Nekitos

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miércoles, 9 de marzo de 2011

continuidad del capítulo 1. Despertar

Suspiré agobiada. Me levanté pesadamente de mi cama matrimonial haciendo a un lado las caras sábanas de seda. Alguien irrumpió en mi habitación tan rápidamente como le permitían sus piernas y abrió la ventana, haciendo que una leve brisa inundase toda la estancia.

-Buenos días tenga usted, señorita Loren.
-Buenos días Calthia.

Calthia, una sirviente contratada por mi madre exclusivamente para mi, era lo más parecido a una amiga en aquella enorme casa. Ella, una mujer de 61 años, más bien rechoncha y el pelo atado en un moño, era de carácter risueño y alegre. Siempre había cuidado de mí y, en los 14 años compartidos con ella, había aprendido mis inservibles buenos modales y mi visión anti-materialista del mundo.
Me tendió mi albornoz y me acompañó al baño, donde el agua de la bañera me esperaba a la temperatura ideal y con la cantidad exacta de sales. Se fue dejándome sola. Yo me quedé allí, mientras escuchaba a Calthia hacer la cama y poner en mi mini-cadena a Mozart, uno de mis compositores preferidos. Odiaba tanta perfección.
Me desvestí, quitándome el albornoz, seguido de mi pijama. Minutos antes  de meterme en mi baño, observé mi reflejo en el gran espejo de cuerpo situado al lado de la bañera. Allí solo miraba a una chica con el pelo castaño y largo, hasta la cintura, de tez morena y ojos de color negro azabache. Alta y con apariencia de una chica de 16 años. Resoplé angustiada, pues esa era  la imagen de una chica comprada a base de muestras de cariño materialistas por parte de su madre, que no se preocupaba de sus problemas, pues pensaba que su hija tenía de todo. Yo no lo creía así, me faltaba algo, felicidad. Entré en la bañera. De allí a 10 minutos salí del baño. Me vestí formalmente para el Señor Sorath y bajé a desayunar. Lo haría sola, por que mi madre trabajaba. Pocos minutos después de mi desayuno, llegó el señor Sorath.

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