Abrí los ojos lentamente. La claridad que se adentraba entre las ranuras de la persiana del piso de Pablo me cegaron. Los cerré y nuevamente intenté abrirlos. Noté un peso que rodeaba mi cadera y una respiración en mi nuca. Me giré lentamente y allí estaba Pablo, abrazado a mi y con cara de ángel mientras suspiraba en sueños. Sonreí ante aquella imagen de ternura e inocencia. Le agarré el brazo y poco a poco se lo fui retirando de mi cadera, cuándo casi le había posado el brazo en el colchón opuso resistencia y me abrazó con tanta fuerza la barriga que me quedé sin aire. Bostezó:
- Mmmm... Buenos días...
- Buenos días.
Sonrió de manera vaga y se fue incorporando sin quitar la mano de mi cintura. Suspiró, me miró a los ojos y volvió a bostezar. Solté una risita y él sonrió de nuevo.
- Vayamos a desayunar, tengo hambre. - Dijo entre bostezos.
- Yo también tengo bastante hambre.
Pablo se levantó antes y se fue a la cocina a preparar el desayuno. No tardé mucho en seguirlo. Con la luz del día, la casa de Pablo quedaba visible. Lo que me esperaba, estilo moderno y retro, con un gran póster de Lady Gaga en el salón. Torcí el gesto y escuché que Pablo canturreaba Telephone, de la artista antes mencionada.
- " Ahora lo comprendo todo...". - Apuntó de forma pasiva Ruusu.
Sonreí y me acerqué a Pablo acompañándolo en su melodía. Me indicó que me sentara a esperar por el desayuno, se lo agradecí y obedecí. Poco tiempo tardó en posar delante mía un café bien cargado.
- Pero... ¿ Por qué tanto café ? - Pregunté incrédula.
- La fiesta de Sergio, necesitaremos energías. - Dijo mirándome por encima de su taza.
- Es verdad... No le compré nada ayer.
- Aaaah, no te preocupes por eso. Nadie le va a comprar nada. Él afirmó que no quería regalos, simplemente asistencia.
- Ah bueno, pues estupendo entonces. - dije sonriendo.- Mientras sólo pida eso.
Pablo soltó una carcajada y me miró ladeando la cabeza. Acto seguido volvió a reírse.
- ¿ Qué pasa ? - le pregunté con una sonrisa contagiada por su risa.
- Tú...tú... - No podía hablar, simplemente señalaba a mi pelo.
Me levanté y utilicé un pequeño espejo de la entrada. Con razón no paraba de reírse, decir que tenía pelos de bruja loca era decir poco. Volví trotando a la cocina y le propiné un golpe cariñoso en la cabeza. ese gesto lo único que provocó fue más risas.
- Pues deberías ver tu tupé. - le informé con indignación.
- ¿¡ Qué ?! Mi tupé... ¿ Qué le pasa ?
- Tranquilo... sólo esta un poco... extraño.
Pude ver como Pablo corría rápidamente en dirección al espejo dónde anteriormente me había mirado. Escuché un alarido de dolor. Me levanté dejando mi taza atrás. Vi cruzar delante mía a un Pablo alporizado que no dejaba de peinarse el tupé, se dirigía al baño. Le seguí.
- Oh vamos, no está tan mal...
- Está horrible... - se lamentó Pablo con una lágrima asomándole a los ojos.
No pude evitarlo y me eché a reír. El cabreado e indignado cogió su bote de gomina y me embadurnó de ese pegajoso y horrible producto.
- Arrrrgh....
- Te fastidias, por haberte reído de mí.
- ¡Empezaste tú!
Me miró con indignación y se rió. Le sonreí y me adentré en el baño con él a arreglarme un poco. Cuándo ambos terminamos, salimos, nos terminamos el desayuno y con la energía nuevamente adquirida corrimos a prepararnos para el día.
- ¿Cuándo empieza la fiesta?
- Dentro de 1 hora... - comentó Pablo.
- Qué raro, tan pronto...
- No es que empiece, es que hay que preparar la sorpresa que le tenemos planeada.
- Aaaah, entiendo. - terminé la conversación con un pulgar levantado a modo de afirmación.
Él levantó el suyo y se adentró en el baño, con ropa en mano para ducharse y cambiarse. Esperé sentada en la cama mirando el cuchillo homicida. Lo paseaba entre mis manos, aún tenía sangre. Suspiré y una lágrima corrió por mi mejilla. Escuché cómo Pablo abría la puerta del baño y escondí de nuevo el cuchillo. Repetí las acciones de Pablo, es decir, me duché y me cambié, escondiendo el arma entre mi ropa sucia. Ambos listos bajamos a la calle en ascensor, nos encaminamos comentado diversos asuntos hacía dónde deberíamos preparar la sorpresa. Él iba con un pantalón pitillo de color negro y una camisa blanca con un chaleco negro, a la par con él, yo llevaba una falda negra con encaje y una camiseta de asas, ambas prendas de color negro. El establecimiento era conocido como " El alfriche ". Tenía buena pinta. Al entrar me encontré con gente conocida y gente nueva, que se fue preparando. Rápidamente me pusieron a trabajar y todos comenzamos a colaborar. Noté una mirada en mi nuca, me giré. Nadie se había percatado de mi presencia, nadie en especial .
- " Imaginaciones tuyas... " - Pensamos Ruusu y yo al unísono.
Queremos más yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!
ResponderEliminar-Chusa y Pablo
que majos! ♥ todo lo que querais! ^^
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