Entré en el salón. Athiel mantenía la casa oscura, seguramente para no ver su reflejo demacrado por el dolor. Me senté en el sillón con aire de superioridad e indiferencia. Me mantuve inmóvil mientras Athiel se dejaba caer en el otro sillón. Entrelazó las manos delante de la cara y se encorvó para poder apoyar los codos en las rodillas. Suspiró y pude ver como una pequeña lágrima caía de su ojo, hundió la cabeza entre sus manos. Comenzó a sollozar e intenté mantenerme firme, sin mostrar sentimiento.
- " ¿ No vas a hacer nada ? " - Inquirió Ruusu.
Esa fue la gota que colmó el vaso. Me dolía ver a una persona tan fuerte y tan jovial como Athiel así. Por ese motivo me sitúe en el brazo del sillón, sentada con las piernas cruzadas. Le abracé la cabeza y se la conduje a mis piernas, a la altura de las rodillas, para que la pudiera apoyar. Sentí como sus lágrimas me mojaban la piel. Sus grandes brazos me abrazaron y cambió de posición, apoyando su cabeza en mi hombro. Le acaricié el pelo mientras el susurraba entre sollozos que le perdonara.
- No... no sé por qué lo hice... Perdóname... Lo siento... Lo siento...
- Ya está... Lo echo, echo está, no puedes culparte por enfadarte ante el rechazo de la persona que amas.
Levantó la cabeza lentamente hasta colocarla enfrente de la mía. Me acarició el pelo y me apartó un mechón de la cara.
- Esta noche pienso... pienso que es mejor que la pases fuera... Yo... si te quedas, no voy a poder controlarme...
- Eso tenía pensado, venía para avisarte de que no iba a dormir aquí.
El asintió y se levantó, acto seguido abrió la puerta y me hizo un gesto amable y cordial para que saliera. Eso mismo hice, recogiendo antes mis bolsas. Afuera estaba comenzando a llover. Me giré para verle una última vez:
- Hay un hostal a la vuelta de la esquina... Cuando esté mejor... Hablaremos... ¿ Vale ?
Le sonreí y me fui. La noche se mostraba oscura, pero iluminada al mismo tiempo por miles y miles de pequeños puntos dorados, allí, en lo alto. Aspiré la brisa de la noche que chocaba contra mi fina piel y noté el frío tanto de una gota.
- " Debes darte prisa. "
Asentí y comencé a caminar. Salí de la finca y me encaminé hacía dónde me había señalado Athiel. Me detuve a pocos metros antes de llegar. Una figura alta a a causa de un tupé me hacía señas desde la otra punta de la carretera. Le devolví el saludo y corrí hacía el. El me acogió entre sus brazos en un amplio abrazo.
- ¿ Qué haces aquí fuera? - Preguntó Pablo.
- Buscar dónde dormir...
- Chusa me dijo que ya tenías cama.
- ¡ Lo sé ! Pero en el último momento, pues esa persona que me iba a acoger... bueno, digamos que tuvo un impedimento.
- Ah... entiendo. - Se quedó triste mirándome. - ¡ Bueno no pasa nada ! Te vienes conmigo.
Al tiempo que decía eso me agarraba de la mano y tiraba de mí.
- ¡Cambias de humor tan rápido que me pierdo! - Logré decir entre jadeos.
Corrimos hasta llegar a un edificio alto. Entramos y subimos hasta el 9.B. Una vez enfrente de la puerta, Pablo introdujo la llave y entramos. No se molestó en encender las luces, pero si en llevarme hasta la habitación, tirarme en la cama y quedarse mirándome. Me extrañó ese comportamiento, y cuándo comence a hablar me cortó con un gesto:
- ¿ Por qué mentiste ?
Abrí los ojos y luego bajé la vista.
- Porque tengo...tengo...un pasado muy oscuro y no me alegro de ninguna de mis acciones pasadas.
- Bueno... No se puede vivir en el pasado.
- Lo sé, pero cometí un grave error.
- Mira, somos humanos, nos equivocamos...demasiadas veces, pero aprendemos de esos errores. ¿ O no ? - me miró de arriba a abajo. - Lo que hayas echo o dejaras de hacer, no me importa. Solo quiero que no me vuelvas a mentir, por que sé perfectamente que no hay ningún pueblo a la vera del río, y los otros no tardarán en descubrirlo.
- Entiendo...
- Lo único que te pido. - dijo poniéndose de rodillas. - Es que me seas sincera y por favor, sé mi amiga.
Me sorprendió esa petición.
- Cla-
- ¿¡ Sabes lo que implica ser amigos !? - Me cortó. - Significa estar siempre juntos, sernos sinceros, querernos, compartirlo todo, a pesar de que eso esa malo... ¡ Da igual ! Solo quiero ser tu amigo.
- ¿ A pesar de mi pasado oscuro... ? De mi locura...
- Mira, solo estas loca, mal de la cabeza, llena de problemas de la edad, vaga y un poco estúpida ,pero solo lo justo.
- Pe-
- Pero, pero . - Me volvió a cortar. - Las mejores personas lo están, y tu eres una de esas personas...
- Las mejores personas lo están. - susurré de modo que casi no se me oyese. - Tu también eres una de esas personas...
Mientras lo decía rompía a llorar. Pablo me miró a los ojos, ladeó la cabeza y me abrazó. Comenzamos a movernos hacía los lados hasta que, sin darnos cuenta nos caímos los dos de lado en la cama, abrazados. Lo último que recuerdo es que antes de quedarme dormida en sus brazos, susurré de nuevo:
- Las mejores personas lo están...
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