Nekitos

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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Limpieza.

Su gesto me resultó muy cómico. Le dí las gracias entre risas y me enganché en su brazo. El me condujo hasta la entraba, rústica, con una pequeña elevación a la que se debía acceder por unos peldaños de madera. Al subirlos, la madera crujía a causa de nuestro peso. La elevación conducía a  un porche a modo de terraza dónde había un  par de sillas y una mesa redonda de exterior. Todos los muebles de madera, con animales tallados. Los señalé y abrí la boca para hablar pero el me leyó el pensamiento.

- Los decoré yo, con una navaja que tengo desde hace mucho tiempo. Me la regaló mi mejor amigo en el orfanato.

Vi como su cara se oscurecía y cambié de tema preguntándole acerca de la puerta. Ésta era alta y de madera. Tenía una mosquitera infestada de insectos.

- Con el calor los mosquitos se reproducen  mas rápidamente.

Le sonreí y el sacó una llave de su bolsillo. La introdujo y abrió las 2 capas de la gran puerta. Hizo un gesto para que pasara delante. Al entrar, me encontré la mítica casa country, con un toque rústico. Alfombras de piel de vaca adornaban el suelo, y tanto paredes, como suelo y muebles era de madera caoba. El decorado se basada en armas de fuego, fotos y algunas flores secas a causa de la falta de agua. Estaba echo un desastre, llenó todo de polvo y algunas cosas tiradas por el suelo. El se giró hacía mi y me sonrió. Comenzó a recoger cosas y yo le eché una mano quitando las flores marchitas. Acto seguido me pasó un paño y entre los 2 quitamos el viejo polvo que se había adueñado de la estancia. Cuándo terminamos, ambos nos sentamos en uno de lo sofás, delante de la tele, y encontré a Athiel muy nervioso. Jugueteaba con el paño entre las manos y lo arrugaba:

- Quiero ir despacio... pero me cuesta...

- ¿ Perdona ?

- Tú y yo... a eso me refiero. Me gustas mucho... y el otro día a la noche me pasé mucho...

- Ah... eso. No pienses en eso ahora, ya hablaremos más tarde. Fijo que no sólo el salón-comedor está sucio.

Él me miró y asintió. Me condujo a la cocina, dónde limpiamos y acto seguido al resto de la casa. Acabamos y fuimos a la habitación de invitados, dónde me dejó sola. Cuándo salió por la puerta y la cerró, lo primero que hice fue quitarme la bota. Estaba toda ensangrentada. Me quité el calcetín pegado a la herida a causa de la sangre y se me saltaron las lágrimas. No era muy profunda y se había secado la sangre, así pues, había dejado de sangrar. Cogí el cuchillo junto con el calcetín y metí ambos debajo del colchón. Me quite la otra bota y el otro calcetín para no llamar la atención y volví a junto Athiel, con la excusa en mente de que en el lago, como estaba todo oscuro, me había rascado con una piedra. Athiel nada más mirarme, me cogió en colo y me llevó al sofá, donde me hizo una cura y acto seguido me vendó el tobillo. El me miró a los ojos, y comenzó a hablar:

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