Tras ese cuarto de hora aproximado de Athiel llegamos a un puente. El chico, todo despeinado a causa del viento, frenó lentamente hasta llegar a una velocidad casi nula al borde del puente. Le miré y el señaló con la cabeza hacía delante. Posé mis ojos mas allá de su cara y , desde nuestra posición pude ver como una muralla, antigua, alargada y construida con grandes bloques de piedra, gastada a causa del tiempo y años a la intemperie. Algunos rasgos y marcas en la pared la delataron.
- " Debe ser románica... " - Pensé.
- "" Bingo "" - Apuntó Ruusu. - "" ¡ Qué bien se conserva ! ""
Suspiré y le pregunté a Athiel que escondían esas murallas.
- En este paraje dónde hace calor y pocas veces llueve, los edificios no pueden ser muy altos.
- ¿ Qué quieres decir ?
- Hemos llegado a la ciudad Aspir, aun que no te lo creas. - Se rió por lo bajo.
Asentí y me encogí de hombros. Sonreí. Él aceleró y se puso en marcha reducida para cruzar el gran puente, que por su aspecto, era de la misma época y arquitectura que la muralla. Cuándo estuvimos en el otro lado, pude ver que en el centro de aquel gran muro había un portón, grande. Con columnas de piedra a ambos lados de la puerta principal, que lucía bisagras de hierro pulido y puertas de madera nueva.
- " La debieron de restaurar hace poco... " - Me informó Ruusu.
Asentí débilmente y Athiel aceleró para cruzar el portón. Una vez dentro, el paisaje parecía de ensueño. Viejas y grandes casas se arremolinaban unas al lado de otras. A ambos lados de lo que parecía la carretera general, que era un camino ancho de gravilla. De este camino salían varias intersecciones que se adentraban en lo que parecían pequeños caminos que llevaban a uno por entre las casitas que allí se encontraban. La gente barría los porches, otros jugaban a las cartas, o otros simplemente se dedicaban a hacer compras o a pasar el rato y soportar el calor. Me quedé boquiabierta.
- No te dejes engañar, en el fondo esta ciudad tiene lo que sería la mejor tecnología y ropajes de por aquí. - Me comentó Athiel.
Cruzamos la calle principal hasta una intersección donde ponía: " La Gautrais" , un nombre en francés. Giró la moto y nos guió por esa intersección a velocidad mínima de nuevo, hasta el portal de madera tallada de una casa. La casa era grande, de tejado de ladrillo y paredes de madera. Lucía orgullosa un verde jardín con algunas zonas un tanto amarillentas. Algunos árboles frutales se dejaban ver tímidamente entre la alta hierba.
- Tengo que limpiarlo todo, llevo tiempo fuera. - Dijo Athiel bajándose de la moto para abrir el portal.
- Te ayudaré, es lo único que puedo hacer a cambio de lo que haces tú. - Respondí sonriendo.
Él torció el gesto, pero acabó asintiendo. Se volvió a montar y condujo hasta el garaje de piedra que se situaba en el borde de la finca. Nos adentramos en la oscura estancia y nos bajamos de la moto. Al bajar de la moto, note el frío metal del cuchillo rozarme la piel, acto seguido comencé a notar mojado por la zona que había pasado éste. Fruncí el ceño. Athiel se me había quedado mirando y yo sacudí la cara y le sonreí, diciéndole como excusa que mis botas estabas echas una porquería a causa del humo del camino. El se rió débilmente y me hizo un gesto para que me acercara. Lo hice y él extendió los brazos.
- ¡¡ Bienvenida a La Gautrais !!
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