Entré en el salón. Athiel mantenía la casa oscura, seguramente para no ver su reflejo demacrado por el dolor. Me senté en el sillón con aire de superioridad e indiferencia. Me mantuve inmóvil mientras Athiel se dejaba caer en el otro sillón. Entrelazó las manos delante de la cara y se encorvó para poder apoyar los codos en las rodillas. Suspiró y pude ver como una pequeña lágrima caía de su ojo, hundió la cabeza entre sus manos. Comenzó a sollozar e intenté mantenerme firme, sin mostrar sentimiento.
- " ¿ No vas a hacer nada ? " - Inquirió Ruusu.
Esa fue la gota que colmó el vaso. Me dolía ver a una persona tan fuerte y tan jovial como Athiel así. Por ese motivo me sitúe en el brazo del sillón, sentada con las piernas cruzadas. Le abracé la cabeza y se la conduje a mis piernas, a la altura de las rodillas, para que la pudiera apoyar. Sentí como sus lágrimas me mojaban la piel. Sus grandes brazos me abrazaron y cambió de posición, apoyando su cabeza en mi hombro. Le acaricié el pelo mientras el susurraba entre sollozos que le perdonara.
- No... no sé por qué lo hice... Perdóname... Lo siento... Lo siento...
- Ya está... Lo echo, echo está, no puedes culparte por enfadarte ante el rechazo de la persona que amas.
Levantó la cabeza lentamente hasta colocarla enfrente de la mía. Me acarició el pelo y me apartó un mechón de la cara.
- Esta noche pienso... pienso que es mejor que la pases fuera... Yo... si te quedas, no voy a poder controlarme...
- Eso tenía pensado, venía para avisarte de que no iba a dormir aquí.
El asintió y se levantó, acto seguido abrió la puerta y me hizo un gesto amable y cordial para que saliera. Eso mismo hice, recogiendo antes mis bolsas. Afuera estaba comenzando a llover. Me giré para verle una última vez:
- Hay un hostal a la vuelta de la esquina... Cuando esté mejor... Hablaremos... ¿ Vale ?
Le sonreí y me fui. La noche se mostraba oscura, pero iluminada al mismo tiempo por miles y miles de pequeños puntos dorados, allí, en lo alto. Aspiré la brisa de la noche que chocaba contra mi fina piel y noté el frío tanto de una gota.
- " Debes darte prisa. "
Asentí y comencé a caminar. Salí de la finca y me encaminé hacía dónde me había señalado Athiel. Me detuve a pocos metros antes de llegar. Una figura alta a a causa de un tupé me hacía señas desde la otra punta de la carretera. Le devolví el saludo y corrí hacía el. El me acogió entre sus brazos en un amplio abrazo.
- ¿ Qué haces aquí fuera? - Preguntó Pablo.
- Buscar dónde dormir...
- Chusa me dijo que ya tenías cama.
- ¡ Lo sé ! Pero en el último momento, pues esa persona que me iba a acoger... bueno, digamos que tuvo un impedimento.
- Ah... entiendo. - Se quedó triste mirándome. - ¡ Bueno no pasa nada ! Te vienes conmigo.
Al tiempo que decía eso me agarraba de la mano y tiraba de mí.
- ¡Cambias de humor tan rápido que me pierdo! - Logré decir entre jadeos.
Corrimos hasta llegar a un edificio alto. Entramos y subimos hasta el 9.B. Una vez enfrente de la puerta, Pablo introdujo la llave y entramos. No se molestó en encender las luces, pero si en llevarme hasta la habitación, tirarme en la cama y quedarse mirándome. Me extrañó ese comportamiento, y cuándo comence a hablar me cortó con un gesto:
- ¿ Por qué mentiste ?
Abrí los ojos y luego bajé la vista.
- Porque tengo...tengo...un pasado muy oscuro y no me alegro de ninguna de mis acciones pasadas.
- Bueno... No se puede vivir en el pasado.
- Lo sé, pero cometí un grave error.
- Mira, somos humanos, nos equivocamos...demasiadas veces, pero aprendemos de esos errores. ¿ O no ? - me miró de arriba a abajo. - Lo que hayas echo o dejaras de hacer, no me importa. Solo quiero que no me vuelvas a mentir, por que sé perfectamente que no hay ningún pueblo a la vera del río, y los otros no tardarán en descubrirlo.
- Entiendo...
- Lo único que te pido. - dijo poniéndose de rodillas. - Es que me seas sincera y por favor, sé mi amiga.
Me sorprendió esa petición.
- Cla-
- ¿¡ Sabes lo que implica ser amigos !? - Me cortó. - Significa estar siempre juntos, sernos sinceros, querernos, compartirlo todo, a pesar de que eso esa malo... ¡ Da igual ! Solo quiero ser tu amigo.
- ¿ A pesar de mi pasado oscuro... ? De mi locura...
- Mira, solo estas loca, mal de la cabeza, llena de problemas de la edad, vaga y un poco estúpida ,pero solo lo justo.
- Pe-
- Pero, pero . - Me volvió a cortar. - Las mejores personas lo están, y tu eres una de esas personas...
- Las mejores personas lo están. - susurré de modo que casi no se me oyese. - Tu también eres una de esas personas...
Mientras lo decía rompía a llorar. Pablo me miró a los ojos, ladeó la cabeza y me abrazó. Comenzamos a movernos hacía los lados hasta que, sin darnos cuenta nos caímos los dos de lado en la cama, abrazados. Lo último que recuerdo es que antes de quedarme dormida en sus brazos, susurré de nuevo:
- Las mejores personas lo están...
Nekitos
viernes, 28 de octubre de 2011
miércoles, 26 de octubre de 2011
¡Sólo chicas!
Estuvimos un buen rato haciendo tiempo, conversando y comentando jugadas graciosas. Poco a poco, la preocupación que sentía al saber que Athiel podría llegar en cualquier momento, me inquietaba menos. Decidí bajar la guardia y pasármelo bien. Estaba sumida en mis pensamiento cuando Pablo me preguntó:
- Y tú... ¿ De dónde viene? Quiero decir, dijiste que eras extranjera.
Tragué saliva.
- Bueno... yo, la verdad...Yo... Vengo de un pueblo cercano a un río enterrado entre colinas... ¿ Lo conocéis ?
Mentí y comencé a ponerme nerviosa. No podía decirles de dónde venía realmente, mi pasado oscuro debía quedarse enterrado en mi memoria.
- " ¿Cuánto tiempo vas a estar mintiendo a los que te rodean... mintiéndote a ti misma?"
- Cállate... - Susurré.
- ¡ Bueno ! A mi realmente me suena, creo que es dónde se hacen las carreras de canoas. ¿ No es cierto Chusa? - Comentó Isaac.
- Sí... algo así tengo oído. Creo que además de esas carreras, anualmente se celebra una competición de pesca.
Sonreí a todo el grupo y pasé una mirada por encima. Pablo me miraba muy seriamente, sin decir nada. Cuándo le miré a los ojos, éste desvió su mirada. Me preocupé.
- ¡ Oye ! No es por nada, pero chica, tu vestido está algo sucio y demacrado; yo hoy iba a ir de compras con una amiga, pero a última hora me dejó plantada. ¿ Te apetece ir conmigo ? - Preguntó Chusa.
- Claro... ¿ Por qué no? - Sonreí.
- ¡ Eh eh ! Yo también quiero ir... - Gritó Pablo, su sonrisa había vuelto.
- Aaaah no, sólo chicas. - le espetó Chusa guiñándome un ojo.
Todo el grupo comenzó a reir y Pablo se sonrojo levemente, aun que también acabó riéndose. Chusa se levantó y me cogió por el brazo, levantándome con ella. Se despidió junto conmigo de todo el grupo y salimos a la carrera a la calle. Cuándo estuvimos fuera, Chusa me miró de arriba a abajo y dijo:
- Un estilo campero quizás te quede bien. Sígueme, conozco un lugar dónde comprar ropa preciosa y barata.
Me condujo a lo largo de la calle hasta detenernos enfrente de una tienda que se llamaba: "La pequeña". Me resultó extraño y emocionante entrar en una tienda que su título no fuera D&G ni Mango. Entramos y perdí de vista a Chusa, ésta iba saltando de camiseta en camiseta, de pantalón en pantalón sin cesar. Me uní a ella y acabé con los brazos llenos de perchas, de las cuales colgaban numerosas prendas de ropa de todo tipo. Chusa me empujó al interior de un vestuario y me ordenó que me lo probase todo.
- Yo también voy a probarme unas cosas, ¡cuándo tengas algo puesto avísame y te aconsejaré!
- Es...Es...Está bien... - Tartamudeé al colocar, agarrada con las manos, una minifalda delante de la cara. - ¿No será ropa muy provocativa?
- No, en absoluto. Tu ponte la ropa y luego hablamos. - se rió por lo bajo.
A decir verdad, este nuevo tipo de ropa me sentaba mejor que los caros vestido y trajes de los que contaba en mi anterior casa. Al final, ni Chusa ni yo pudimos elegir y nos lo llevamos todo. En total fueron 10 camisetas , 3 faldas y 5 pantalones. Suspiré al ver que el dinero que llevaba había desaparecido.
- " Tendrás que trabajar". - Apuntó Ruusu.
- No me digas... - Alcé la voz.
- ¿ Qué ? - Chusa me miraba con cara de estupefacción.
- Ah... nada nada. - Agité una mano delante de la cara e hice un gesto de indiferencia.
- ¿ Dónde vas a dormir? Por que si no tienes cama, puedes venir conmigo.
- Eres muy amable, pero... Ya tengo dónde dormir, muchas gracias.
En ese momento pensé en Athiel y me mordí la lengua. No podía huir de mis problemas, así que volvería a "La Gautrais" y hablaría del tema con Athiel. Me despedí de Chusa dándole las gracias por una tarde inolvidable y me coloqué enfrente del pequeño portal de la casa. El sol se estaba poniendo y proporcionaba unas sombras tenebrosas a la casa. Pude observar a Vanesa aparcada en el garaje. Suspiré y abrí el portal. Anduve el pequeño camino de gravilla y me coloqué enfrente de la puerta. Iba a petar cuándo Athiel me abrió la puerta, quedándose allí, impasible con los ojos rojos e hinchados de llorar.
- Pasa... - me dijo cogiéndome las bolsas de la compra.
- Gracias...
- Y tú... ¿ De dónde viene? Quiero decir, dijiste que eras extranjera.
Tragué saliva.
- Bueno... yo, la verdad...Yo... Vengo de un pueblo cercano a un río enterrado entre colinas... ¿ Lo conocéis ?
Mentí y comencé a ponerme nerviosa. No podía decirles de dónde venía realmente, mi pasado oscuro debía quedarse enterrado en mi memoria.
- " ¿Cuánto tiempo vas a estar mintiendo a los que te rodean... mintiéndote a ti misma?"
- Cállate... - Susurré.
- ¡ Bueno ! A mi realmente me suena, creo que es dónde se hacen las carreras de canoas. ¿ No es cierto Chusa? - Comentó Isaac.
- Sí... algo así tengo oído. Creo que además de esas carreras, anualmente se celebra una competición de pesca.
Sonreí a todo el grupo y pasé una mirada por encima. Pablo me miraba muy seriamente, sin decir nada. Cuándo le miré a los ojos, éste desvió su mirada. Me preocupé.
- ¡ Oye ! No es por nada, pero chica, tu vestido está algo sucio y demacrado; yo hoy iba a ir de compras con una amiga, pero a última hora me dejó plantada. ¿ Te apetece ir conmigo ? - Preguntó Chusa.
- Claro... ¿ Por qué no? - Sonreí.
- ¡ Eh eh ! Yo también quiero ir... - Gritó Pablo, su sonrisa había vuelto.
- Aaaah no, sólo chicas. - le espetó Chusa guiñándome un ojo.
Todo el grupo comenzó a reir y Pablo se sonrojo levemente, aun que también acabó riéndose. Chusa se levantó y me cogió por el brazo, levantándome con ella. Se despidió junto conmigo de todo el grupo y salimos a la carrera a la calle. Cuándo estuvimos fuera, Chusa me miró de arriba a abajo y dijo:
- Un estilo campero quizás te quede bien. Sígueme, conozco un lugar dónde comprar ropa preciosa y barata.
Me condujo a lo largo de la calle hasta detenernos enfrente de una tienda que se llamaba: "La pequeña". Me resultó extraño y emocionante entrar en una tienda que su título no fuera D&G ni Mango. Entramos y perdí de vista a Chusa, ésta iba saltando de camiseta en camiseta, de pantalón en pantalón sin cesar. Me uní a ella y acabé con los brazos llenos de perchas, de las cuales colgaban numerosas prendas de ropa de todo tipo. Chusa me empujó al interior de un vestuario y me ordenó que me lo probase todo.
- Yo también voy a probarme unas cosas, ¡cuándo tengas algo puesto avísame y te aconsejaré!
- Es...Es...Está bien... - Tartamudeé al colocar, agarrada con las manos, una minifalda delante de la cara. - ¿No será ropa muy provocativa?
- No, en absoluto. Tu ponte la ropa y luego hablamos. - se rió por lo bajo.
A decir verdad, este nuevo tipo de ropa me sentaba mejor que los caros vestido y trajes de los que contaba en mi anterior casa. Al final, ni Chusa ni yo pudimos elegir y nos lo llevamos todo. En total fueron 10 camisetas , 3 faldas y 5 pantalones. Suspiré al ver que el dinero que llevaba había desaparecido.
- " Tendrás que trabajar". - Apuntó Ruusu.
- No me digas... - Alcé la voz.
- ¿ Qué ? - Chusa me miraba con cara de estupefacción.
- Ah... nada nada. - Agité una mano delante de la cara e hice un gesto de indiferencia.
- ¿ Dónde vas a dormir? Por que si no tienes cama, puedes venir conmigo.
- Eres muy amable, pero... Ya tengo dónde dormir, muchas gracias.
En ese momento pensé en Athiel y me mordí la lengua. No podía huir de mis problemas, así que volvería a "La Gautrais" y hablaría del tema con Athiel. Me despedí de Chusa dándole las gracias por una tarde inolvidable y me coloqué enfrente del pequeño portal de la casa. El sol se estaba poniendo y proporcionaba unas sombras tenebrosas a la casa. Pude observar a Vanesa aparcada en el garaje. Suspiré y abrí el portal. Anduve el pequeño camino de gravilla y me coloqué enfrente de la puerta. Iba a petar cuándo Athiel me abrió la puerta, quedándose allí, impasible con los ojos rojos e hinchados de llorar.
- Pasa... - me dijo cogiéndome las bolsas de la compra.
- Gracias...
miércoles, 12 de octubre de 2011
Sorpresa.
Me encaminé al pequeño camino que conducía a la carretera general. Miré hacía atrás, Athiel estaba observándome desde la puerta, hizo amago de querer detenerme, pero no le dí tiempo. Continué mi camino.
Ruusu no dejaba de acosarme a preguntas sobre el por qué de mi huida. Me sentí recelosa. ¿ Acaso tenía que compartirlo todo con ella? No... ¿ No había ningún modo de librarse de una voz que se encuentra en tu cabeza? Sentí un escalofrío, pero no me detuve. Cuándo salí a la carretera general, oí el ruido del motor de la moto y, temerosa de que intentase seguirme, corrí y me metí en el primer establecimiento que vi. Resultó ser un bar. A pesar de haber entrado tan bruscamente, nadie se percató de mi presencia. Lancé una mirada por encima de toda la gente que se encontraba allí y me fijé en que un chico, que se encontraba en un grupo de amigos, me estaba mirando. Éste me sonrió y se levantó, caminando hacía mi. Sus amigos no se percataron de su repentina desaparición.
- Eh... ¿ Te encuentras bien ? - Dijo cuando estuvo a mi lado.
- Perfectamente... Solo es que afuera hace mucho calor y me moría por encontrar sombra.- Mentí.
El torció la cabeza y puso una cara divertida, acto seguido ambos soltamos una pequeña risa.
- Estás loca.
- No eres el primero que me lo dice.
- Jajaja, bueno, me voy a presentar. Me llamo Pablo, y vivo aquí desde que soy pequeño, tengo 17 años.
- ¡ Cuántos datos! No tenías por que decirme tanto. - Dije. Me sorprendió la manera en que se encogió de brazos. - Mi nombre es... Johana. Soy extrajera y tengo 15 años.
Le sonreí y mi sonrisa fue correspondida. Su sonrisa era amplia y muy reconfortante. Tenía los ojos de color negro y rasgados, su pelo era oscuro y lucía un peinado que desafiaba las leyes de la gravedad. Era muy alto y corpulento. Iba vestido con vaqueros ajustados de color negro y una camiseta de marca. En la mano llevaba una bolsa con golosinas.
- Ah... ¿ Quieres una ?
- ¡Vale!- Cuanta naturalidad tenía ese chico.
Me tendió una golosina y cuándo me la metí en la boca me agarró del brazo y me llevó a a junto sus amigos.
- Hola chicos, esta es Johana. Al parecer, no tiene planes, y es muy agradable. ¿ Qué decís ?
- ¡Que se quede! - Gritaron al unísono.
El grupo estaba formado por gente de todo tipo, aun que me fijé que solo había una chica, de pelo largo y castaño, ondulado y recogido en una coleta alta. Tenía los ojos color miel y grandes, muy bonitos. Era ligeramente baja y lucía un vestido de color azul marino, a juego con unas sandalias. Pregunté cómo se llamaba y me contestó que Chusa. A su derecha se encontraban dos chicos que no dejaban de pelearse: uno de ellos tenía la piel muy morena, era de mi estatura, de apariencia atlética. Tenía el pelo corto, igual que sus ojos, el color era oscuro. Vestía de forma Casual y se llamaba Sergi. El chico con el que peleaba era muy alto, ancho y muy fuerte. El pelo y los ojos era de color oscuro, no lucía ningún peinado en especial. Vestía con unos vaqueros por las rodillas y una camiseta de color verde oscuro, se llamaba Isaac.
- Sois muy amables. - Apunté.
Todo el grupo me dedicó una sonrisa y acto seguido siguieron con sus charlas. Poco a poco gané confianza y me adapté a la forma de ser del grupo, pero no bajé la guardia. Sabía que Athiel podía interrumpir en cualquier momento.
- Oye Joha. - Me llamó Sergi. - Mañana cumplo años, ¿ Podrías venir a mi fiesta ? Lo pasaremos bien.
Me acordé de los planes que tenía con Athiel. Sonreí.
- Claro que puedo ir, hay estaré.
- ¿ Lo prometes ? - dijo Pablo levantando un meñique.
- Lo prometo. - Dije entre risas mientras juntaba mi meñique con el suyo.
- Ahora no podrás faltar de ninguna de las maneras, es una promesa de meñique.
El grupo me caía genial, y nuestra amistad prometía mucho, pero había algo en Pablo que me decía que en especial, nos íbamos a llevar muy bien.
Ruusu no dejaba de acosarme a preguntas sobre el por qué de mi huida. Me sentí recelosa. ¿ Acaso tenía que compartirlo todo con ella? No... ¿ No había ningún modo de librarse de una voz que se encuentra en tu cabeza? Sentí un escalofrío, pero no me detuve. Cuándo salí a la carretera general, oí el ruido del motor de la moto y, temerosa de que intentase seguirme, corrí y me metí en el primer establecimiento que vi. Resultó ser un bar. A pesar de haber entrado tan bruscamente, nadie se percató de mi presencia. Lancé una mirada por encima de toda la gente que se encontraba allí y me fijé en que un chico, que se encontraba en un grupo de amigos, me estaba mirando. Éste me sonrió y se levantó, caminando hacía mi. Sus amigos no se percataron de su repentina desaparición.
- Eh... ¿ Te encuentras bien ? - Dijo cuando estuvo a mi lado.
- Perfectamente... Solo es que afuera hace mucho calor y me moría por encontrar sombra.- Mentí.
El torció la cabeza y puso una cara divertida, acto seguido ambos soltamos una pequeña risa.
- Estás loca.
- No eres el primero que me lo dice.
- Jajaja, bueno, me voy a presentar. Me llamo Pablo, y vivo aquí desde que soy pequeño, tengo 17 años.
- ¡ Cuántos datos! No tenías por que decirme tanto. - Dije. Me sorprendió la manera en que se encogió de brazos. - Mi nombre es... Johana. Soy extrajera y tengo 15 años.
Le sonreí y mi sonrisa fue correspondida. Su sonrisa era amplia y muy reconfortante. Tenía los ojos de color negro y rasgados, su pelo era oscuro y lucía un peinado que desafiaba las leyes de la gravedad. Era muy alto y corpulento. Iba vestido con vaqueros ajustados de color negro y una camiseta de marca. En la mano llevaba una bolsa con golosinas.
- Ah... ¿ Quieres una ?
- ¡Vale!- Cuanta naturalidad tenía ese chico.
Me tendió una golosina y cuándo me la metí en la boca me agarró del brazo y me llevó a a junto sus amigos.
- Hola chicos, esta es Johana. Al parecer, no tiene planes, y es muy agradable. ¿ Qué decís ?
- ¡Que se quede! - Gritaron al unísono.
El grupo estaba formado por gente de todo tipo, aun que me fijé que solo había una chica, de pelo largo y castaño, ondulado y recogido en una coleta alta. Tenía los ojos color miel y grandes, muy bonitos. Era ligeramente baja y lucía un vestido de color azul marino, a juego con unas sandalias. Pregunté cómo se llamaba y me contestó que Chusa. A su derecha se encontraban dos chicos que no dejaban de pelearse: uno de ellos tenía la piel muy morena, era de mi estatura, de apariencia atlética. Tenía el pelo corto, igual que sus ojos, el color era oscuro. Vestía de forma Casual y se llamaba Sergi. El chico con el que peleaba era muy alto, ancho y muy fuerte. El pelo y los ojos era de color oscuro, no lucía ningún peinado en especial. Vestía con unos vaqueros por las rodillas y una camiseta de color verde oscuro, se llamaba Isaac.
- Sois muy amables. - Apunté.
Todo el grupo me dedicó una sonrisa y acto seguido siguieron con sus charlas. Poco a poco gané confianza y me adapté a la forma de ser del grupo, pero no bajé la guardia. Sabía que Athiel podía interrumpir en cualquier momento.
- Oye Joha. - Me llamó Sergi. - Mañana cumplo años, ¿ Podrías venir a mi fiesta ? Lo pasaremos bien.
Me acordé de los planes que tenía con Athiel. Sonreí.
- Claro que puedo ir, hay estaré.
- ¿ Lo prometes ? - dijo Pablo levantando un meñique.
- Lo prometo. - Dije entre risas mientras juntaba mi meñique con el suyo.
- Ahora no podrás faltar de ninguna de las maneras, es una promesa de meñique.
El grupo me caía genial, y nuestra amistad prometía mucho, pero había algo en Pablo que me decía que en especial, nos íbamos a llevar muy bien.
viernes, 7 de octubre de 2011
Problemas.
Cuándo Athiel escuchó ese nombre, pude ver como la vena del cuello se le hinchaba y como su cara adoptaba un color ligeramente rojizo. Me asusté cuando se levantó sin aviso y tiró todo el Kit de primeros auxilios al suelo de un golpe. Vi, sin poder moverme, como se llevaba las manos a la cabeza, daba una patada a la mesa del salón y subía a su habitación dando portazos. En el sofá, solo quedamos yo y recuerdos de Gregory que no dejaban de agolpárseme en la cabeza. Ésta me comenzó a doler y me acurruqué doblando las rodillas en el sofá. Me vencía el cansancio y me dejé llevar por este, hasta adoptar una posición tan cómoda que me dormí casi al instante. Tras varios minutos, me desperté cuándo noté una mano en mi hombro. Abrí poco a poco los ojos y él comenzó a hablar:
- Siento haberme puesto así. Al principio pensé que tal vez tú y yo podríamos tener algo, pero ya veo que es imposible, dado que amas a un recuerdo. ¿ De verdad piensas que él te estará pensando ?
La sola idea de imaginarme a Gregory con otra cosa me sacó de quicio.
- No hables así de él. Claro que estará esperando, el me ama... y yo a él.
- ¿ Estás segura de qué te ama como o más que yo ?
Abrí de par en par los ojos.
- No pongas esas cara, reconoce que ese tío no te estará esperando, y eso significa que no te quiere. Vamos, que para el eres un juguete más, una chica más... del montón. Es un desgraciado. Él no te ayudó cuándo lo necesitabas, y yo sin saber el motivo de tu huída, me aventuré y te ayudé. Yo puedo perdonar tu pasado, como si hubieras matado a alguien, me da igual. Él no será tan benevolente.
Noté la piel de gallina y un gran escalofrío recorrió mi espalda. Me retorcí ligeramente y respiré profundamente. Me levanté de golpe y le asenté una bofetada.
- ¡ No te atrevas a hablar así de él ! ¡ No juzgues a las personas sin conocerlas ! ¡ Nos amamos y no pretendas separarnos !
Me encaminé hacía mi habitación a grandes zancadas dejándole solo. Cogí mis botas y bajé las escaleras de 2 en 2. Abrí la puerta y salí. Él me agarró del brazo y yo lo sacudí.
- No me vuelvas a tocar... - Una voz profunda salió de mi.
El con una expresión de pánico retrocedió. Me encontraba blandiendo el cuchillo con el que había matado a mi madre. Le apuntaba a sus partes nobles.
- Ni te acerques.
Me dí media vuelta y me fuí, no sabía a dónde pero tenía que irme.
- Siento haberme puesto así. Al principio pensé que tal vez tú y yo podríamos tener algo, pero ya veo que es imposible, dado que amas a un recuerdo. ¿ De verdad piensas que él te estará pensando ?
La sola idea de imaginarme a Gregory con otra cosa me sacó de quicio.
- No hables así de él. Claro que estará esperando, el me ama... y yo a él.
- ¿ Estás segura de qué te ama como o más que yo ?
Abrí de par en par los ojos.
- No pongas esas cara, reconoce que ese tío no te estará esperando, y eso significa que no te quiere. Vamos, que para el eres un juguete más, una chica más... del montón. Es un desgraciado. Él no te ayudó cuándo lo necesitabas, y yo sin saber el motivo de tu huída, me aventuré y te ayudé. Yo puedo perdonar tu pasado, como si hubieras matado a alguien, me da igual. Él no será tan benevolente.
Noté la piel de gallina y un gran escalofrío recorrió mi espalda. Me retorcí ligeramente y respiré profundamente. Me levanté de golpe y le asenté una bofetada.
- ¡ No te atrevas a hablar así de él ! ¡ No juzgues a las personas sin conocerlas ! ¡ Nos amamos y no pretendas separarnos !
Me encaminé hacía mi habitación a grandes zancadas dejándole solo. Cogí mis botas y bajé las escaleras de 2 en 2. Abrí la puerta y salí. Él me agarró del brazo y yo lo sacudí.
- No me vuelvas a tocar... - Una voz profunda salió de mi.
El con una expresión de pánico retrocedió. Me encontraba blandiendo el cuchillo con el que había matado a mi madre. Le apuntaba a sus partes nobles.
- Ni te acerques.
Me dí media vuelta y me fuí, no sabía a dónde pero tenía que irme.
domingo, 2 de octubre de 2011
Conversación.
Cuándo comenzó a hablar, me puse nerviosa.
- Yo... Es que no sé cómo decirlo. - Se sonrojó.- El mero echo de que estés aquí conmigo significa tanto para mí. No sabría decirte todo lo que siento por ti... Aquella noche, me sentí el chico más estúpido del mundo, temí haberlo fastidiado todo contigo, pero no... Seguiste a mi lado.
- " Esto se pone interesante...." - apuntó Ruusu.
- Lo hice por que me invitaste a la fiesta, si no me hubiera ido.
- Entiendo... De todos modos, me alegró tanto ver que te quedabas conmigo, que no me importó volver a la ciudad... dónde nací...Dónde sufrí tanto. Cuándo te conocí, estaba encapando de esta ciudad, y volví solo por ti... Por la promesa que te hice.
- ... - No supe que decir en ese momento.
- Lo que me gustaría saber... ¿ Qué sientes tú por mí ?
- Mira Athiel, eres un chico maravilloso, que me está ayudando y eres muy amable, divertido y una persona en la que puedo confiar, pero hay... un problema. Dónde yo vivía... hay un chico, no mucho más grande que tú, tenéis un parecido muy peculiar... y bueno, yo me enamoré de él, y el de mí. Estábamos a punto de besarnos cuándo mi madre nos separó para siempre.
- Entiendo.- Noté como se indignaba.
- Lo siento... Pero aún le quiero.
- ¿ Cómo se llama ?
- Gregory Hitari.
- Yo... Es que no sé cómo decirlo. - Se sonrojó.- El mero echo de que estés aquí conmigo significa tanto para mí. No sabría decirte todo lo que siento por ti... Aquella noche, me sentí el chico más estúpido del mundo, temí haberlo fastidiado todo contigo, pero no... Seguiste a mi lado.
- " Esto se pone interesante...." - apuntó Ruusu.
- Lo hice por que me invitaste a la fiesta, si no me hubiera ido.
- Entiendo... De todos modos, me alegró tanto ver que te quedabas conmigo, que no me importó volver a la ciudad... dónde nací...Dónde sufrí tanto. Cuándo te conocí, estaba encapando de esta ciudad, y volví solo por ti... Por la promesa que te hice.
- ... - No supe que decir en ese momento.
- Lo que me gustaría saber... ¿ Qué sientes tú por mí ?
- Mira Athiel, eres un chico maravilloso, que me está ayudando y eres muy amable, divertido y una persona en la que puedo confiar, pero hay... un problema. Dónde yo vivía... hay un chico, no mucho más grande que tú, tenéis un parecido muy peculiar... y bueno, yo me enamoré de él, y el de mí. Estábamos a punto de besarnos cuándo mi madre nos separó para siempre.
- Entiendo.- Noté como se indignaba.
- Lo siento... Pero aún le quiero.
- ¿ Cómo se llama ?
- Gregory Hitari.
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