que puedo confiar, pero hay... un problema. Dónde yo vivía... hay un chico, no mucho más grande que tú, tenéis un parecido muy peculiar... y bueno, yo me enamoré de él, y el de mí. Estábamos a punto de besarnos cuándo mi madre nos separó para siempre.
- Entiendo.- Noté como se indignaba.
- Lo siento... Pero aún le quiero.
- ¿ Cómo se llama ?
- Gregory Hitari.
- Yo... Es que no sé cómo decirlo. - Se sonrojó.- El mero echo de que estés aquí conmigo significa tanto para mí. No sabría decirte todo lo que siento por ti... Aquella noche, me sentí el chico más estúpido del mundo, temí haberlo fastidiado todo contigo, pero no... Seguiste a mi lado.
- " Esto se pone interesante...." - apuntó Ruusu.
- Lo hice por que me invitaste a la fiesta, si no me hubiera ido.
- Entiendo... De todos modos, me alegró tanto ver que te quedabas conmigo, que no me importó volver a la ciudad... dónde nací...Dónde sufrí tanto. Cuándo te conocí, estaba encapando de esta ciudad, y volví solo por ti... Por la promesa que te hice.
- ... - No supe que decir en ese momento.
- Lo que me gustaría saber... ¿ Qué sientes tú por mí ?
- Mira Athiel, eres un chico maravilloso, que me está ayudando y eres muy amable, divertido y una persona en la que puedo confiar, pero hay... un problema. Dónde yo vivía... hay un chico, no mucho más grande que tú, tenéis un parecido muy peculiar... y bueno, yo me enamoré de él, y el de mí. Estábamos a punto de besarnos cuándo mi madre nos separó para siempre.
- Entiendo.- Noté como se indignaba.
- Lo siento... Pero aún le quiero.
- ¿ Cómo se llama ?
- Gregory Hitari.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Limpieza.
Su gesto me resultó muy cómico. Le dí las gracias entre risas y me enganché en su brazo. El me condujo hasta la entraba, rústica, con una pequeña elevación a la que se debía acceder por unos peldaños de madera. Al subirlos, la madera crujía a causa de nuestro peso. La elevación conducía a un porche a modo de terraza dónde había un par de sillas y una mesa redonda de exterior. Todos los muebles de madera, con animales tallados. Los señalé y abrí la boca para hablar pero el me leyó el pensamiento.
- Los decoré yo, con una navaja que tengo desde hace mucho tiempo. Me la regaló mi mejor amigo en el orfanato.
Vi como su cara se oscurecía y cambié de tema preguntándole acerca de la puerta. Ésta era alta y de madera. Tenía una mosquitera infestada de insectos.
- Con el calor los mosquitos se reproducen mas rápidamente.
Le sonreí y el sacó una llave de su bolsillo. La introdujo y abrió las 2 capas de la gran puerta. Hizo un gesto para que pasara delante. Al entrar, me encontré la mítica casa country, con un toque rústico. Alfombras de piel de vaca adornaban el suelo, y tanto paredes, como suelo y muebles era de madera caoba. El decorado se basada en armas de fuego, fotos y algunas flores secas a causa de la falta de agua. Estaba echo un desastre, llenó todo de polvo y algunas cosas tiradas por el suelo. El se giró hacía mi y me sonrió. Comenzó a recoger cosas y yo le eché una mano quitando las flores marchitas. Acto seguido me pasó un paño y entre los 2 quitamos el viejo polvo que se había adueñado de la estancia. Cuándo terminamos, ambos nos sentamos en uno de lo sofás, delante de la tele, y encontré a Athiel muy nervioso. Jugueteaba con el paño entre las manos y lo arrugaba:
- Quiero ir despacio... pero me cuesta...
- ¿ Perdona ?
- Tú y yo... a eso me refiero. Me gustas mucho... y el otro día a la noche me pasé mucho...
- Ah... eso. No pienses en eso ahora, ya hablaremos más tarde. Fijo que no sólo el salón-comedor está sucio.
Él me miró y asintió. Me condujo a la cocina, dónde limpiamos y acto seguido al resto de la casa. Acabamos y fuimos a la habitación de invitados, dónde me dejó sola. Cuándo salió por la puerta y la cerró, lo primero que hice fue quitarme la bota. Estaba toda ensangrentada. Me quité el calcetín pegado a la herida a causa de la sangre y se me saltaron las lágrimas. No era muy profunda y se había secado la sangre, así pues, había dejado de sangrar. Cogí el cuchillo junto con el calcetín y metí ambos debajo del colchón. Me quite la otra bota y el otro calcetín para no llamar la atención y volví a junto Athiel, con la excusa en mente de que en el lago, como estaba todo oscuro, me había rascado con una piedra. Athiel nada más mirarme, me cogió en colo y me llevó al sofá, donde me hizo una cura y acto seguido me vendó el tobillo. El me miró a los ojos, y comenzó a hablar:
- Los decoré yo, con una navaja que tengo desde hace mucho tiempo. Me la regaló mi mejor amigo en el orfanato.
Vi como su cara se oscurecía y cambié de tema preguntándole acerca de la puerta. Ésta era alta y de madera. Tenía una mosquitera infestada de insectos.
- Con el calor los mosquitos se reproducen mas rápidamente.
Le sonreí y el sacó una llave de su bolsillo. La introdujo y abrió las 2 capas de la gran puerta. Hizo un gesto para que pasara delante. Al entrar, me encontré la mítica casa country, con un toque rústico. Alfombras de piel de vaca adornaban el suelo, y tanto paredes, como suelo y muebles era de madera caoba. El decorado se basada en armas de fuego, fotos y algunas flores secas a causa de la falta de agua. Estaba echo un desastre, llenó todo de polvo y algunas cosas tiradas por el suelo. El se giró hacía mi y me sonrió. Comenzó a recoger cosas y yo le eché una mano quitando las flores marchitas. Acto seguido me pasó un paño y entre los 2 quitamos el viejo polvo que se había adueñado de la estancia. Cuándo terminamos, ambos nos sentamos en uno de lo sofás, delante de la tele, y encontré a Athiel muy nervioso. Jugueteaba con el paño entre las manos y lo arrugaba:
- Quiero ir despacio... pero me cuesta...
- ¿ Perdona ?
- Tú y yo... a eso me refiero. Me gustas mucho... y el otro día a la noche me pasé mucho...
- Ah... eso. No pienses en eso ahora, ya hablaremos más tarde. Fijo que no sólo el salón-comedor está sucio.
Él me miró y asintió. Me condujo a la cocina, dónde limpiamos y acto seguido al resto de la casa. Acabamos y fuimos a la habitación de invitados, dónde me dejó sola. Cuándo salió por la puerta y la cerró, lo primero que hice fue quitarme la bota. Estaba toda ensangrentada. Me quité el calcetín pegado a la herida a causa de la sangre y se me saltaron las lágrimas. No era muy profunda y se había secado la sangre, así pues, había dejado de sangrar. Cogí el cuchillo junto con el calcetín y metí ambos debajo del colchón. Me quite la otra bota y el otro calcetín para no llamar la atención y volví a junto Athiel, con la excusa en mente de que en el lago, como estaba todo oscuro, me había rascado con una piedra. Athiel nada más mirarme, me cogió en colo y me llevó al sofá, donde me hizo una cura y acto seguido me vendó el tobillo. El me miró a los ojos, y comenzó a hablar:
sábado, 24 de septiembre de 2011
Ciudad
Tras ese cuarto de hora aproximado de Athiel llegamos a un puente. El chico, todo despeinado a causa del viento, frenó lentamente hasta llegar a una velocidad casi nula al borde del puente. Le miré y el señaló con la cabeza hacía delante. Posé mis ojos mas allá de su cara y , desde nuestra posición pude ver como una muralla, antigua, alargada y construida con grandes bloques de piedra, gastada a causa del tiempo y años a la intemperie. Algunos rasgos y marcas en la pared la delataron.
- " Debe ser románica... " - Pensé.
- "" Bingo "" - Apuntó Ruusu. - "" ¡ Qué bien se conserva ! ""
Suspiré y le pregunté a Athiel que escondían esas murallas.
- En este paraje dónde hace calor y pocas veces llueve, los edificios no pueden ser muy altos.
- ¿ Qué quieres decir ?
- Hemos llegado a la ciudad Aspir, aun que no te lo creas. - Se rió por lo bajo.
Asentí y me encogí de hombros. Sonreí. Él aceleró y se puso en marcha reducida para cruzar el gran puente, que por su aspecto, era de la misma época y arquitectura que la muralla. Cuándo estuvimos en el otro lado, pude ver que en el centro de aquel gran muro había un portón, grande. Con columnas de piedra a ambos lados de la puerta principal, que lucía bisagras de hierro pulido y puertas de madera nueva.
- " La debieron de restaurar hace poco... " - Me informó Ruusu.
Asentí débilmente y Athiel aceleró para cruzar el portón. Una vez dentro, el paisaje parecía de ensueño. Viejas y grandes casas se arremolinaban unas al lado de otras. A ambos lados de lo que parecía la carretera general, que era un camino ancho de gravilla. De este camino salían varias intersecciones que se adentraban en lo que parecían pequeños caminos que llevaban a uno por entre las casitas que allí se encontraban. La gente barría los porches, otros jugaban a las cartas, o otros simplemente se dedicaban a hacer compras o a pasar el rato y soportar el calor. Me quedé boquiabierta.
- No te dejes engañar, en el fondo esta ciudad tiene lo que sería la mejor tecnología y ropajes de por aquí. - Me comentó Athiel.
Cruzamos la calle principal hasta una intersección donde ponía: " La Gautrais" , un nombre en francés. Giró la moto y nos guió por esa intersección a velocidad mínima de nuevo, hasta el portal de madera tallada de una casa. La casa era grande, de tejado de ladrillo y paredes de madera. Lucía orgullosa un verde jardín con algunas zonas un tanto amarillentas. Algunos árboles frutales se dejaban ver tímidamente entre la alta hierba.
- Tengo que limpiarlo todo, llevo tiempo fuera. - Dijo Athiel bajándose de la moto para abrir el portal.
- Te ayudaré, es lo único que puedo hacer a cambio de lo que haces tú. - Respondí sonriendo.
Él torció el gesto, pero acabó asintiendo. Se volvió a montar y condujo hasta el garaje de piedra que se situaba en el borde de la finca. Nos adentramos en la oscura estancia y nos bajamos de la moto. Al bajar de la moto, note el frío metal del cuchillo rozarme la piel, acto seguido comencé a notar mojado por la zona que había pasado éste. Fruncí el ceño. Athiel se me había quedado mirando y yo sacudí la cara y le sonreí, diciéndole como excusa que mis botas estabas echas una porquería a causa del humo del camino. El se rió débilmente y me hizo un gesto para que me acercara. Lo hice y él extendió los brazos.
- ¡¡ Bienvenida a La Gautrais !!
- " Debe ser románica... " - Pensé.
- "" Bingo "" - Apuntó Ruusu. - "" ¡ Qué bien se conserva ! ""
Suspiré y le pregunté a Athiel que escondían esas murallas.
- En este paraje dónde hace calor y pocas veces llueve, los edificios no pueden ser muy altos.
- ¿ Qué quieres decir ?
- Hemos llegado a la ciudad Aspir, aun que no te lo creas. - Se rió por lo bajo.
Asentí y me encogí de hombros. Sonreí. Él aceleró y se puso en marcha reducida para cruzar el gran puente, que por su aspecto, era de la misma época y arquitectura que la muralla. Cuándo estuvimos en el otro lado, pude ver que en el centro de aquel gran muro había un portón, grande. Con columnas de piedra a ambos lados de la puerta principal, que lucía bisagras de hierro pulido y puertas de madera nueva.
- " La debieron de restaurar hace poco... " - Me informó Ruusu.
Asentí débilmente y Athiel aceleró para cruzar el portón. Una vez dentro, el paisaje parecía de ensueño. Viejas y grandes casas se arremolinaban unas al lado de otras. A ambos lados de lo que parecía la carretera general, que era un camino ancho de gravilla. De este camino salían varias intersecciones que se adentraban en lo que parecían pequeños caminos que llevaban a uno por entre las casitas que allí se encontraban. La gente barría los porches, otros jugaban a las cartas, o otros simplemente se dedicaban a hacer compras o a pasar el rato y soportar el calor. Me quedé boquiabierta.
- No te dejes engañar, en el fondo esta ciudad tiene lo que sería la mejor tecnología y ropajes de por aquí. - Me comentó Athiel.
Cruzamos la calle principal hasta una intersección donde ponía: " La Gautrais" , un nombre en francés. Giró la moto y nos guió por esa intersección a velocidad mínima de nuevo, hasta el portal de madera tallada de una casa. La casa era grande, de tejado de ladrillo y paredes de madera. Lucía orgullosa un verde jardín con algunas zonas un tanto amarillentas. Algunos árboles frutales se dejaban ver tímidamente entre la alta hierba.
- Tengo que limpiarlo todo, llevo tiempo fuera. - Dijo Athiel bajándose de la moto para abrir el portal.
- Te ayudaré, es lo único que puedo hacer a cambio de lo que haces tú. - Respondí sonriendo.
Él torció el gesto, pero acabó asintiendo. Se volvió a montar y condujo hasta el garaje de piedra que se situaba en el borde de la finca. Nos adentramos en la oscura estancia y nos bajamos de la moto. Al bajar de la moto, note el frío metal del cuchillo rozarme la piel, acto seguido comencé a notar mojado por la zona que había pasado éste. Fruncí el ceño. Athiel se me había quedado mirando y yo sacudí la cara y le sonreí, diciéndole como excusa que mis botas estabas echas una porquería a causa del humo del camino. El se rió débilmente y me hizo un gesto para que me acercara. Lo hice y él extendió los brazos.
- ¡¡ Bienvenida a La Gautrais !!
sábado, 3 de septiembre de 2011
Carretera
Terminamos poco en acabar lo que habíamos pedido. Miré a los ojos a Athiel. Me sonrió. Nos levantamos de los taburetes donde nos encontrábamos sentados y nos dirigimos a Vanesa. Despedí con un gesto de la cabeza a la camarera. El hombre que me había intentado agredir se quedó mirando a Athiel de arriba a abajo. Él lo miró con desprecio y levantó un puño.
- ¿ Quieres más, o qué ?
El hombre bajó la cabeza.
- ¿ Dónde aprendiste a defenderte así ?
Athiel bajó el puño y puso la mirada perdida. Su cara mostraba pena y nostalgia.
- Cuando tus padres te abandonan en un orfanato... Tienes que aprender a defenderte. O te comen, o los comes. Son así las reglas. Muchos de mis compañeros murieron por que otros les robaban el pan... pero no quedándose satisfechos les apuñalaban. Mira... Mi historia es muy triste... no te quiero aburrir.
Posé una mano es un hombro. De su ojo cayó una débil lágrima. Me puse delante de el y lo abracé.
- Continúa por favor...
- A cuantos niños inocentes asesiné yo... Aspir... - El falso nombre que le había dado. - Por un...mísero pedazo de pan... Pero estoy aquí. Ese tipo de cosas te convierten en una especia de monstruo que se sabe defender... Digamos que en un demonio.
Me quedé sin aliento. Le miré a los ojos. El me miró y sonrió débilmente. Se subió a Vanesa y me indicó que hiciera lo mismo.
- " ¿Ves? Necesitamos a alguien como él..."
No le hice caso a Ruusu y me senté detrás de él. Pregunté si quedaba mucho, a lo que me respondió que apenas un cuarto de hora. Suspiré aliviada. Nos pusimos en marcha. Aun quedaba mucha carretera por delante.
- ¿ Quieres más, o qué ?
El hombre bajó la cabeza.
- ¿ Dónde aprendiste a defenderte así ?
Athiel bajó el puño y puso la mirada perdida. Su cara mostraba pena y nostalgia.
- Cuando tus padres te abandonan en un orfanato... Tienes que aprender a defenderte. O te comen, o los comes. Son así las reglas. Muchos de mis compañeros murieron por que otros les robaban el pan... pero no quedándose satisfechos les apuñalaban. Mira... Mi historia es muy triste... no te quiero aburrir.
Posé una mano es un hombro. De su ojo cayó una débil lágrima. Me puse delante de el y lo abracé.
- Continúa por favor...
- A cuantos niños inocentes asesiné yo... Aspir... - El falso nombre que le había dado. - Por un...mísero pedazo de pan... Pero estoy aquí. Ese tipo de cosas te convierten en una especia de monstruo que se sabe defender... Digamos que en un demonio.
Me quedé sin aliento. Le miré a los ojos. El me miró y sonrió débilmente. Se subió a Vanesa y me indicó que hiciera lo mismo.
- " ¿Ves? Necesitamos a alguien como él..."
No le hice caso a Ruusu y me senté detrás de él. Pregunté si quedaba mucho, a lo que me respondió que apenas un cuarto de hora. Suspiré aliviada. Nos pusimos en marcha. Aun quedaba mucha carretera por delante.
jueves, 25 de agosto de 2011
Héroe.
Athiel estuvo conduciendo un buen trecho. Hicimos un pequeño descanso en una área de servicio cochambrosa y llena de camioneros que no dejaban de verme al culo. Fuimos a la cafetería y nos sentamos en la barra. Una mujer mal maquillada y ligeramente delgada de más nos atendió.
- Una cerveza y para ella...
- Un zumo de piña.
- Vale chicos, ahora vengo.- Su voz era ronca y hablaba sin quitarse el cigarrillo de la boca.
- Bueno princesa, ¿ Ahora vengo, está bien ?
- ¿ Qué vas a hacer ?
- Echarle gasolina a Vanesa. - Me respondió, Vanesa era como llamaba Athiel a su moto.
Algo ridículo, pero me había explicado que era su única compañera de viajes, y aun que le tomaran por loco, tenía que hablar con alguien. Solo recordarlo, hacía que sonriera de medio lado. Cuando Athiel salió fuera del establecimiento, me quedé sola en la barra, acompañada por aquellos hombres. La mujer llamada, como pude leer en su tarjeta , Almudena , me sirvió lo que habíamos pedido y me puso mala cara. Levantó un dedo y me informó.
- No es por meterte miedo belleza, pero todos los hombres aquí presentes quieren llevarse a una chica joven como tú al asiento de su camión... - Puso cara de asco. - No sé si me entiendes... Espero que no se fijen en ti.
- Ni en ti....
- De mi no te preocupes, al último que intentó algo conmigo, le rompí en la cabeza una jarra de café caliente.
- Dios mio... - A pesar de su aspecto, parecía bastante amigable.
Los hombres allí presentes no dejaban de mirarme de arriba a abajo. Me empecé a poner nerviosa.
- " Esos... me dan mala espina... " - Comentó Ruusu.
- Nooo...Solo son imaginaciones tuyas... - susurré.
- " No te vayas de lista conmigo... "
Recé por que Athiel volviera lo antes posible y abrí el zumo. Me lo serví y le di un sorbo. Noté pasos tras de mí y me giré para recibir y acusarle de hacerme esperar a Athiel, pero no me encontré con el, si no con un hombre alto, gordo, con barba descuidada y granos por toda la cara. Abrí de par en par los ojos.
- Hola nena, ¿ Qué tal si te vienes conmigo... a dar una vuelta ?
- No... yo... disculpe pero...
Yo, una chica que apenas había visto mundo, en aquella situación tan desagradable. Comencé a sudar en frío y me puse todavía más nerviosa. Empecé a respirar con dificultad al ver que la mano del hombre se acercaba a mi pierna.
- Jajaja... ¿ Qué le estás haciendo a mi chica ? . - Esa voz me sonaba. ¡ Athiel !
- Cuanto has tardado...
- Discúlpame, pero ahora tengo que ocuparme de cierta persona... - Dijo crujiendo los nudillos.
- " ¿ Ves ? Esto es un hombre de verdad "
El hombre gordo se le quedó mirando a la cara. Miré hacia uno y hacia el otro. Athiel tenía un aspecto amenazante y a la vez parecía muy fuerte. El hombre dio un paso hacia delante y Athiel le propinó un puñetazo en el estómago. El hombre se inclinó hacia delante del dolor y Athiel le dio una patada en la cabeza tumbándolo en el suelo. Este se retorcía de dolor mientras Athiel se dirigía a beber su cerveza. Me colgué de su brazo y apoyé la cabeza en su hombro. Le miré a la cara y el me dio un pico. Lo agradecí. Creo que me estaba enamorando de Athiel.
lunes, 15 de agosto de 2011
Camino.
Los primeros rayos de sol iluminaron mi cara. Con la claridad me desperté. Me erguí quedándome sentada, miré hacía los lados. Mi vista se quedó clavada en Athiel, era muy bello. Se encontraba boca arriba, con el brazo izquierdo apoyado en la nuca, a modo de almohada. Suspiró y yo esbocé una leve sonrisa. Se giró quedando de espaldas a mí. Me incliné hacía el y me puse a su lado, susurrando le deseé " bueno días ". El se giró y sonrió con cara de sueño. Se levantó de golpe. Quedando de cuclillas. Me miró y bostezó. Yo bajé la vista.
- Perdona por lo de ayer... Es que no me pude resistir.
- Ah eso... No te preocupes... Da igual.
- Qué maja.
Se levantó y me tendió su mano, la tomé y me ayudó a incorporarme. Quedé a escasos centímetros de su cara, sus ojos eran todavía mas sorprendentes de cerca, me quedé sin aliento, no por que me hubiera quedado sin aliento por el, si no por que me recordó a Gregory y a sus impresionantes ojos azul claro. Bajé la vista. El se dio cuenta de mi tristeza.
- Oye... Vente conmigo a una fiesta conmigo. Hoy... si mal no recuerdo...- Adoptó una forma muy cómica de reflexión.- Es el cumpleaños de un colega mío...
- Es que yo...
- Quiero arreglar lo de ayer, fui demasiado estúpido. Pero quiero que mañana nos encuentre la mañana abrazados como amigos... Por favor.
- Yo... bueno...
Él me miró con cara de pesadumbre y se arrodilló delante mía, cosa que detesto.
- No te pido nada más, solo que me acompañes como una amiga.
- Bueno... va...
- ¡ Perfecto !
Dio un salto poniéndose otra vez de pie, me guiñó un ojo y comenzó a recoger todo el desperdicio que habíamos dejado allí. Le ayudé, por lo que terminamos antes. Después cogí mis botas y escondí todo lo que pude el cuchillo, olía ligeramente a sangre.
- Mierda... - susurré lo más bajo que pude.
- " Reza para que no se dé cuenta "
- Buenos días a ti también Ruusu.
- ¿ Decías algo ? - Athiel se había quedado de pie enfrente mía con cara de póker.
- Ah...no no, tranquilo. ¿ Dónde es esa fiesta ?
- Bastante lejos de aquí, pero no te preocupes.
Caminó un par de metros y apartó unas hojas de un gran arbusto que había a los pies de la colina, donde nos encontrábamos, y algo brillo debajo de las ramas. Gesticuló para que me acercase y abrí los ojos de par en par. Una moto. ¿ Cómo no me había percatado antes ?
- Vivo bastante lejos, pero gastar gasolina merece la pena cuando puedes nadar en estas aguas... tan relajantes.
- Bueno sí...
Me sonrojé ligeramente al recordar que me había bañado desnuda. El se rió por lo bajo y negó con la cabeza.
- ¡No iban por ahí los tiros! - Rió a carcajadas.
Le miré enfurruñada y me reí con él. Con sus grandes y fuertes brazos quitó la moto de debajo del arbusto. Yo me dediqué a apartar las pequeñas hojas que se habían adueñado de ésta.
- Habrá que arrastrarla hasta el camino...
- No te preocupes, ya te ayudo yo.
- "¿ Tú ? Pero si ni siquiera puedes con una bicicleta... "
Suspiré y ayudé a Athiel a llevar la moto. Era una Harley Davidson de color negro, al estilo vintage. Lo que le daba un punto misterioso y elegante a Athiel. Abrió los compartimentos que llevaba atrás la moto y me indicó que metiese ahí la poca basura que llevábamos. Después me calcé mis botas, teniendo mucho cuidado con el cuchillo y, acto seguido, Athiel se sentó haciéndome un gesto para que me sentase detrás. Cuándo me senté arrancó rompiendo la calma de aquel lugar. Algunos pájaros alporizados emprendieron su vuelo para alejarse de aquel estruendo.
- ¡ Agárrate bien ! - Me gritó, intentándose hacer oír.
Me así a un cintura lo más fuerte que pude y aceleró. Una gran nube de polvo lo inundó todo y tosí.
- Jajajaja, ¡disculpa!
- " Esto va a ser divertido "
- Si... mucho... - Alcé el tono de voz. - ¿¡ A dónde vamos ?!
- ¡De compras! No te ofendas, pero dado que no tienes ropa a parte de ese vestido, prenda que está bastante llena de arena...
- Y que lo digas...
- Además vamos a una fiesta, hay que ponerse guapos, aun que... tu ya lo eres...
- Concéntrate en conducir... jajaja.
- Vale vale... jajajaja.
Así emprendimos el camino hacía lo que me suponía era la ciudad de Athiel. A pesar de todo, me sentía cómoda a su lado.
- "" Gregory... no tardaré lo prometo, iré a verte pronto. Cuando esté preparada... Hasta entonces... Te dejo mis sentimientos para que te protejan... "" -Pensé. // Frase dedicada a mi pareja Shirae. //
- " Sabes que no volverás... ¿ Verdad ?
- "" No te metas en mi vida . ""
- " No me meto en tu vida, soy parte de ella. "
Cada vez me caía peor. Odiaba a Ruusu.
- Perdona por lo de ayer... Es que no me pude resistir.
- Ah eso... No te preocupes... Da igual.
- Qué maja.
Se levantó y me tendió su mano, la tomé y me ayudó a incorporarme. Quedé a escasos centímetros de su cara, sus ojos eran todavía mas sorprendentes de cerca, me quedé sin aliento, no por que me hubiera quedado sin aliento por el, si no por que me recordó a Gregory y a sus impresionantes ojos azul claro. Bajé la vista. El se dio cuenta de mi tristeza.
- Oye... Vente conmigo a una fiesta conmigo. Hoy... si mal no recuerdo...- Adoptó una forma muy cómica de reflexión.- Es el cumpleaños de un colega mío...
- Es que yo...
- Quiero arreglar lo de ayer, fui demasiado estúpido. Pero quiero que mañana nos encuentre la mañana abrazados como amigos... Por favor.
- Yo... bueno...
Él me miró con cara de pesadumbre y se arrodilló delante mía, cosa que detesto.
- No te pido nada más, solo que me acompañes como una amiga.
- Bueno... va...
- ¡ Perfecto !
Dio un salto poniéndose otra vez de pie, me guiñó un ojo y comenzó a recoger todo el desperdicio que habíamos dejado allí. Le ayudé, por lo que terminamos antes. Después cogí mis botas y escondí todo lo que pude el cuchillo, olía ligeramente a sangre.
- Mierda... - susurré lo más bajo que pude.
- " Reza para que no se dé cuenta "
- Buenos días a ti también Ruusu.
- ¿ Decías algo ? - Athiel se había quedado de pie enfrente mía con cara de póker.
- Ah...no no, tranquilo. ¿ Dónde es esa fiesta ?
- Bastante lejos de aquí, pero no te preocupes.
Caminó un par de metros y apartó unas hojas de un gran arbusto que había a los pies de la colina, donde nos encontrábamos, y algo brillo debajo de las ramas. Gesticuló para que me acercase y abrí los ojos de par en par. Una moto. ¿ Cómo no me había percatado antes ?
- Vivo bastante lejos, pero gastar gasolina merece la pena cuando puedes nadar en estas aguas... tan relajantes.
- Bueno sí...
Me sonrojé ligeramente al recordar que me había bañado desnuda. El se rió por lo bajo y negó con la cabeza.
- ¡No iban por ahí los tiros! - Rió a carcajadas.
Le miré enfurruñada y me reí con él. Con sus grandes y fuertes brazos quitó la moto de debajo del arbusto. Yo me dediqué a apartar las pequeñas hojas que se habían adueñado de ésta.
- Habrá que arrastrarla hasta el camino...
- No te preocupes, ya te ayudo yo.
- "¿ Tú ? Pero si ni siquiera puedes con una bicicleta... "
Suspiré y ayudé a Athiel a llevar la moto. Era una Harley Davidson de color negro, al estilo vintage. Lo que le daba un punto misterioso y elegante a Athiel. Abrió los compartimentos que llevaba atrás la moto y me indicó que metiese ahí la poca basura que llevábamos. Después me calcé mis botas, teniendo mucho cuidado con el cuchillo y, acto seguido, Athiel se sentó haciéndome un gesto para que me sentase detrás. Cuándo me senté arrancó rompiendo la calma de aquel lugar. Algunos pájaros alporizados emprendieron su vuelo para alejarse de aquel estruendo.
- ¡ Agárrate bien ! - Me gritó, intentándose hacer oír.
Me así a un cintura lo más fuerte que pude y aceleró. Una gran nube de polvo lo inundó todo y tosí.
- Jajajaja, ¡disculpa!
- " Esto va a ser divertido "
- Si... mucho... - Alcé el tono de voz. - ¿¡ A dónde vamos ?!
- ¡De compras! No te ofendas, pero dado que no tienes ropa a parte de ese vestido, prenda que está bastante llena de arena...
- Y que lo digas...
- Además vamos a una fiesta, hay que ponerse guapos, aun que... tu ya lo eres...
- Concéntrate en conducir... jajaja.
- Vale vale... jajajaja.
Así emprendimos el camino hacía lo que me suponía era la ciudad de Athiel. A pesar de todo, me sentía cómoda a su lado.
- "" Gregory... no tardaré lo prometo, iré a verte pronto. Cuando esté preparada... Hasta entonces... Te dejo mis sentimientos para que te protejan... "" -Pensé. // Frase dedicada a mi pareja Shirae. //
- " Sabes que no volverás... ¿ Verdad ?
- "" No te metas en mi vida . ""
- " No me meto en tu vida, soy parte de ella. "
Cada vez me caía peor. Odiaba a Ruusu.
jueves, 11 de agosto de 2011
Yo... no sé que hacer.
Su mirada se volvió sombría y miró a la hoguera. Comenzamos a hablar de cosas alegres, para olvidarnos de asuntos pendiendes y tristes. Me hizo reír un par de veces y cada vez cogíamos más confianza el uno en el otro. Me acordé de Calthia y hundí la cabeza entre mis piernas y miré de reojo las botas, donde un pequeño destello me recordó que llevaba el cuchillo. Ese destello trajo a mi cabeza la imagen de mi madre muriéndose. Noté una mano en el hombro. Levanté la cabeza y allí estaba él, arrodillado delante de mí. Me miraba con ojos tiernos. Se incorporó y me estiro la mano, invitándome a hacer lo mismo. Estiré la mano y así la suya con fuerza. El me levantó y me sorprendí, el chico tenía fuerza. Athiel me condujo de la mano hasta que la hoguera ya no nos iluminaba, donde se podían apreciar bien las estrellas. Nos sentamos juntos, uno pegado al otro. Yo apoyé mi cabeza en su hombro. Él pasó un brazo por encima de mis hombros. Pasamos así mucho rato cuanto el se puso e cuclillas. Anduvo en esa posición hasta colocarse delante mía. Estiro los brazos posando sus manos en mis hombros y aplicó una leve fuerza, haciendo que cayese hacía atrás. Me tumbó y él se dejó caer encima mía. Su mano se posó en mi cadera y me susurró:
- ¿ Cres que no me dí cuenta de que te estabas bañando desnuda ?
Yo tragué saliva. Intentaba librarme de él, pero mi cuerpo no me respondía.
- "" ¡Ruusu! ¡Déjame moverme! ¡ Yo amo a Gregoryyyy !""
- " Ah no muñeca, esa vida terminó, tenemos que empezar una nueva, Aspir."
- "" Pero yo... ""
- " Deja que yo me ocupe de esto, solo relájate."
- "" Yo... no sé que hacer...""
Los labios de Athiel entraron en contacto con los míos. Mi cuerpo controlado por Ruusu rodeó con los brazos el cuello de Athiel y acto seguido dobló las piernas por las rodillas, boca arriba. Las manos de Athiel subieron el vestido hasta el ombligo sin apartar sus labios. Yo lloraba y suplicaba por dentro que Ruusu parase. En un arrebato de pasión, Athiel levantó mi cuerpo hasta hacer que se quedase sentado, de manera que me quito el vestido. Abrió los ojos de par en par y posó sus manos en mi pecho. Acto seguido metió por dentro de mi ropa interior los pulgares y los deslizó hacía atrás encontrando así el enganche de éstos. Me desabrochó el sujetador y se me tiro encima de nuevo. A mi cabeza vino la imagen de Gregory a punto de besarme.Yo, casi de una manera esperanzada, intenté resistirme y mover mi cuerpo, para mi sorpresa, pude desplazar el brazo izquierdo.
- "" Esto va por ti. ""
Sacando fuerzas de todos los lugares de mi cuerpo, logré controlarlo de nuevo. Abrí los ojos cuando Athiel estaba desabrochándose los pantalones. Posé una mano sobre su cuello y con la otra me cubrí.
- Mira... no sé por que he dejado que esto fuera tan lejos... Él caso es que eres un desconocido para mí, no puedo permitirme el lujo de acostarme con alguien que no conozco... Compréndelo.
Se me quedó mirando en fite y levantó las manos en señal de retirada.
- Culpa mía, me dejé llevar por mis instintos, tienes razón, mejor dejar pasar un tiempo. ¿ No ?
- Sí... Gracias por entenderlo.- Esto no podía ser tan perfecto.
El se levantó y me tendió mi vestido. Me vestí rápidamente y lo seguí hasta la pequeña hoguera, reducida ya a brasas. Nos acostamos juntos pero manteniendo una distancia. Me quedé dormida. Noté que Ruusu me hablaba en sueños.
- " ¿ Por que has parado ? "
- "" Por que yo amo a Gregory. ""
- "Vaya tontería, este es atrevido, extrovertido y todas esas cosas que nos viene bien ahora para actuar."
- ""...""
- " Además de que parece conocer esta zona..."
- "" Cállate y déjame dormir.""
Noté la unión con Ruusu muy lejana y me acurruqué en la arena, esa noche dormiría al raso con un desconocido que ha estado a punto de violarme, genial, el plan perfecto. Para asegurarme, alargué la mano y acerqué las botas.
- "" Si intenta algo, lo mato"" - Me reí por lo bajo.
¿ Quien eres ?
Mi cuerpo siguió caminando durante tanto tiempo, que ya no me acuerdo. Solo tengo el leve recuerdo de ir despedazando la rosa hasta quedarme solo con las espinas.
- Toda rosa tiene sus espinas... - dije.
Caminé incansablemente hasta que cayó la noche. Me paré por primera vez en mi travesía. Miré hacía los lados y observo asombrada el paisaje. Ruusu me había llevado hasta un pequeño río hundido entre dos colinas. Salí del camino y bajé la colina correspondiente a mi lado del río. Al bajar me descalcé, el tacto de la arena ,que hacía de aquel lugar una pequeña playa, me relajó. Hundí los dedos de los pies en la arena y dejé que la ligera brisa nocturna acariciase mi cara. Se movió, perezosamente, mi largo cabello. Miré al agua. En el reflejo destacaba la luna. Era como un rayo de luz entre las oscuras aguas. Caminé hacia ellas. Tan tranquilas. Dejé caer las botas de mi mano y me desplacé hasta donde comenzaba el agua. En una pequeña onda, mis pies se mojaron. Emití un ligero grito ahogado, estaba muy fría. No me importó. Con ambas manos me quité mi vestido morado y lo lancé lo mas lejos del agua que pude. Acto seguido mi ropa interior, quedándome desnuda frente al río. Comencé a dar pasos y a notar las ondas romper contra mi cuerpo, a medida que el agua cubría mi cuerpo. Cuando cubría bastante, me hundí lentamente en el agua. Debajo del agua abrí los ojos, todo oscuro. Los volví a cerrar y los abrí una segunda vez. Está vez grité bajo el agua y salí corriendo de esta. Allí... en las profundidades del frío río había algo, que se había movido hacía mí.
- Aquí no hay nadie... aquí no hay nadie... - me repetí a mi misma.
Con paso ligero y sin dejar de mirar hacía atrás me vestí, mojando toda mi ropa. Cuando me dispuse a subir la colina noté pasos tras de mi. Me giré. Había una figura que salía del agua lentamente y me hacía señas y me hablaba, casi no podía oír nada.
- ¡ Eh ! ¡Lo siento, no quería asustarte! - Pude deducir que me decía aquel ser.
Cogí el cuchillo de la bota.
- ¡ NO TE ACERQUES !
- " Tranquilízate y observa de cerca "
Bajé el cuchillo al ver el rostro de aquel ser bajo la luz de la luna. Era un chico. Tenía el torso desnudo y unos pantalones de color oscuro empapados. Lo poco que pude distinguir de su cara me gustó. Una nariz perfilada con unos labios finos, unos ojos grandes, pero no pude distinguir el color, y su pelo alborotado y mojado.
- Lo siento, no debí asustarte, tampoco era mi intención. - Se rió por lo bajo.
- ...
- Oye, lo siento. ¿ Vale ? ¿ No vas a decir nada ?
- " Deja de poner esos ojos y contéstale... "
- Ah si... no pasa nada, tranquilo. - Esbocé una falsa sonrisa.
- "" ¿Por que me trajiste aquí? "" - Ese pensamiento iba dirigido a Ruusu, no contestó.
- Eso esta mejor, por cierto, bonita voz, seguro que cantas bien.
- Eh... gracias...
- Deja que te recompense por haberte asustado, no muy lejos de aquí tengo mi camiseta y algo de comer. ¿ Te vienes ?
- Si. - Yo no pensaba ir, ¿por que Ruusu se empeñaba en que fuera con aquel desconocido...? No entendía nada.
- Bien, pues sígueme. No te separes mucho, no vaya ser que te pierdas.
- Tranquilo, me oriento bien en la noche. - dije caminando hacía el.
- Bueno, eso está bien saberlo. Así distinguirás a las serpientes que se esconden entre las rocas de las algas.
Me puse pálida y apreté el paso poniendo a su lado.
- Jajaja. Solo era una excusa para poder verte de cerca.
Le miré con cara furtiva, pero enseguida se me pasó el enfado y me reí con el. No llevábamos mucho tiempo caminando cuando divisé a lo lejos una pequeña hoguera.
- ¿ Es allí ? - Pregunté rompiendo el gélido silencio que se había interpuesto entre nosotros.
- Si... no es mucho, pero algo para llevarse a la boca hay.
- Je... no te preocupes, está bien.
Cuando llegamos lo primero que hice fue sentarme en la arena al lado de la hoguera. Temblaba ligeramente. Él se dio cuenta y me puso por los hombros su camiseta.
- ¿ Tú no tienes frío... ?
- No tranquila, está bien así.
Él rebuscó en su mochila sacando una bolsa de patatillas. Me miró con cara divertida encogiéndose de hombros. Yo le respondí con una sonrisa. Se sentó enfrente mía dejando a la pequeña hoguera de por medio.
- Ahora que te veo bien, te diré que eres preciosa.
- Y yo que tienes unos ojos muy bonitos.
Ahora que los podía ver, pude distinguir su color. Verdes oscuros, muy oscuros, casi negros. Me dirigió una mirada vizca y me reí por lo bajo. Me tendió la bolsa. Cogí un par de patatillas y las dirigí a mi boca. Le devolví la bolsa y cuando el la cogió me preguntó:
- Bueno... Empecemos: 1º ¿ Que hacías en el río a estas horas ? 2º ¿ Quién eres... ?
- Vale, 1º Yo intentar olvidar, ¿ y tú ? 2º Soy Jo... Aspir, me llamo Aspir.
- Que nombre mas raro, pero es bonito. Yo soy Athiel y supongo... que también intentaba olvidar.
- Toda rosa tiene sus espinas... - dije.
Caminé incansablemente hasta que cayó la noche. Me paré por primera vez en mi travesía. Miré hacía los lados y observo asombrada el paisaje. Ruusu me había llevado hasta un pequeño río hundido entre dos colinas. Salí del camino y bajé la colina correspondiente a mi lado del río. Al bajar me descalcé, el tacto de la arena ,que hacía de aquel lugar una pequeña playa, me relajó. Hundí los dedos de los pies en la arena y dejé que la ligera brisa nocturna acariciase mi cara. Se movió, perezosamente, mi largo cabello. Miré al agua. En el reflejo destacaba la luna. Era como un rayo de luz entre las oscuras aguas. Caminé hacia ellas. Tan tranquilas. Dejé caer las botas de mi mano y me desplacé hasta donde comenzaba el agua. En una pequeña onda, mis pies se mojaron. Emití un ligero grito ahogado, estaba muy fría. No me importó. Con ambas manos me quité mi vestido morado y lo lancé lo mas lejos del agua que pude. Acto seguido mi ropa interior, quedándome desnuda frente al río. Comencé a dar pasos y a notar las ondas romper contra mi cuerpo, a medida que el agua cubría mi cuerpo. Cuando cubría bastante, me hundí lentamente en el agua. Debajo del agua abrí los ojos, todo oscuro. Los volví a cerrar y los abrí una segunda vez. Está vez grité bajo el agua y salí corriendo de esta. Allí... en las profundidades del frío río había algo, que se había movido hacía mí.
- Aquí no hay nadie... aquí no hay nadie... - me repetí a mi misma.
Con paso ligero y sin dejar de mirar hacía atrás me vestí, mojando toda mi ropa. Cuando me dispuse a subir la colina noté pasos tras de mi. Me giré. Había una figura que salía del agua lentamente y me hacía señas y me hablaba, casi no podía oír nada.
- ¡ Eh ! ¡Lo siento, no quería asustarte! - Pude deducir que me decía aquel ser.
Cogí el cuchillo de la bota.
- ¡ NO TE ACERQUES !
- " Tranquilízate y observa de cerca "
Bajé el cuchillo al ver el rostro de aquel ser bajo la luz de la luna. Era un chico. Tenía el torso desnudo y unos pantalones de color oscuro empapados. Lo poco que pude distinguir de su cara me gustó. Una nariz perfilada con unos labios finos, unos ojos grandes, pero no pude distinguir el color, y su pelo alborotado y mojado.
- Lo siento, no debí asustarte, tampoco era mi intención. - Se rió por lo bajo.
- ...
- Oye, lo siento. ¿ Vale ? ¿ No vas a decir nada ?
- " Deja de poner esos ojos y contéstale... "
- Ah si... no pasa nada, tranquilo. - Esbocé una falsa sonrisa.
- "" ¿Por que me trajiste aquí? "" - Ese pensamiento iba dirigido a Ruusu, no contestó.
- Eso esta mejor, por cierto, bonita voz, seguro que cantas bien.
- Eh... gracias...
- Deja que te recompense por haberte asustado, no muy lejos de aquí tengo mi camiseta y algo de comer. ¿ Te vienes ?
- Si. - Yo no pensaba ir, ¿por que Ruusu se empeñaba en que fuera con aquel desconocido...? No entendía nada.
- Bien, pues sígueme. No te separes mucho, no vaya ser que te pierdas.
- Tranquilo, me oriento bien en la noche. - dije caminando hacía el.
- Bueno, eso está bien saberlo. Así distinguirás a las serpientes que se esconden entre las rocas de las algas.
Me puse pálida y apreté el paso poniendo a su lado.
- Jajaja. Solo era una excusa para poder verte de cerca.
Le miré con cara furtiva, pero enseguida se me pasó el enfado y me reí con el. No llevábamos mucho tiempo caminando cuando divisé a lo lejos una pequeña hoguera.
- ¿ Es allí ? - Pregunté rompiendo el gélido silencio que se había interpuesto entre nosotros.
- Si... no es mucho, pero algo para llevarse a la boca hay.
- Je... no te preocupes, está bien.
Cuando llegamos lo primero que hice fue sentarme en la arena al lado de la hoguera. Temblaba ligeramente. Él se dio cuenta y me puso por los hombros su camiseta.
- ¿ Tú no tienes frío... ?
- No tranquila, está bien así.
Él rebuscó en su mochila sacando una bolsa de patatillas. Me miró con cara divertida encogiéndose de hombros. Yo le respondí con una sonrisa. Se sentó enfrente mía dejando a la pequeña hoguera de por medio.
- Ahora que te veo bien, te diré que eres preciosa.
- Y yo que tienes unos ojos muy bonitos.
Ahora que los podía ver, pude distinguir su color. Verdes oscuros, muy oscuros, casi negros. Me dirigió una mirada vizca y me reí por lo bajo. Me tendió la bolsa. Cogí un par de patatillas y las dirigí a mi boca. Le devolví la bolsa y cuando el la cogió me preguntó:
- Bueno... Empecemos: 1º ¿ Que hacías en el río a estas horas ? 2º ¿ Quién eres... ?
- Vale, 1º Yo intentar olvidar, ¿ y tú ? 2º Soy Jo... Aspir, me llamo Aspir.
- Que nombre mas raro, pero es bonito. Yo soy Athiel y supongo... que también intentaba olvidar.
lunes, 8 de agosto de 2011
Libertad.
Cuando Ruusu terminó de pronunciar esas palabras, me dejé caer hacia atrás y encontré el apoyo de una pared. Me llevé la mano a la cara y me manché de sangre. Quise gritar pero carecía de voz en ese momento. Noté distante la conexión de Ruusu y me sentí aliviada. Ella lo había echo, intentando ahora disuadirme de que lo había echo yo, por mis propios medios. La odié con tanta fuerza que volví a notar la unión muy cercana.
- Vete... - susurré. - Vete y no vuelvas...
- " No puedo irme, soy parte de ti. Tu odio me alimenta y hace que crezca. Por cierto... ¿ Pretendes quedarte aquí para cuando Cole vuelva ? "
- Mierda, Cole.
Sacudí la cabeza y me dispuse a echar a correr hacía la puerta trasera de la cocina.
- "¡ Espera !" - Gritó.- " Coge el guante que hicimos y quita el cuchillo del cuello de tu madre. "
- No puedo hacerlo...
- " ¡ Hazlo ! "
- ¿ Por que debería de hacerte caso ?
- " Por que soy lo único que te queda, amiga mía. "
Se me nubló la vista, comencé a temblar, noté un nudo en la boca del estómago e hice amago de querer llorar. Pero me resistí, basta de llorar. Obedecí. Agarré el guante de mi bota y me lo puse. Acto seguido quité el cuchillo del cuello de mi madre. No pude evitarlo y le miré a los ojos. Estaban abiertos, se había muerto mirándome. Pero no era una mirada cualquiera, era esa mirada. Esa mirada que apenas un par de horas me había aterrorizado.
- Ya no me das miedo...
Me levanté y eché a correr lo más rápido que pude. Noté tras de mi los pasos de Cole y en seguida la escuché gritar. Esbocé una cruel sonrisa mientras atravesaba la puerta trasera de la cocina. Al salir, una fría brisa me acarició la cara. Miré hacía el oscuro cielo, la luna llena estaba ligeramente teñida de rojo, muy pálido.
- " La luna te delata, esta noche se ha vertido sangre. "
- No digas tonterías.
Envolví el cuchillo en el guante y lo metí en la bota. Al meter la mano para guardarlo todo, noté una textura rara. Agarré aquel objeto y tiré de el hacía arriba. Mi cartera.
- " Cuando te metí el guante en la bota, pensé que nos haría falta. "
- Nos vamos Ruusu.
Anduve rápido por el camino del jardín hasta el portal. Lo abrí y salí fuera. En el portal tenemos un par de grandes rosales. Alargué la mano y así una rosa rosa oscura. La arranqué y emprendí mi camino canturreando una canción, para ser más exactos: Soledad sobre mí, de Musicalité. A cada paso que daba me sentía cada vez mas liberada, libre. Olí la rosa y le arranqué un pétalo.
- Adiós Johanna... Hasta otra niñita buena.
- "..."
- Bienvenida a tu nueva vida Ruusu.
Me reí estruendosamente. Agarré con fuerza la rosa y me pinché. Miré mi sangre resbalar por mi mano, era la mano de una asesina al fin y al cabo. No sentí dolor. Volví a agarrar con fuerza la rosa y seguí caminando, entonando mi canción.
- Vete... - susurré. - Vete y no vuelvas...
- " No puedo irme, soy parte de ti. Tu odio me alimenta y hace que crezca. Por cierto... ¿ Pretendes quedarte aquí para cuando Cole vuelva ? "
- Mierda, Cole.
Sacudí la cabeza y me dispuse a echar a correr hacía la puerta trasera de la cocina.
- "¡ Espera !" - Gritó.- " Coge el guante que hicimos y quita el cuchillo del cuello de tu madre. "
- No puedo hacerlo...
- " ¡ Hazlo ! "
- ¿ Por que debería de hacerte caso ?
- " Por que soy lo único que te queda, amiga mía. "
Se me nubló la vista, comencé a temblar, noté un nudo en la boca del estómago e hice amago de querer llorar. Pero me resistí, basta de llorar. Obedecí. Agarré el guante de mi bota y me lo puse. Acto seguido quité el cuchillo del cuello de mi madre. No pude evitarlo y le miré a los ojos. Estaban abiertos, se había muerto mirándome. Pero no era una mirada cualquiera, era esa mirada. Esa mirada que apenas un par de horas me había aterrorizado.
- Ya no me das miedo...
Me levanté y eché a correr lo más rápido que pude. Noté tras de mi los pasos de Cole y en seguida la escuché gritar. Esbocé una cruel sonrisa mientras atravesaba la puerta trasera de la cocina. Al salir, una fría brisa me acarició la cara. Miré hacía el oscuro cielo, la luna llena estaba ligeramente teñida de rojo, muy pálido.
- " La luna te delata, esta noche se ha vertido sangre. "
- No digas tonterías.
Envolví el cuchillo en el guante y lo metí en la bota. Al meter la mano para guardarlo todo, noté una textura rara. Agarré aquel objeto y tiré de el hacía arriba. Mi cartera.
- " Cuando te metí el guante en la bota, pensé que nos haría falta. "
- Nos vamos Ruusu.
Anduve rápido por el camino del jardín hasta el portal. Lo abrí y salí fuera. En el portal tenemos un par de grandes rosales. Alargué la mano y así una rosa rosa oscura. La arranqué y emprendí mi camino canturreando una canción, para ser más exactos: Soledad sobre mí, de Musicalité. A cada paso que daba me sentía cada vez mas liberada, libre. Olí la rosa y le arranqué un pétalo.
- Adiós Johanna... Hasta otra niñita buena.
- "..."
- Bienvenida a tu nueva vida Ruusu.
Me reí estruendosamente. Agarré con fuerza la rosa y me pinché. Miré mi sangre resbalar por mi mano, era la mano de una asesina al fin y al cabo. No sentí dolor. Volví a agarrar con fuerza la rosa y seguí caminando, entonando mi canción.
miércoles, 27 de julio de 2011
Sangre.
Los camareros sirvieron la bebida y acto seguido la comida. Todo tenía muy buena pinta, pero ese día me habían pasado tantas cosas, que el apetito estaba tan escondido en algún lugar de mi cerebro que no se dejaba ver. Sophia sí que comenzó a comer, lo hacía con parsimonia. Me dí cuenta de que no era una cena típica, si no que había productos caros y de gran elegancia. Torcí el gesto pensando para qué demonios habría gastado tanto para una simple cena. Ingenua de mí. Ella me miró y señaló con el tenedor a mi comida, yo negué la cabeza y miré hacía abajo. Escuché como ella dejaba los cubiertos y entrelazaba las manos a la altura del mentón.
- No sé qué hacer contigo la verdad.
Me encogí de hombros, sin ni siquiera mirarla.
- " Para empezar... podrías dejarla en paz. " - Sonreí interior mente al escuchar esas palabras de Ruusu.
Levanté la cabeza y vi de reojo que Sophia hacía un gesto a un camarero, y que éste le entregaba lo que me parecía un folleto, pequeño y a lo lejos me pareció ver una casa. Sophia me miró y comenzó a hablar mientras me tendía el folleto.
- Mira... Sé que esto te va a parecer egoísta, pero entiéndelo. Yo necesito tiempo y tranquilidad para trabajar, y el problema es que no tengo nada de eso si estás tú en casa, por que me preocupo por lo que te está pasando. Últimamente no haces más que desobedecer y lo de Gregory... Sabes perfectamente que nuestra familia es linástica y que no permitimos rollos tontos.
Cuando tuve el folleto a mi lado lo cogí y Ruusu comenzó a leer.
- " Internado de excelentes estancias, agua, corriente e internet en la habitación. Grandes cuartos con baños incluidos... "
- Basta Ruusu, no quiero seguir escuchando. - susurré lo más bajo que pude para que no escuchara la Arpía.
Noté su mirada clavada en mi y un odio comenzó a surgir en mi interior. Noté como ese odio se incrementaba. Comencé a escuchar los latidos de mi corazón... tum...tum...tum...
- " Deja que fluya Jona "
Comencé a sudar en frío y a encontrarme un poco mal. La cabeza me daba vueltas y Sophia comenzó a hablar, el problema es que escuchaba su voz como si estuviera muy lejos de mi.
- El problema no eres tú, si no tus maneras. Si vas ahí apren....
Antes de que terminara la frase, mi odio tomó fuerza e hizo que me levantara de la silla de golpe, haciéndola caer detrás mía. La miré con odio y eché mano a la mesa. Noté entre mis dedos un cuchillo. ¿ Qué me estaba pasando ? Era como si no controlara mi cuerpo.
- " Deja que fluya..." - Ruusu no paraba de decírmelo.
Con cuchillo en mano me abalancé sobre Sophia. Ambas caímos hacía atrás. Yo me senté encima de su estómago y levanté las manos con el cuchillo, para luego dejarlo caer en su perfecto cuerpo de tratamiento. Noté como el cuchillo se hundía lentamente en la piel de su cuello. Escuché un "clack" y el cuchillo entró entero. Todo me daba vueltas... Todo estaba manchado de sangre. Escuchaba el latir de su corazón y no podía apartar la mirada de su cuello. Echaba sangre a chorros. Me asusté y me levanté, dejando el cuchillo hundido en el cuello de mi madre. Ella se retorcía de dolor e intentaba pedir auxilio. Acabó sus últimos segundos mirándome a la cara y llorando.
- " Has matado a tu madre, si señora "
- ¡ YO NO HE ECHO NADA ! - mi desesperación rozaba límites.
- "¿ Ah no ? Entonces...¿ quien ha echo eso ?"
- ...
- " La has matado Johanna, la has matado. Buen trabajo " .
- No sé qué hacer contigo la verdad.
Me encogí de hombros, sin ni siquiera mirarla.
- " Para empezar... podrías dejarla en paz. " - Sonreí interior mente al escuchar esas palabras de Ruusu.
Levanté la cabeza y vi de reojo que Sophia hacía un gesto a un camarero, y que éste le entregaba lo que me parecía un folleto, pequeño y a lo lejos me pareció ver una casa. Sophia me miró y comenzó a hablar mientras me tendía el folleto.
- Mira... Sé que esto te va a parecer egoísta, pero entiéndelo. Yo necesito tiempo y tranquilidad para trabajar, y el problema es que no tengo nada de eso si estás tú en casa, por que me preocupo por lo que te está pasando. Últimamente no haces más que desobedecer y lo de Gregory... Sabes perfectamente que nuestra familia es linástica y que no permitimos rollos tontos.
Cuando tuve el folleto a mi lado lo cogí y Ruusu comenzó a leer.
- " Internado de excelentes estancias, agua, corriente e internet en la habitación. Grandes cuartos con baños incluidos... "
- Basta Ruusu, no quiero seguir escuchando. - susurré lo más bajo que pude para que no escuchara la Arpía.
Noté su mirada clavada en mi y un odio comenzó a surgir en mi interior. Noté como ese odio se incrementaba. Comencé a escuchar los latidos de mi corazón... tum...tum...tum...
- " Deja que fluya Jona "
Comencé a sudar en frío y a encontrarme un poco mal. La cabeza me daba vueltas y Sophia comenzó a hablar, el problema es que escuchaba su voz como si estuviera muy lejos de mi.
- El problema no eres tú, si no tus maneras. Si vas ahí apren....
Antes de que terminara la frase, mi odio tomó fuerza e hizo que me levantara de la silla de golpe, haciéndola caer detrás mía. La miré con odio y eché mano a la mesa. Noté entre mis dedos un cuchillo. ¿ Qué me estaba pasando ? Era como si no controlara mi cuerpo.
- " Deja que fluya..." - Ruusu no paraba de decírmelo.
Con cuchillo en mano me abalancé sobre Sophia. Ambas caímos hacía atrás. Yo me senté encima de su estómago y levanté las manos con el cuchillo, para luego dejarlo caer en su perfecto cuerpo de tratamiento. Noté como el cuchillo se hundía lentamente en la piel de su cuello. Escuché un "clack" y el cuchillo entró entero. Todo me daba vueltas... Todo estaba manchado de sangre. Escuchaba el latir de su corazón y no podía apartar la mirada de su cuello. Echaba sangre a chorros. Me asusté y me levanté, dejando el cuchillo hundido en el cuello de mi madre. Ella se retorcía de dolor e intentaba pedir auxilio. Acabó sus últimos segundos mirándome a la cara y llorando.
- " Has matado a tu madre, si señora "
- ¡ YO NO HE ECHO NADA ! - mi desesperación rozaba límites.
- "¿ Ah no ? Entonces...¿ quien ha echo eso ?"
- ...
- " La has matado Johanna, la has matado. Buen trabajo " .
sábado, 23 de julio de 2011
Trabajando
Nada más llegar a mi cuarto, Ruusu se puso a pensar y a indicarme tareas. Éstas no eran muy difíciles, pero llegó el momento en qué utilizamos los objetos que me había pedido. Como mencioné antes, eran todos objetos de costura.
- " Cose el trozo de tela por todos los lados menos por uno, de forma que quede una bolsa, aprisa, no hay tiempo. "
Ruusu parecía muy preocupada en acabar cuánto antes, cosa que yo no comprendía. De todos modos, no le dí importancia al echo de que se quisiera dar prisa y me limité a seguir órdenes. Cuando terminé la bolsa de tela me indicó que cortase un pequeño agujero con la tijera en un lado. Así hice. Acto seguido me dijo que introdujera la mano dentro y que metiera el pulgar por el agujero. Le obedecí y la bolsa de tela quedó como un guante.
- ¿ Para qué nos puede servir esto ? - pregunté incrédula, mientras miraba de lejos mi guante improvisado.
- " Ya lo verás..."- Noté a Ruusu muy tenebrosa y a la vez impaciente, de todos modos aun seguía sin saber para que lo utilizaríamos.
Pasé las 2 horas que quedaban para cenar acurrucada entre manta y manta en mi cama. Hablando con Ruusu y acordándome de Calthia y, de algo mucho más importante, de él. Su recuerdo venía a mi una y otra vez, como las olas del mar, yo era la piedra contra la que chocaban. Maldije todas las veces que pude a Sophia, podría haber tocado sus labios, darle un beso, sentir sus caricias... Pero ella interrumpió llevándoselo lejos de mi corazón, prohibiéndole regresar. Su olor, su tacto, su sabor... Todo. Lo había perdido todo.
- " No por mucho tiempo... " - Irrumpió Ruusu.
Cuando dijo eso, me estremecí. Noté que mi mano derecha comenzaba a moverse involuntariamente. Me asusté y comencé a sudar en frío. Yo no estaba moviendo la mano. La mano se movió lentamente hasta posarse en mi cabeza, para darme algunas caricias. Después se dejó caer muerta de nuevo en el colchón. Comencé a sentir la mano y el brazo dormido.
- " Vaya... aun tengo que acostumbrarme a tu cuerpo. "
- ¿ Has sido tú ?
- " Si, al ser parte de tu mente, puedo controlar tu cuerpo a voluntad "
En ese momento no me dí de la gravedad del asunto. Pobre ingenua. La señorita Cole, secretaria de mi madre, se iba a pasar unos días haciendo horas extra para cubrir la plaza de Calthia, hasta que mi madre encontrase a otra sirviente. A las 9 en punto me vino a buscar a mi habitación para cenar. Me dispuse a levantarme, pero mi mano derecha agarró el guante y me lo metió en una de las botas que llevaba aún.
- Pero... ¿ Qué ?
-" Lo necesitaremos... "
- Esta bien.
Bajé las escaleras y me dirigí al comedor. Sorpresa. La Arpía se dignaría a cenar hoy con su hija. Me entraron ganas de llorar. La mesa estaba puesta exactamente al modo de Calthia. Increíble, estaba todo perfecto, como de costumbre. Todo impoluto, simétrico. Me senté en mi sitio y observé a mi madre. Isconscientemente, y no por voluntad de Ruusu, me toqué la bota derecha, donde estaba el guante.
- ¿ Para qué demonios lo querrá ? - Pensé extrañada.
lunes, 18 de julio de 2011
Ruusu
En el momento en que el coche dejó el amplio jardín lo perdí todo. Vi mis ganas de vivir cogidas de la mano de mi alegría partir muy lejos. Pasados unos minutos, ya no distinguía el coche en el que iba Calthia. Tirada en el suelo rodeé con los brazos mis piernas. Haciéndome un ovillo. La Arpía pasó a mi lado, mirándome con cara de pena, alargó la mano para ayudarme a incorporarme. Yo ni siquiera levanté la cabeza, solo le dije:
- Aparta esa mano de mi, ni te atrevas a tocarme...
Ella, llena de desprecio y sorpresa ante mi arrebato, se fue al interior de la casa. Pasé allí bastante tiempo, no sabría decir cuánto. Lo único que hice durante ese período fue llorar y cambiar de posición. De pronto escuché una voz lejana que decía:
- " Se fue... te dejó sola Jona... ¿ Qué vas a hacer ahora ? "
A medida que pronunciaba las palabras, su voz se iba haciendo cada vez mas fuerte.
- ¡¿ Quién eres ?! ¿¡ Dónde estás ?!
- " Soy... por decirlo así, una prolongación de tú alma. Soy esa parte oscura de tu corazón."
- Pe...pero... eso es imposible, por lógica. Déjate de asustarme y sal de donde quiera que estés. - Me asusté mucho.
- " Hasta ahora no habíamos hablado por que no habías roto el sello, hoy lo has echo, liberándome..."
- ¿ Liberándote ? No me jorobes... ¿ De qué vas ?
- " Sí, me has estado alimentando mucho tiempo. Tu odio... ese odio guardado en tú interior. Nunca dejaste que aflorase al exterior... hoy lo has echo."
- Mmmm... sigo sin creérmelo...
- " No te lo creas... pero te quedaste sola. Tienes 2 opciones: 1º quedarte en la miseria. 2º Unirte a mi... para siempre"
- ... Yo...
- "Yo nunca te dejaré, únete a mi y sabrás lo que es fuerza de voluntad... Podrás plantarle cara a la vida de una vez, y lo que es más importante, cuidaré de ti y nunca te abandonaré... "
No sé por qué, pero en ese instante me sentí reconfortada...
- Acepto... me uniré a ti... Para siempre...
-" Bien echo pequeña... "
- Por cierto... no me has dicho tu hombre... Si es que tienes alguno...
- " Claro que sí... Soy Ruusu... Encantada Alicia. Ahora, incorpórate, es hora de ir a tu habitación a arreglar un par de cositas... "
Su voz era femenina, delicada pero a la vez la notaba con fortaleza.Obedecí. Me encaminé a mi habitación. Estaba algo asustada, pero la adrenalina que me provocó Ruusu era superior. Por fin podría tomar mi venganza. Subí a mi cuarto y me encerré en él.
- " Así que es aquí donde duermes... bien. Necesito que des una vuelta por toda la casa... Necesito verla bien..."
Seguí obedeciendo. Por el camino fui comentándole a Ruusu todo lo que sentía en ese momento. Ella se limitaba a escuchar y de vez en cuando a comentar las habitaciones de la casa.
- " Bien... muy bien... "
- ¿ Y ahora ?
- " Sube otra vez a tu habitación, pero antes coge: unas tijeras, un trozo de tela de algún proyecto de tu madre, que sea bastante largo, y también coge aguja e hilo... Tenemos trabajo."
- Está bien... - Susurré.
Ahora me sentía más fuerte. Tenía más confianza en mi misma. Ruusu se estaba ganando mi apoyo, mi confianza ciega y, por así decirlo, un medio de transporte. Ella estaba planeando hacer algo. ¿ El qué ? Ni siquiera yo lo sabía con certeza.
- Aparta esa mano de mi, ni te atrevas a tocarme...
Ella, llena de desprecio y sorpresa ante mi arrebato, se fue al interior de la casa. Pasé allí bastante tiempo, no sabría decir cuánto. Lo único que hice durante ese período fue llorar y cambiar de posición. De pronto escuché una voz lejana que decía:
- " Se fue... te dejó sola Jona... ¿ Qué vas a hacer ahora ? "
A medida que pronunciaba las palabras, su voz se iba haciendo cada vez mas fuerte.
- ¡¿ Quién eres ?! ¿¡ Dónde estás ?!
- " Soy... por decirlo así, una prolongación de tú alma. Soy esa parte oscura de tu corazón."
- Pe...pero... eso es imposible, por lógica. Déjate de asustarme y sal de donde quiera que estés. - Me asusté mucho.
- " Hasta ahora no habíamos hablado por que no habías roto el sello, hoy lo has echo, liberándome..."
- ¿ Liberándote ? No me jorobes... ¿ De qué vas ?
- " Sí, me has estado alimentando mucho tiempo. Tu odio... ese odio guardado en tú interior. Nunca dejaste que aflorase al exterior... hoy lo has echo."
- Mmmm... sigo sin creérmelo...
- " No te lo creas... pero te quedaste sola. Tienes 2 opciones: 1º quedarte en la miseria. 2º Unirte a mi... para siempre"
- ... Yo...
- "Yo nunca te dejaré, únete a mi y sabrás lo que es fuerza de voluntad... Podrás plantarle cara a la vida de una vez, y lo que es más importante, cuidaré de ti y nunca te abandonaré... "
No sé por qué, pero en ese instante me sentí reconfortada...
- Acepto... me uniré a ti... Para siempre...
-" Bien echo pequeña... "
- Por cierto... no me has dicho tu hombre... Si es que tienes alguno...
- " Claro que sí... Soy Ruusu... Encantada Alicia. Ahora, incorpórate, es hora de ir a tu habitación a arreglar un par de cositas... "
Su voz era femenina, delicada pero a la vez la notaba con fortaleza.Obedecí. Me encaminé a mi habitación. Estaba algo asustada, pero la adrenalina que me provocó Ruusu era superior. Por fin podría tomar mi venganza. Subí a mi cuarto y me encerré en él.
- " Así que es aquí donde duermes... bien. Necesito que des una vuelta por toda la casa... Necesito verla bien..."
Seguí obedeciendo. Por el camino fui comentándole a Ruusu todo lo que sentía en ese momento. Ella se limitaba a escuchar y de vez en cuando a comentar las habitaciones de la casa.
- " Bien... muy bien... "
- ¿ Y ahora ?
- " Sube otra vez a tu habitación, pero antes coge: unas tijeras, un trozo de tela de algún proyecto de tu madre, que sea bastante largo, y también coge aguja e hilo... Tenemos trabajo."
- Está bien... - Susurré.
Ahora me sentía más fuerte. Tenía más confianza en mi misma. Ruusu se estaba ganando mi apoyo, mi confianza ciega y, por así decirlo, un medio de transporte. Ella estaba planeando hacer algo. ¿ El qué ? Ni siquiera yo lo sabía con certeza.
domingo, 17 de julio de 2011
Adiós.
Así la carta por la esquina superior derecha y me limité a sentarme en la cama y esperar, a esperar a que la única persona a la que había querido en esta casa se marchara. Tampoco podía hacer nada para impedirlo, pero Calthia era la mujer que había conseguido calar tan hondo dentro de mí que la consideraba mi madre. Me crió desde pequeña, me vio crecer, me corrigió, me enseñó, me demostró cariño... Vamos, todo lo que Doña Arpía no hizo. Escuché pasos en el pasillo. A juzgar por el sonido que hacías sus zapatos de tacón, probablemente de aguja, era Sophia. Caminaba rápido. Pasó cerca de mi habitación y al hacerlo se paró delante de la puerta. Pude ver su sombra negra, negra como su alma. Recé todo lo que sabía para que continuase su trayecto, y por suerte, así hizo. Bajó las escaleras. Escuché ruedas frenando en la gravilla del camino que cruzaba el jardín de mi casa. Escuché el rugido de un motor al parar y me asomé cautelosamente al ventanal. Allí estaba, el transporte que se llevaría a mi "madre". Vi aparecer a Calthia con una maleta y una pequeña bolsa de viajes. También vi aparecer a Sophia que caminaba de brazos cruzados. Suspiré y me armé de valor. Yo vivía en su segundo piso, y el ventanal aún quedaba lejos de la superficie segura que era el suelo, lo que viene siendo unos 8 metros de caída libre. Pensé en hacer como en las películas, lo mítico de utilizar sábanas como medio de descenso, pero olvidé esa idea repitiéndome a mi misma que eso solo funcionaba en las películas.
- Vamos Jona...- Me dije mientras me asomaba al ventanal.
Pasé una pierna por encima del marco del ventanal, pasé la otra y me deslicé un poco hacía delante, quedándome así sentada en el alféizar.
- Madre mía...
Agarré con fuerza la carta que llevaba y me deslicé hacía delante. Dejé de notar apoyo y me puse nerviosa. En pocos segundos mis pies tocaron superficie y rodé por el suelo. Todos los presentes se asuntaron y se me quedaron mirando de forma casi perpleja. A Calthia el corazón le dio un vuelco y me vino a ayudar. Estaba totalmente manchada, de arriba a abajo, pero no me importó. La abracé y con mucho disimulo introduje en el bolsillo de su delantal la carta. Ella se estremeció y noté como empezaba a sollozar.
- No, no dejes que esas lágrimas salgan. No le des ese gusto. Haz que recuerde esta despedida por tu amplia sonrisa diciéndome adiós.
Sophia, que hasta ahora se había quedad al margen , interrumpió nuestra despedida. Preparada para debatirle su " actuación " le miré a los ojos. No pude, en ese momento me flaquearon las piernas y no pude decir nada, como de costumbre. Esos ojos inyectado en sangre, abierto de par en par... Estremecen a la más horrible criatura y ahuyentan a la más tenebrosa sombra. Al menos había cumplido con mi misión. Levanté la vista, Sophia empujaba a Calthia al interior del vehículo. Ella oponía resistencia para poder ayudarme, pero no lo logró. Con el empujón de gracia, Sophia introdujo a Calthia en el interior del coche. Ella desde el interior del coche me mandaba muchos besos, también lloraba y articulaba palabras incomprensibles para mí, dado que no la podía oír. El coche arrancó y comenzó su partida. Pude leer en los labios de Calthia un triste y agoniante ... Adiós, que me destrozó el alma en mil y un pedacitos. Sin Gregory ni Calthia... ¿Que me ataba al mundo? Es más... ¿ Qué me aferraba a la vida ?
- Vamos Jona...- Me dije mientras me asomaba al ventanal.
Pasé una pierna por encima del marco del ventanal, pasé la otra y me deslicé un poco hacía delante, quedándome así sentada en el alféizar.
- Madre mía...
Agarré con fuerza la carta que llevaba y me deslicé hacía delante. Dejé de notar apoyo y me puse nerviosa. En pocos segundos mis pies tocaron superficie y rodé por el suelo. Todos los presentes se asuntaron y se me quedaron mirando de forma casi perpleja. A Calthia el corazón le dio un vuelco y me vino a ayudar. Estaba totalmente manchada, de arriba a abajo, pero no me importó. La abracé y con mucho disimulo introduje en el bolsillo de su delantal la carta. Ella se estremeció y noté como empezaba a sollozar.
- No, no dejes que esas lágrimas salgan. No le des ese gusto. Haz que recuerde esta despedida por tu amplia sonrisa diciéndome adiós.
Sophia, que hasta ahora se había quedad al margen , interrumpió nuestra despedida. Preparada para debatirle su " actuación " le miré a los ojos. No pude, en ese momento me flaquearon las piernas y no pude decir nada, como de costumbre. Esos ojos inyectado en sangre, abierto de par en par... Estremecen a la más horrible criatura y ahuyentan a la más tenebrosa sombra. Al menos había cumplido con mi misión. Levanté la vista, Sophia empujaba a Calthia al interior del vehículo. Ella oponía resistencia para poder ayudarme, pero no lo logró. Con el empujón de gracia, Sophia introdujo a Calthia en el interior del coche. Ella desde el interior del coche me mandaba muchos besos, también lloraba y articulaba palabras incomprensibles para mí, dado que no la podía oír. El coche arrancó y comenzó su partida. Pude leer en los labios de Calthia un triste y agoniante ... Adiós, que me destrozó el alma en mil y un pedacitos. Sin Gregory ni Calthia... ¿Que me ataba al mundo? Es más... ¿ Qué me aferraba a la vida ?
sábado, 16 de julio de 2011
Triste despedida.
Miré como Calthia, después de haberme sacado fuera del agua, se levantaba y me tendía una toalla. Me ayudó a salir fuera de la bañera y cuando estuve fuera me abrazo, olvidando mi cuerpo mojado. Noté sus lágrimas cayéndome encima del hombro izquierdo. La rodeé con un brazo y con el otro le aparte delicadamente la cabeza. Le acaricié la mejilla y le limpié con la toalla algunas lágrimas.
- Venga, tranquila Calthia, ¿ qué ha pasado ?
Entre sollozos me pudo decir:
- Ha... ha... llegado la hora... Señorita...
Se sonó a su típico pañuelo rosa palo y me empecé a preocupar:
- ¿ La hora de qué ?
- La... hora del adiós.
Empecé a sudar en frío y pude ver en el reflejo de mi espejo una palidez repentina en mi cara.
- ¡ Déjate de incógnitas ! ¿ Qué adiós ? ¿ Quién se va ?
Ella bajo la cabeza.
- No... Calthia tú no... No me puedes dejar... ¡ Te necesito a mi lado !
- Pero yo...
- ¿ Qué vas a hacer ? ¿ Vas a huir de los problemas ?
- Señorita - Posó su gruesa mano en mi cara - He aguantado mucho para mantenerme a su lado, para cuidarle y protegerle... Ya no aguanto más. Me ha salido un pequeño trabajo en una cafetería en mi pueblo natal.
- ¡ Pero eso está muy lejos !
- Lo sé, pero tengo que irme ahora que puedo, compréndalo. - Me donó un beso en la frente. - Usted ya es mayor y ya no me necesita.
- Te necesito más de lo que te imaginas... - Lloré pero mantuve mi expresión de desaprobación.- Pero supongo que tienes razón, mi parte egoísta te diría que te quedases, y mi otra parte pide a gritos que salgas de aquí para ser feliz, es demasiada confusión para tomar una decisión...
- Son problemas típicos de la edad Señorita, esa confusión al cabo de unos años tomará forma y comprenderá por qué me he ido....
Asentí al tiempo que derramaba un mar de lágrimas. Alguien abrió la puerta del cuarto de baño de un golpe. Era Sophia, había estado husmeando toda la conversación. Se introdujo dentro y lo primero que hizo fue separarme de Calthia y llevársela a la habitación. Pude escuchar que le daba exactamente 1 hora para hacer el equipaje e irse. Observé como Calthia se daba media vuelta y se iba hacía su habitación. Comencé a caminar detrás de ella, pero Sophia irrumpió en mi camino, me fulminó con la mirada y sentenció mi castigo cerrando la puerta de mi habitación con llave. Me quedé allí, de pie, sin saber que hacer.
- " Pues claro... ¡ El ventanal ! "
Me puse el vestido que llevaba antes, unas botas y me senté en la cama. Sin hacer el menos ruído, para que esa arpía no desconfiase. Entonces se me ocurrió una idea, Calthia y yo no tendríamos tiempo de despedirnos debidamente, así que me senté en mi escritorio y redacté una carta. Improvisé un sobre con mis dotes de papiroflexia con una hoja de estudios y metí en el la carta y una pequeña foto de cuando yo era pequeña.
- " Espero que no te olvides de mi ... "
- Venga, tranquila Calthia, ¿ qué ha pasado ?
Entre sollozos me pudo decir:
- Ha... ha... llegado la hora... Señorita...
Se sonó a su típico pañuelo rosa palo y me empecé a preocupar:
- ¿ La hora de qué ?
- La... hora del adiós.
Empecé a sudar en frío y pude ver en el reflejo de mi espejo una palidez repentina en mi cara.
- ¡ Déjate de incógnitas ! ¿ Qué adiós ? ¿ Quién se va ?
Ella bajo la cabeza.
- No... Calthia tú no... No me puedes dejar... ¡ Te necesito a mi lado !
- Pero yo...
- ¿ Qué vas a hacer ? ¿ Vas a huir de los problemas ?
- Señorita - Posó su gruesa mano en mi cara - He aguantado mucho para mantenerme a su lado, para cuidarle y protegerle... Ya no aguanto más. Me ha salido un pequeño trabajo en una cafetería en mi pueblo natal.
- ¡ Pero eso está muy lejos !
- Lo sé, pero tengo que irme ahora que puedo, compréndalo. - Me donó un beso en la frente. - Usted ya es mayor y ya no me necesita.
- Te necesito más de lo que te imaginas... - Lloré pero mantuve mi expresión de desaprobación.- Pero supongo que tienes razón, mi parte egoísta te diría que te quedases, y mi otra parte pide a gritos que salgas de aquí para ser feliz, es demasiada confusión para tomar una decisión...
- Son problemas típicos de la edad Señorita, esa confusión al cabo de unos años tomará forma y comprenderá por qué me he ido....
Asentí al tiempo que derramaba un mar de lágrimas. Alguien abrió la puerta del cuarto de baño de un golpe. Era Sophia, había estado husmeando toda la conversación. Se introdujo dentro y lo primero que hizo fue separarme de Calthia y llevársela a la habitación. Pude escuchar que le daba exactamente 1 hora para hacer el equipaje e irse. Observé como Calthia se daba media vuelta y se iba hacía su habitación. Comencé a caminar detrás de ella, pero Sophia irrumpió en mi camino, me fulminó con la mirada y sentenció mi castigo cerrando la puerta de mi habitación con llave. Me quedé allí, de pie, sin saber que hacer.
- " Pues claro... ¡ El ventanal ! "
Me puse el vestido que llevaba antes, unas botas y me senté en la cama. Sin hacer el menos ruído, para que esa arpía no desconfiase. Entonces se me ocurrió una idea, Calthia y yo no tendríamos tiempo de despedirnos debidamente, así que me senté en mi escritorio y redacté una carta. Improvisé un sobre con mis dotes de papiroflexia con una hoja de estudios y metí en el la carta y una pequeña foto de cuando yo era pequeña.
- " Espero que no te olvides de mi ... "
viernes, 15 de julio de 2011
Calthia.
Me incorporé lentamente y posé la mano donde segundos antes me había abofeteado mi madre. Me quemaba como si de fuego se tratase. La cabeza me dolía y la vista se me nublaba por segundos. Pude observar a Calthia, que se echaba las manos a la cabeza y corría hacía mi todo lo rápido que le permitían sus cortas y rechonchas piernas. Al llegar junto a mí se acuclilló y sacó un pequeño pañuelo de color rosa palo del bolsillo de su viejo delantal. Con el acarició mi rostro de piel porcelana para limpiar restos de polvo y mugre del suelo. Luego acto seguido lo utilizó para secarme las lágrimas que se deslizaban tímidas por mis mejillas. Ella sonrió de manera cómplice pero pude ver lágrimas en sus ojos, dispuestas a salir.
- Todo se arreglará, ya lo verá Señorita... - Me susurró al tiempo que me abrazaba.
Le devolví el abrazo. Pasamos mucho tiempo allí, cuando Calthia se incorporó y me tendió una mano. Me ayudo a levantarme y con cuidado fuimos andando hasta el recibidor.
- Entra tú primero, no quiero toparme con ella. - Le pedí a Calthia. - Por favor...
- Claro, no se preocupe.
Abrió la gran puerta de mi casa y entramos lo mas sigilosamente posible. En toda la casa reinaba un silencio amargo. Escuchaba mi agitada respiración y el andar torpe de Calthia. Incluso si me concentraba podía escuchar el roce de telas del delantal. Vi como Calthia se asomaba a todas las puertas y me hacía gestos con la mano para que subiera. Ambas suponíamos que Sophia estaría en su mugriento despacho, preparando desfiles o simplemente fumando hasta dejarse los pulmones en ello. Efectivamente, al subir los escalones, noté el asqueroso olor a tabaco en el corredor. Me deslicé al interior de mi cuarto seguida por Calthia que al entrar cerró la puerta de un modo casi imperceptible. Se giró y me hizo un gesto para que me girase.
- Vamos a quitar este vestido y echarlo para lavar, después se tomará un largo baño y no saldrá de la habitación hasta que yo entre en esta. - Me informó.
En otro momento, habría reprochado, pero era la mujer que me crió, como una madre para mi, así que asentí y dejé que me desabrochase el vestido. Me lo quitó delicadamente y me hizo un gesto para que entrara en el baño. Llenó la bañera y depositó en sus aguas unos pocos sales de baño.
- Mmmm... lavanda... - Adiviné.
Ella soltó una risa ahogada y me dejó sola. Oí como sus pasos se alejaban y escuché mentalmente sus órdenes. Suspiré. Me desnudé del todo y me metí en el agua. Habían pasado tantas cosas hoy, que ni siquiera era capaz de pensar con claridad. Cerré los ojos y me sumergí en el agua. Pocos segundos más tarde escuché voces lejanas y volví a la superficie. Fuero del agua las voces se acentuaron hasta convertirse en gritos. Pude distinguir la voz de Sophia y la de Calthia. Esos gritos me estaban perturbando así que cogí una gran bocanada de aire y me volví a sumergir. Aun los escuchaba. Debajo del agua grité con todas mis fuerzas. Escuché que Calthia irrumpía en el baño y me sacaba fuera del agua.
- ¿ Qué ha pasado ? - Pregunté asustada.
Calthia lloraba desconsoladamente.
- Todo se arreglará, ya lo verá Señorita... - Me susurró al tiempo que me abrazaba.
Le devolví el abrazo. Pasamos mucho tiempo allí, cuando Calthia se incorporó y me tendió una mano. Me ayudo a levantarme y con cuidado fuimos andando hasta el recibidor.
- Entra tú primero, no quiero toparme con ella. - Le pedí a Calthia. - Por favor...
- Claro, no se preocupe.
Abrió la gran puerta de mi casa y entramos lo mas sigilosamente posible. En toda la casa reinaba un silencio amargo. Escuchaba mi agitada respiración y el andar torpe de Calthia. Incluso si me concentraba podía escuchar el roce de telas del delantal. Vi como Calthia se asomaba a todas las puertas y me hacía gestos con la mano para que subiera. Ambas suponíamos que Sophia estaría en su mugriento despacho, preparando desfiles o simplemente fumando hasta dejarse los pulmones en ello. Efectivamente, al subir los escalones, noté el asqueroso olor a tabaco en el corredor. Me deslicé al interior de mi cuarto seguida por Calthia que al entrar cerró la puerta de un modo casi imperceptible. Se giró y me hizo un gesto para que me girase.
- Vamos a quitar este vestido y echarlo para lavar, después se tomará un largo baño y no saldrá de la habitación hasta que yo entre en esta. - Me informó.
En otro momento, habría reprochado, pero era la mujer que me crió, como una madre para mi, así que asentí y dejé que me desabrochase el vestido. Me lo quitó delicadamente y me hizo un gesto para que entrara en el baño. Llenó la bañera y depositó en sus aguas unos pocos sales de baño.
- Mmmm... lavanda... - Adiviné.
Ella soltó una risa ahogada y me dejó sola. Oí como sus pasos se alejaban y escuché mentalmente sus órdenes. Suspiré. Me desnudé del todo y me metí en el agua. Habían pasado tantas cosas hoy, que ni siquiera era capaz de pensar con claridad. Cerré los ojos y me sumergí en el agua. Pocos segundos más tarde escuché voces lejanas y volví a la superficie. Fuero del agua las voces se acentuaron hasta convertirse en gritos. Pude distinguir la voz de Sophia y la de Calthia. Esos gritos me estaban perturbando así que cogí una gran bocanada de aire y me volví a sumergir. Aun los escuchaba. Debajo del agua grité con todas mis fuerzas. Escuché que Calthia irrumpía en el baño y me sacaba fuera del agua.
- ¿ Qué ha pasado ? - Pregunté asustada.
Calthia lloraba desconsoladamente.
jueves, 14 de julio de 2011
Gregory.
Sí, aquel chico hacía que mi mente se nublase y no me dejase ver más allá de él. Cosa que mi rica madre odiaba. Pero yo la detestaba a ella, así que era un empate, por así decirlo. La visita no tardaría en llegar y me puse apresuradamente a prepararme. Fui a mi armario y cogí, tras un largo tiempo de elección, mi corto vestido morado. Me puse enfrente de mi espejo de pie y me miré. Me quedaba bien. Me puse las bailarinas negras y me apresuré a retocarme el maquillaje en mi baño. Tras pocos minutos después, sonó el estridente sonido del timbre. Salí corriendo lo más rápido que me permitían mi calzado y bajé a toda prisa las escaleras. Calthia estaba dispuesta a abrir la puerta cuando irrumpí yo. La miré con ojos desafiantes y ella me sonrió dando así media vuelta para seguir con sus tareas. Suspiré y giré el pomo de la puerta.
-Hola, buenos días tenga usted señorita.
- " Pero que coño... " -pensé.
Era el cartero. Puse cara de asesina y grité furiosa:
- ¡Mierda! ¡Estoy esperando a alguien!
- Pero, pero yo...
No le dio tiempo a disculparse. Cerré la puerta en sus narices y pude ver como Calthia se asomaba al recibidor desde las escaleras. Negó con la cabeza mientras subía de nuevo éstas:
- No hay nada que hacer contigo, eres imposible...
La miré de reojo y llena de desilusión me dirigí a mi cuarto cuando volvió a sonar el timbre. Me giré de golpe, haciendo que mi largo pelo trazase un arco para terminar en mi hombro derecho. Abrí la puerta con cara de odio:
- ¿ Otra vez tú... ?
- Hoooolaaaaaa - Dijo con tono melodioso.- ¡ Hay que ver ! Que recibimiento...
Se me subieron los colores y me dí cuenta que era uno de esos momentos de: " tierra trágame ". Era Gregory.
- Ho...ho...hola- Tartamudeé sonrojada hasta las orejas. Intenté esbozar una sonrisa pero lo único que me salió fue una expresión de asco.
- Jajajaja - su risa me reconfortaba - No te preocupes mujer, si ya vi al cartero salir de tu jardín corriendo y sangrando por la nariz. ¿ Qué le has echo ?
- Yo nada... creo que solo me pasé al cerrar la puerta en sus narices.
- ¿ Cres ? La madre que me trajo al mundo, jajajaja. - Se apartó ligeramente para permitirme salir afuera al jardín.
Hoy, cosa rara en él, iba vestido de forma casual. Vaqueros flojos de un azul muy oscuro, camisa blanca y un chaleco negro. Me quedé mirando como andaba un buen rato. Me encantaba.
- Oye, Jona - Ese era mi apodo. - Me gusta tu vestido, bueno... realmente como te queda.
Me sorprendí cuando pronunció las últimas palabras.
- Gracias, aun que se ajusta demasiado a las caderas.- dije despreocupadamente posando las manos en las caderas.
Estábamos caminando relajadamente por el jardín cuando tenía lugar esta conversación. Él iba ligeramente por delante. Nos alejamos bastante de la casa para que no nos pudieran ver ni escuchar contarnos nuestros secretos, él es la única persona en la que poso mi confianza. Se giró sorprendiéndome y me agarró de la caderas, haciendo una ligera fuerza pegándome a él. Acercó la cara a la mía haciendo que nuestras narices se rozasen. Me agarró la cabeza con ambas manos cerrando los ojos. Yo cerré los míos y noté como quitaba sus manos de mi cabeza.
- ¡ Johanna ! - Esa voz me sonaba demasiado - ¿ Qué se supone que estabas haciendo ?
Parecía enfadada. Abrí los ojos y pude ver que Gregory miraba más allá de mí. Me giré y la vi. Era mi madre, hoy había regresado antes de trabajar y nos había pillado. Iba acompañada de Calthia, ésta mostraba en su cara una ligera zona rosada.
- " Le ha vuelto a pegar... " - Pensé.
- Tú, vete. - Dijo mi madre señalando a Gregory.- No te quiero volver a ver más en mi casa ni al lado de mi hija, Calthia acompáñalo para asegurarnos.
Gregory la miró con cara de desprecio dispuesto a rebatir lo que mi alterada madre había dicho pero Calthia lo agarró del hombro. Éste lo sacudió para no notar ese contacto y se fue.
-Y tú... - me miró como si de su peor enemiga se tratase. - Me aseguraré de que no le vuelvas a ver.
- Sophia, lo siento, pero lo voy a volver a ver, por que le amo... ¿ Sabes ? Tú hija también tiene sentimientos.
Me miró de forma furtiva y me abofeteó la cara. Caí al suelo.
- ¡ A mí no me llamas por mi nombre! ¡ Soy tu madre, no me hables así, vas a hacer lo que yo te diga ! - Me gritó. Acto seguido se dio media vuelta y se fue. Dejándome tirada en el suelo, con las lágrimas asomando de mis ojos.
- " Aun te quiero... " -Pensé.
-Hola, buenos días tenga usted señorita.
- " Pero que coño... " -pensé.
Era el cartero. Puse cara de asesina y grité furiosa:
- ¡Mierda! ¡Estoy esperando a alguien!
- Pero, pero yo...
No le dio tiempo a disculparse. Cerré la puerta en sus narices y pude ver como Calthia se asomaba al recibidor desde las escaleras. Negó con la cabeza mientras subía de nuevo éstas:
- No hay nada que hacer contigo, eres imposible...
La miré de reojo y llena de desilusión me dirigí a mi cuarto cuando volvió a sonar el timbre. Me giré de golpe, haciendo que mi largo pelo trazase un arco para terminar en mi hombro derecho. Abrí la puerta con cara de odio:
- ¿ Otra vez tú... ?
- Hoooolaaaaaa - Dijo con tono melodioso.- ¡ Hay que ver ! Que recibimiento...
Se me subieron los colores y me dí cuenta que era uno de esos momentos de: " tierra trágame ". Era Gregory.
- Ho...ho...hola- Tartamudeé sonrojada hasta las orejas. Intenté esbozar una sonrisa pero lo único que me salió fue una expresión de asco.
- Jajajaja - su risa me reconfortaba - No te preocupes mujer, si ya vi al cartero salir de tu jardín corriendo y sangrando por la nariz. ¿ Qué le has echo ?
- Yo nada... creo que solo me pasé al cerrar la puerta en sus narices.
- ¿ Cres ? La madre que me trajo al mundo, jajajaja. - Se apartó ligeramente para permitirme salir afuera al jardín.
Hoy, cosa rara en él, iba vestido de forma casual. Vaqueros flojos de un azul muy oscuro, camisa blanca y un chaleco negro. Me quedé mirando como andaba un buen rato. Me encantaba.
- Oye, Jona - Ese era mi apodo. - Me gusta tu vestido, bueno... realmente como te queda.
Me sorprendí cuando pronunció las últimas palabras.
- Gracias, aun que se ajusta demasiado a las caderas.- dije despreocupadamente posando las manos en las caderas.
Estábamos caminando relajadamente por el jardín cuando tenía lugar esta conversación. Él iba ligeramente por delante. Nos alejamos bastante de la casa para que no nos pudieran ver ni escuchar contarnos nuestros secretos, él es la única persona en la que poso mi confianza. Se giró sorprendiéndome y me agarró de la caderas, haciendo una ligera fuerza pegándome a él. Acercó la cara a la mía haciendo que nuestras narices se rozasen. Me agarró la cabeza con ambas manos cerrando los ojos. Yo cerré los míos y noté como quitaba sus manos de mi cabeza.
- ¡ Johanna ! - Esa voz me sonaba demasiado - ¿ Qué se supone que estabas haciendo ?
Parecía enfadada. Abrí los ojos y pude ver que Gregory miraba más allá de mí. Me giré y la vi. Era mi madre, hoy había regresado antes de trabajar y nos había pillado. Iba acompañada de Calthia, ésta mostraba en su cara una ligera zona rosada.
- " Le ha vuelto a pegar... " - Pensé.
- Tú, vete. - Dijo mi madre señalando a Gregory.- No te quiero volver a ver más en mi casa ni al lado de mi hija, Calthia acompáñalo para asegurarnos.
Gregory la miró con cara de desprecio dispuesto a rebatir lo que mi alterada madre había dicho pero Calthia lo agarró del hombro. Éste lo sacudió para no notar ese contacto y se fue.
-Y tú... - me miró como si de su peor enemiga se tratase. - Me aseguraré de que no le vuelvas a ver.
- Sophia, lo siento, pero lo voy a volver a ver, por que le amo... ¿ Sabes ? Tú hija también tiene sentimientos.
Me miró de forma furtiva y me abofeteó la cara. Caí al suelo.
- ¡ A mí no me llamas por mi nombre! ¡ Soy tu madre, no me hables así, vas a hacer lo que yo te diga ! - Me gritó. Acto seguido se dio media vuelta y se fue. Dejándome tirada en el suelo, con las lágrimas asomando de mis ojos.
- " Aun te quiero... " -Pensé.
domingo, 1 de mayo de 2011
Donde yo vivía, toda la gente era rica y con una forma de pensar exactamente igual, el materialismo. Grandes limusinas Hummer o Limousine aparcadas en frente de las enormes mansiones situadas en verdes jardines del tamaño aproximado de un campo de fútbol. Sin embargo, Gregory tenía algo distinto, era... diferente. Sí, procedía de una prestigiosa familia de banqueros, sí, es posible que vistiera de smoking todos los días del año y sí, es posible que sus refinados modales lleguen hasta el punto de ser insoportables, pero , detrás de esa cara, se escondía otra que solo me mostraba a mi y a pocos mas. Era una faceta divertida, jovial, alegre, despreocupada, tarada y bastante extrovertida. Gregory tenía unos 17 años aproximados y lucía con orgullo su melena alborotada de color negro azabache. Lo que mas me llamaba la atención de el eran sus ojos azul claro, como un cielo de verano, que eran capaces de ver mas allá del alma.
domingo, 20 de marzo de 2011
2º continuidad del capítulo 1. Despertar.
El Señor Sorath nunca perdía ni un momento de su preciado tiempo en resolverme dudas, sus clases se resumían a exámenes sorpresa , a tomar apuntes y a esperar a que a las 12:00, el Señor Sorath desapareciese por fin. Se oyeron las doce campanadas de la salvación en el reloj de cuco de madera que teníamos en el gran salón donde recibía siempre a mi maestro. Se fue.
Era viernes, así que no vería a mi madre en todo el día, lo que me apaciguaba un poco. Ella, Sophia Loren era una de las mayores diseñadoras ,de ropa femenina y masculina, internacionales. Estaba demasiado ocupada para atender a su desgraciada hija.
Miré a mi alrededor. " Vaya mierda"-pensé. Me alegraba que Clalthia no me pudiera leer la mente, pues de escuchar semejante soez, se le hubiese despeinado el moño y le hubiese faltado el aire. Recogí las cosas de clases y las apilé a un lado de mi gran habitación. Miré por mi gran ventanal. Hacía un día precioso de verano. Miré mi reloj de muñeca, las doce y cuarto. Pronto llegaría el día mas feliz de toda la semana. Debía prepararme para la ocasión. Ésta se trataba de la visita incondicional de mi vecino Gregory Hitari.
Era viernes, así que no vería a mi madre en todo el día, lo que me apaciguaba un poco. Ella, Sophia Loren era una de las mayores diseñadoras ,de ropa femenina y masculina, internacionales. Estaba demasiado ocupada para atender a su desgraciada hija.
Miré a mi alrededor. " Vaya mierda"-pensé. Me alegraba que Clalthia no me pudiera leer la mente, pues de escuchar semejante soez, se le hubiese despeinado el moño y le hubiese faltado el aire. Recogí las cosas de clases y las apilé a un lado de mi gran habitación. Miré por mi gran ventanal. Hacía un día precioso de verano. Miré mi reloj de muñeca, las doce y cuarto. Pronto llegaría el día mas feliz de toda la semana. Debía prepararme para la ocasión. Ésta se trataba de la visita incondicional de mi vecino Gregory Hitari.
miércoles, 9 de marzo de 2011
continuidad del capítulo 1. Despertar
Suspiré agobiada. Me levanté pesadamente de mi cama matrimonial haciendo a un lado las caras sábanas de seda. Alguien irrumpió en mi habitación tan rápidamente como le permitían sus piernas y abrió la ventana, haciendo que una leve brisa inundase toda la estancia.
-Buenos días tenga usted, señorita Loren.
-Buenos días Calthia.
Calthia, una sirviente contratada por mi madre exclusivamente para mi, era lo más parecido a una amiga en aquella enorme casa. Ella, una mujer de 61 años, más bien rechoncha y el pelo atado en un moño, era de carácter risueño y alegre. Siempre había cuidado de mí y, en los 14 años compartidos con ella, había aprendido mis inservibles buenos modales y mi visión anti-materialista del mundo.
Me tendió mi albornoz y me acompañó al baño, donde el agua de la bañera me esperaba a la temperatura ideal y con la cantidad exacta de sales. Se fue dejándome sola. Yo me quedé allí, mientras escuchaba a Calthia hacer la cama y poner en mi mini-cadena a Mozart, uno de mis compositores preferidos. Odiaba tanta perfección.
Me desvestí, quitándome el albornoz, seguido de mi pijama. Minutos antes de meterme en mi baño, observé mi reflejo en el gran espejo de cuerpo situado al lado de la bañera. Allí solo miraba a una chica con el pelo castaño y largo, hasta la cintura, de tez morena y ojos de color negro azabache. Alta y con apariencia de una chica de 16 años. Resoplé angustiada, pues esa era la imagen de una chica comprada a base de muestras de cariño materialistas por parte de su madre, que no se preocupaba de sus problemas, pues pensaba que su hija tenía de todo. Yo no lo creía así, me faltaba algo, felicidad. Entré en la bañera. De allí a 10 minutos salí del baño. Me vestí formalmente para el Señor Sorath y bajé a desayunar. Lo haría sola, por que mi madre trabajaba. Pocos minutos después de mi desayuno, llegó el señor Sorath.
-Buenos días tenga usted, señorita Loren.
-Buenos días Calthia.
Calthia, una sirviente contratada por mi madre exclusivamente para mi, era lo más parecido a una amiga en aquella enorme casa. Ella, una mujer de 61 años, más bien rechoncha y el pelo atado en un moño, era de carácter risueño y alegre. Siempre había cuidado de mí y, en los 14 años compartidos con ella, había aprendido mis inservibles buenos modales y mi visión anti-materialista del mundo.
Me tendió mi albornoz y me acompañó al baño, donde el agua de la bañera me esperaba a la temperatura ideal y con la cantidad exacta de sales. Se fue dejándome sola. Yo me quedé allí, mientras escuchaba a Calthia hacer la cama y poner en mi mini-cadena a Mozart, uno de mis compositores preferidos. Odiaba tanta perfección.
Me desvestí, quitándome el albornoz, seguido de mi pijama. Minutos antes de meterme en mi baño, observé mi reflejo en el gran espejo de cuerpo situado al lado de la bañera. Allí solo miraba a una chica con el pelo castaño y largo, hasta la cintura, de tez morena y ojos de color negro azabache. Alta y con apariencia de una chica de 16 años. Resoplé angustiada, pues esa era la imagen de una chica comprada a base de muestras de cariño materialistas por parte de su madre, que no se preocupaba de sus problemas, pues pensaba que su hija tenía de todo. Yo no lo creía así, me faltaba algo, felicidad. Entré en la bañera. De allí a 10 minutos salí del baño. Me vestí formalmente para el Señor Sorath y bajé a desayunar. Lo haría sola, por que mi madre trabajaba. Pocos minutos después de mi desayuno, llegó el señor Sorath.
martes, 8 de marzo de 2011
Mundo materialista. Una historia que acabo de empezar.
Capítulo 1. Despertar-
Otro día igual. El despertador volvería a sonar otra vez a la misma hora y con el mismo sonido irritante con el que te despertaba. Como de costumbre no había dormido bien, así que en cuanto sonó ese asqueroso aparato lo apagué de inmediato. Las 9:30. Me desperté para acudir a clases, bueno, las clases acudían a mí. Mi madre soltera, ( mi padre nos abandonó recién nacida yo ) había rechazado la posibilidad de que su hija, Johanna Loren, en resumen yo, acudiera a un instituto normal, con gente normal y con los problemas típicos de la edad.
-¿Cómo se puede preguntar eso siquiera?- me había sermoneado- Eres la hija de una de las mayores diseñadoras internacionales, ¿ y me preguntas si puedes ir al instituto?
- Solo quiero algo distinto madre. - le había reprochado.
Ella se limitó a articular un gesto de desaprobación y llamar a su secretaria, la Señorita Cole, para que me quitara de su vista.
Despreciable, esa era la palabra que mejor definía a mi madre. Despreciable y materialista, pues solo se preocupaba de obtener objetos inanimados y de gran valor en las subastas, que organizaba mi rico tío. No era momento de pensar en eso, el Señor Sorath llegaría pronto a mi mansión y se dispondría a darma parte de la 2º Guerra Mundial y a impartirme las incomprensibles matemáticas.
Otro día igual. El despertador volvería a sonar otra vez a la misma hora y con el mismo sonido irritante con el que te despertaba. Como de costumbre no había dormido bien, así que en cuanto sonó ese asqueroso aparato lo apagué de inmediato. Las 9:30. Me desperté para acudir a clases, bueno, las clases acudían a mí. Mi madre soltera, ( mi padre nos abandonó recién nacida yo ) había rechazado la posibilidad de que su hija, Johanna Loren, en resumen yo, acudiera a un instituto normal, con gente normal y con los problemas típicos de la edad.
-¿Cómo se puede preguntar eso siquiera?- me había sermoneado- Eres la hija de una de las mayores diseñadoras internacionales, ¿ y me preguntas si puedes ir al instituto?
- Solo quiero algo distinto madre. - le había reprochado.
Ella se limitó a articular un gesto de desaprobación y llamar a su secretaria, la Señorita Cole, para que me quitara de su vista.
Despreciable, esa era la palabra que mejor definía a mi madre. Despreciable y materialista, pues solo se preocupaba de obtener objetos inanimados y de gran valor en las subastas, que organizaba mi rico tío. No era momento de pensar en eso, el Señor Sorath llegaría pronto a mi mansión y se dispondría a darma parte de la 2º Guerra Mundial y a impartirme las incomprensibles matemáticas.
La nueva!
Hola! Soy nueva en esto de los blogs. Pongo esta entrada para presentarme y para explicar brevemente de que va a tratar mi blog.
- Soy una chica alta, morena y con los problemas típicos de la edad. Así se llama mi blog por que crei conveniente crear un sitio donde la gente se pueda conocer y compartir sus problemas. Así entre todos nos podremos ayudar. Ademas este blog es para compartir mi música, mis aficciones y mis historias ^^. Me gusta el manga, cantar, bailo desde que era muy pequeña y me chifla conocer gente! ^^
- Soy una chica alta, morena y con los problemas típicos de la edad. Así se llama mi blog por que crei conveniente crear un sitio donde la gente se pueda conocer y compartir sus problemas. Así entre todos nos podremos ayudar. Ademas este blog es para compartir mi música, mis aficciones y mis historias ^^. Me gusta el manga, cantar, bailo desde que era muy pequeña y me chifla conocer gente! ^^
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