Su gesto me resultó muy cómico. Le dí las gracias entre risas y me enganché en su brazo. El me condujo hasta la entraba, rústica, con una pequeña elevación a la que se debía acceder por unos peldaños de madera. Al subirlos, la madera crujía a causa de nuestro peso. La elevación conducía a un porche a modo de terraza dónde había un par de sillas y una mesa redonda de exterior. Todos los muebles de madera, con animales tallados. Los señalé y abrí la boca para hablar pero el me leyó el pensamiento.
- Los decoré yo, con una navaja que tengo desde hace mucho tiempo. Me la regaló mi mejor amigo en el orfanato.
Vi como su cara se oscurecía y cambié de tema preguntándole acerca de la puerta. Ésta era alta y de madera. Tenía una mosquitera infestada de insectos.
- Con el calor los mosquitos se reproducen mas rápidamente.
Le sonreí y el sacó una llave de su bolsillo. La introdujo y abrió las 2 capas de la gran puerta. Hizo un gesto para que pasara delante. Al entrar, me encontré la mítica casa country, con un toque rústico. Alfombras de piel de vaca adornaban el suelo, y tanto paredes, como suelo y muebles era de madera caoba. El decorado se basada en armas de fuego, fotos y algunas flores secas a causa de la falta de agua. Estaba echo un desastre, llenó todo de polvo y algunas cosas tiradas por el suelo. El se giró hacía mi y me sonrió. Comenzó a recoger cosas y yo le eché una mano quitando las flores marchitas. Acto seguido me pasó un paño y entre los 2 quitamos el viejo polvo que se había adueñado de la estancia. Cuándo terminamos, ambos nos sentamos en uno de lo sofás, delante de la tele, y encontré a Athiel muy nervioso. Jugueteaba con el paño entre las manos y lo arrugaba:
- Quiero ir despacio... pero me cuesta...
- ¿ Perdona ?
- Tú y yo... a eso me refiero. Me gustas mucho... y el otro día a la noche me pasé mucho...
- Ah... eso. No pienses en eso ahora, ya hablaremos más tarde. Fijo que no sólo el salón-comedor está sucio.
Él me miró y asintió. Me condujo a la cocina, dónde limpiamos y acto seguido al resto de la casa. Acabamos y fuimos a la habitación de invitados, dónde me dejó sola. Cuándo salió por la puerta y la cerró, lo primero que hice fue quitarme la bota. Estaba toda ensangrentada. Me quité el calcetín pegado a la herida a causa de la sangre y se me saltaron las lágrimas. No era muy profunda y se había secado la sangre, así pues, había dejado de sangrar. Cogí el cuchillo junto con el calcetín y metí ambos debajo del colchón. Me quite la otra bota y el otro calcetín para no llamar la atención y volví a junto Athiel, con la excusa en mente de que en el lago, como estaba todo oscuro, me había rascado con una piedra. Athiel nada más mirarme, me cogió en colo y me llevó al sofá, donde me hizo una cura y acto seguido me vendó el tobillo. El me miró a los ojos, y comenzó a hablar:
Nekitos
miércoles, 28 de septiembre de 2011
sábado, 24 de septiembre de 2011
Ciudad
Tras ese cuarto de hora aproximado de Athiel llegamos a un puente. El chico, todo despeinado a causa del viento, frenó lentamente hasta llegar a una velocidad casi nula al borde del puente. Le miré y el señaló con la cabeza hacía delante. Posé mis ojos mas allá de su cara y , desde nuestra posición pude ver como una muralla, antigua, alargada y construida con grandes bloques de piedra, gastada a causa del tiempo y años a la intemperie. Algunos rasgos y marcas en la pared la delataron.
- " Debe ser románica... " - Pensé.
- "" Bingo "" - Apuntó Ruusu. - "" ¡ Qué bien se conserva ! ""
Suspiré y le pregunté a Athiel que escondían esas murallas.
- En este paraje dónde hace calor y pocas veces llueve, los edificios no pueden ser muy altos.
- ¿ Qué quieres decir ?
- Hemos llegado a la ciudad Aspir, aun que no te lo creas. - Se rió por lo bajo.
Asentí y me encogí de hombros. Sonreí. Él aceleró y se puso en marcha reducida para cruzar el gran puente, que por su aspecto, era de la misma época y arquitectura que la muralla. Cuándo estuvimos en el otro lado, pude ver que en el centro de aquel gran muro había un portón, grande. Con columnas de piedra a ambos lados de la puerta principal, que lucía bisagras de hierro pulido y puertas de madera nueva.
- " La debieron de restaurar hace poco... " - Me informó Ruusu.
Asentí débilmente y Athiel aceleró para cruzar el portón. Una vez dentro, el paisaje parecía de ensueño. Viejas y grandes casas se arremolinaban unas al lado de otras. A ambos lados de lo que parecía la carretera general, que era un camino ancho de gravilla. De este camino salían varias intersecciones que se adentraban en lo que parecían pequeños caminos que llevaban a uno por entre las casitas que allí se encontraban. La gente barría los porches, otros jugaban a las cartas, o otros simplemente se dedicaban a hacer compras o a pasar el rato y soportar el calor. Me quedé boquiabierta.
- No te dejes engañar, en el fondo esta ciudad tiene lo que sería la mejor tecnología y ropajes de por aquí. - Me comentó Athiel.
Cruzamos la calle principal hasta una intersección donde ponía: " La Gautrais" , un nombre en francés. Giró la moto y nos guió por esa intersección a velocidad mínima de nuevo, hasta el portal de madera tallada de una casa. La casa era grande, de tejado de ladrillo y paredes de madera. Lucía orgullosa un verde jardín con algunas zonas un tanto amarillentas. Algunos árboles frutales se dejaban ver tímidamente entre la alta hierba.
- Tengo que limpiarlo todo, llevo tiempo fuera. - Dijo Athiel bajándose de la moto para abrir el portal.
- Te ayudaré, es lo único que puedo hacer a cambio de lo que haces tú. - Respondí sonriendo.
Él torció el gesto, pero acabó asintiendo. Se volvió a montar y condujo hasta el garaje de piedra que se situaba en el borde de la finca. Nos adentramos en la oscura estancia y nos bajamos de la moto. Al bajar de la moto, note el frío metal del cuchillo rozarme la piel, acto seguido comencé a notar mojado por la zona que había pasado éste. Fruncí el ceño. Athiel se me había quedado mirando y yo sacudí la cara y le sonreí, diciéndole como excusa que mis botas estabas echas una porquería a causa del humo del camino. El se rió débilmente y me hizo un gesto para que me acercara. Lo hice y él extendió los brazos.
- ¡¡ Bienvenida a La Gautrais !!
- " Debe ser románica... " - Pensé.
- "" Bingo "" - Apuntó Ruusu. - "" ¡ Qué bien se conserva ! ""
Suspiré y le pregunté a Athiel que escondían esas murallas.
- En este paraje dónde hace calor y pocas veces llueve, los edificios no pueden ser muy altos.
- ¿ Qué quieres decir ?
- Hemos llegado a la ciudad Aspir, aun que no te lo creas. - Se rió por lo bajo.
Asentí y me encogí de hombros. Sonreí. Él aceleró y se puso en marcha reducida para cruzar el gran puente, que por su aspecto, era de la misma época y arquitectura que la muralla. Cuándo estuvimos en el otro lado, pude ver que en el centro de aquel gran muro había un portón, grande. Con columnas de piedra a ambos lados de la puerta principal, que lucía bisagras de hierro pulido y puertas de madera nueva.
- " La debieron de restaurar hace poco... " - Me informó Ruusu.
Asentí débilmente y Athiel aceleró para cruzar el portón. Una vez dentro, el paisaje parecía de ensueño. Viejas y grandes casas se arremolinaban unas al lado de otras. A ambos lados de lo que parecía la carretera general, que era un camino ancho de gravilla. De este camino salían varias intersecciones que se adentraban en lo que parecían pequeños caminos que llevaban a uno por entre las casitas que allí se encontraban. La gente barría los porches, otros jugaban a las cartas, o otros simplemente se dedicaban a hacer compras o a pasar el rato y soportar el calor. Me quedé boquiabierta.
- No te dejes engañar, en el fondo esta ciudad tiene lo que sería la mejor tecnología y ropajes de por aquí. - Me comentó Athiel.
Cruzamos la calle principal hasta una intersección donde ponía: " La Gautrais" , un nombre en francés. Giró la moto y nos guió por esa intersección a velocidad mínima de nuevo, hasta el portal de madera tallada de una casa. La casa era grande, de tejado de ladrillo y paredes de madera. Lucía orgullosa un verde jardín con algunas zonas un tanto amarillentas. Algunos árboles frutales se dejaban ver tímidamente entre la alta hierba.
- Tengo que limpiarlo todo, llevo tiempo fuera. - Dijo Athiel bajándose de la moto para abrir el portal.
- Te ayudaré, es lo único que puedo hacer a cambio de lo que haces tú. - Respondí sonriendo.
Él torció el gesto, pero acabó asintiendo. Se volvió a montar y condujo hasta el garaje de piedra que se situaba en el borde de la finca. Nos adentramos en la oscura estancia y nos bajamos de la moto. Al bajar de la moto, note el frío metal del cuchillo rozarme la piel, acto seguido comencé a notar mojado por la zona que había pasado éste. Fruncí el ceño. Athiel se me había quedado mirando y yo sacudí la cara y le sonreí, diciéndole como excusa que mis botas estabas echas una porquería a causa del humo del camino. El se rió débilmente y me hizo un gesto para que me acercara. Lo hice y él extendió los brazos.
- ¡¡ Bienvenida a La Gautrais !!
sábado, 3 de septiembre de 2011
Carretera
Terminamos poco en acabar lo que habíamos pedido. Miré a los ojos a Athiel. Me sonrió. Nos levantamos de los taburetes donde nos encontrábamos sentados y nos dirigimos a Vanesa. Despedí con un gesto de la cabeza a la camarera. El hombre que me había intentado agredir se quedó mirando a Athiel de arriba a abajo. Él lo miró con desprecio y levantó un puño.
- ¿ Quieres más, o qué ?
El hombre bajó la cabeza.
- ¿ Dónde aprendiste a defenderte así ?
Athiel bajó el puño y puso la mirada perdida. Su cara mostraba pena y nostalgia.
- Cuando tus padres te abandonan en un orfanato... Tienes que aprender a defenderte. O te comen, o los comes. Son así las reglas. Muchos de mis compañeros murieron por que otros les robaban el pan... pero no quedándose satisfechos les apuñalaban. Mira... Mi historia es muy triste... no te quiero aburrir.
Posé una mano es un hombro. De su ojo cayó una débil lágrima. Me puse delante de el y lo abracé.
- Continúa por favor...
- A cuantos niños inocentes asesiné yo... Aspir... - El falso nombre que le había dado. - Por un...mísero pedazo de pan... Pero estoy aquí. Ese tipo de cosas te convierten en una especia de monstruo que se sabe defender... Digamos que en un demonio.
Me quedé sin aliento. Le miré a los ojos. El me miró y sonrió débilmente. Se subió a Vanesa y me indicó que hiciera lo mismo.
- " ¿Ves? Necesitamos a alguien como él..."
No le hice caso a Ruusu y me senté detrás de él. Pregunté si quedaba mucho, a lo que me respondió que apenas un cuarto de hora. Suspiré aliviada. Nos pusimos en marcha. Aun quedaba mucha carretera por delante.
- ¿ Quieres más, o qué ?
El hombre bajó la cabeza.
- ¿ Dónde aprendiste a defenderte así ?
Athiel bajó el puño y puso la mirada perdida. Su cara mostraba pena y nostalgia.
- Cuando tus padres te abandonan en un orfanato... Tienes que aprender a defenderte. O te comen, o los comes. Son así las reglas. Muchos de mis compañeros murieron por que otros les robaban el pan... pero no quedándose satisfechos les apuñalaban. Mira... Mi historia es muy triste... no te quiero aburrir.
Posé una mano es un hombro. De su ojo cayó una débil lágrima. Me puse delante de el y lo abracé.
- Continúa por favor...
- A cuantos niños inocentes asesiné yo... Aspir... - El falso nombre que le había dado. - Por un...mísero pedazo de pan... Pero estoy aquí. Ese tipo de cosas te convierten en una especia de monstruo que se sabe defender... Digamos que en un demonio.
Me quedé sin aliento. Le miré a los ojos. El me miró y sonrió débilmente. Se subió a Vanesa y me indicó que hiciera lo mismo.
- " ¿Ves? Necesitamos a alguien como él..."
No le hice caso a Ruusu y me senté detrás de él. Pregunté si quedaba mucho, a lo que me respondió que apenas un cuarto de hora. Suspiré aliviada. Nos pusimos en marcha. Aun quedaba mucha carretera por delante.
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