Estuvimos un buen rato haciendo tiempo, conversando y comentando jugadas graciosas. Poco a poco, la preocupación que sentía al saber que Athiel podría llegar en cualquier momento, me inquietaba menos. Decidí bajar la guardia y pasármelo bien. Estaba sumida en mis pensamiento cuando Pablo me preguntó:
- Y tú... ¿ De dónde viene? Quiero decir, dijiste que eras extranjera.
Tragué saliva.
- Bueno... yo, la verdad...Yo... Vengo de un pueblo cercano a un río enterrado entre colinas... ¿ Lo conocéis ?
Mentí y comencé a ponerme nerviosa. No podía decirles de dónde venía realmente, mi pasado oscuro debía quedarse enterrado en mi memoria.
- " ¿Cuánto tiempo vas a estar mintiendo a los que te rodean... mintiéndote a ti misma?"
- Cállate... - Susurré.
- ¡ Bueno ! A mi realmente me suena, creo que es dónde se hacen las carreras de canoas. ¿ No es cierto Chusa? - Comentó Isaac.
- Sí... algo así tengo oído. Creo que además de esas carreras, anualmente se celebra una competición de pesca.
Sonreí a todo el grupo y pasé una mirada por encima. Pablo me miraba muy seriamente, sin decir nada. Cuándo le miré a los ojos, éste desvió su mirada. Me preocupé.
- ¡ Oye ! No es por nada, pero chica, tu vestido está algo sucio y demacrado; yo hoy iba a ir de compras con una amiga, pero a última hora me dejó plantada. ¿ Te apetece ir conmigo ? - Preguntó Chusa.
- Claro... ¿ Por qué no? - Sonreí.
- ¡ Eh eh ! Yo también quiero ir... - Gritó Pablo, su sonrisa había vuelto.
- Aaaah no, sólo chicas. - le espetó Chusa guiñándome un ojo.
Todo el grupo comenzó a reir y Pablo se sonrojo levemente, aun que también acabó riéndose. Chusa se levantó y me cogió por el brazo, levantándome con ella. Se despidió junto conmigo de todo el grupo y salimos a la carrera a la calle. Cuándo estuvimos fuera, Chusa me miró de arriba a abajo y dijo:
- Un estilo campero quizás te quede bien. Sígueme, conozco un lugar dónde comprar ropa preciosa y barata.
Me condujo a lo largo de la calle hasta detenernos enfrente de una tienda que se llamaba: "La pequeña". Me resultó extraño y emocionante entrar en una tienda que su título no fuera D&G ni Mango. Entramos y perdí de vista a Chusa, ésta iba saltando de camiseta en camiseta, de pantalón en pantalón sin cesar. Me uní a ella y acabé con los brazos llenos de perchas, de las cuales colgaban numerosas prendas de ropa de todo tipo. Chusa me empujó al interior de un vestuario y me ordenó que me lo probase todo.
- Yo también voy a probarme unas cosas, ¡cuándo tengas algo puesto avísame y te aconsejaré!
- Es...Es...Está bien... - Tartamudeé al colocar, agarrada con las manos, una minifalda delante de la cara. - ¿No será ropa muy provocativa?
- No, en absoluto. Tu ponte la ropa y luego hablamos. - se rió por lo bajo.
A decir verdad, este nuevo tipo de ropa me sentaba mejor que los caros vestido y trajes de los que contaba en mi anterior casa. Al final, ni Chusa ni yo pudimos elegir y nos lo llevamos todo. En total fueron 10 camisetas , 3 faldas y 5 pantalones. Suspiré al ver que el dinero que llevaba había desaparecido.
- " Tendrás que trabajar". - Apuntó Ruusu.
- No me digas... - Alcé la voz.
- ¿ Qué ? - Chusa me miraba con cara de estupefacción.
- Ah... nada nada. - Agité una mano delante de la cara e hice un gesto de indiferencia.
- ¿ Dónde vas a dormir? Por que si no tienes cama, puedes venir conmigo.
- Eres muy amable, pero... Ya tengo dónde dormir, muchas gracias.
En ese momento pensé en Athiel y me mordí la lengua. No podía huir de mis problemas, así que volvería a "La Gautrais" y hablaría del tema con Athiel. Me despedí de Chusa dándole las gracias por una tarde inolvidable y me coloqué enfrente del pequeño portal de la casa. El sol se estaba poniendo y proporcionaba unas sombras tenebrosas a la casa. Pude observar a Vanesa aparcada en el garaje. Suspiré y abrí el portal. Anduve el pequeño camino de gravilla y me coloqué enfrente de la puerta. Iba a petar cuándo Athiel me abrió la puerta, quedándose allí, impasible con los ojos rojos e hinchados de llorar.
- Pasa... - me dijo cogiéndome las bolsas de la compra.
- Gracias...
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