-"¿ Desde cuando hay un pasillo tan descuidado en La Gautrais?" - Me pregunté. - " Con lo cuidadoso que es Athiel..."
Me levanté de la cama. Miré hacía los lados. Gregory seguía durmiendo. Le propiné un beso en la frente, que hizo que se retorciera levemente. Dirigí mis pasos hacía la puerta, me asomé y pude ver claramente el pasillo. Era largo, estrecho, muy descuidado y con moho en las paredes. Al final había una puerta de madera entreabierta, por la cual se dejaba entrever un haz de luz roja. Me encaminé hacía esa puerta. En el abismo del pasillo hacía frío y, al volverme para coger una chaqueta, a pesar de lo poco que había caminado, la puerta de mi habitación se encontraba en la lejanía, por decirlo de algún modo, en la extremo contrario del pasillo. No le dí importancia y volví a dirigirme al haz de luz, seguí caminando , cada vez más rápido, pero seguía sin acercarme a la puerta, solo me alejaba de mi habitación.
- " No escapes de mi pequeña puerta...." - Dije.
Ésta se resistía. Angustiada, grité:
- "¡ Basta !"
Me tiré al suelo y encerré mi cara entre las manos. Estuve así poco tiempo y en cuánto levanté la vista, la puerta se mostraba ante mí. El haz me cegó y caí hacía atrás de la impresión. Me levanté, así el pomo de la puerta y poco a poco, comencé a abrirla.
- Huele a sangre...
Cuándo la puerta estuvo abierta, me adentré en aquella instancia. El haz me impedía abrir los ojos del todo, pero descubrí que se trataba de la habitación de Athiel. Vislumbré que era lo que producía tanta luz. Una lámpara de lava. Me dirigí hasta allí, la apagué y encendí la lámpara que colgaba del techo. Miré como la luz de la lámpara se encendía lentamente. El olor a sangre se hacía más intenso cuánto más luz había. Cuándo la lámpara estuvo encendida, eché un vistazo al rededor, mi mirada se posó en la cama de Athiel. Había alguien en la cama. Me dirigí hacía allí. El ente estaba cubierto completamente por las sábanas, así que, suspiré y corrí hacía atrás las sábanas bruscamente.
- ¡GREGOOOORY! - Solo pude gritar.
Athiel se encontraba degollado en la cama, cubierto de sangre. Tenía varias puñaladas en el pecho y a juzgar por el cuello, también lo intentaron estrangular. No toqué el cuerpo, pero mis manos lucían gustosas cantidades indigentes de sangre. Salí corriendo por la puerta y crucé el pasillo sin jugarretas. Este se mostró compasivo y me dejó llegar hasta mi habitación sin problemas. Salvó uno, las paredes del pasillo chorreaban sangre, como cataratas caprichosas, me salpicaron la cara, ropa y piernas. Corrí, abrí la puerta de mi habitación y cerré de golpe. Me giré. Gregory se había levantado de la cama con la cara en tinieblas. Alzó la vista y chillé de horror. Ya no tenía ojos, solo lucía la cuenca, y de esta caía sangre. Intenté volver al pasillo, pero Gregory me aferró un brazo. Me resistí. En la otra mano vi un puñal ensangrentado. Mi puñal. El acero de este rozó mi cuello, sin hacerme daño.
- O mía... o de nadie. - Susurró Gregory en guturales.
- ¡NOOOO! - Grité.
Alguien me zarandeaba. Abrí los ojos. Gregory se encontraba frente a mi, con sus preciosos ojos azules. Parecía preocupado.
- Johana... ¿Estas bien?
Le miré incrédula mientras las lágrimas resbalaban por mis mejillas.
- Ya está... Ya está amor, fue una pesadilla. Ya estás conmigo... No llores más, aquí estoy. - Susurró mientras me balanceaba en un fuerte abrazo.
Me dejé querer, mientras pensaba el modo de alejar a Gregory de Athiel.
- " Tengo que llevármelo de aquí... Pero no puedo dejar a Athiel solo..." - pensé.