Allí, meciéndome en sus brazos, me acariciaba el pelo. Mientras tanto, yo pensaba un plan o simplemente, una estrategia para mantener a los dos chicos alejados. Me decidí sin dilación a preguntarle a Gregory:
- Oye mira... Yo... Bah, déjalo.
- No a ver, dime.
- Es que... Te quería preguntar acerca de tu relación con Athiel.
- Uhm...
- Sí, en el bar, establecimiento... vamos, donde celebramos la fiesta. Parecía que teníais un pasado compartido... que ya os conocíais...
- No... no es un buen tema de conversación.
- Oh, venga. Claro que lo es.
- Joha...
- ¡Quiero saberlo...! Por favor...
- Es solo que...
- ¿ Qué ?
- Que no es de tu incumbencia.
Recibí esas palabras como puñales en mi costado. ¿ Qué me ocultaba ?
- Vale... No te preocupes. - Dije mientras me separaba de el.
- Joha... Es una triste historia. No me gusta recordar, ni hablar de ella.
- Vale, no hace falta que te disculpes...
Gregory calló. Bajó la vista y acto seguido clavó sus ojos azules llenos de lágrimas.
- Bien... ¿ Quieres saberlo ?
- Sí... si puede ser claro.
- Bien.
" Todo comienza un par de años atrás...bueno, más que un par de años, toda una vida. Tendría yo acerca de 6 años cuándo un maestro de artes marciales llamado Tiwein me reclutó en su pequeña, selecta y exclusiva tropa. En clase eramos unos 6 aproximadamente: tres chicas, Aída, Mayra y Alicia, y un chaval, poco mas grande que yo, llamada Paolo, Athiel y...y yo. Por aquel entonces, Athiel era un niño bastante antisocial. Sí, no me pongas esa cara. El chulo que conoces ahora, no era más que un marginado en la clase. Lo que más recuerdo de mi primer clase es a Athiel. Aquel niño desaliñado, sucio, lleno de heridas y moratones, 7 años y pelo semilargo me mirada con ojos de desafio. Recuerdo que lo primero que hice fue acercarme a el y preguntarle si tenía algún problema. Athiel lo que hizo fue hacerme una llave y tirarme al suelo de un plumazo. Me quejé al maestro, quién se encojió de hombros. Cuándo volví a mirar para aquel niño este me sonría, diciéndome que nunca se debe confiar en alguien que te mira mal. Acto seguido, prometió cuidar de mi... Y así hizo. En las duras clases, el dedicaba su tiempo y plena dedicación a mi formación. Sí, además del maestro lo tuve a el de profesor. Al principio, Athiel no me caía demasiado bien, la verdad, pero poco a poco le fuí cojiendo cariño a aquel chaval, hasta el punto de ser inseparables. Recuerdo mis exámenes y peleitas varias contra otros del gimnasio, el siempre me daba trucos para poder vencer." ( Hizo una pausa, tomó aire, sorbió mocos y una pequeña lágrima amenazó con salir. ) " Bueno... uno de mis mejores recuerdos, fue la noche 23 de abril, un día antes de mi cumpleaños. Iba yo caminando por mi calle, de noche, de vuelta de clases, cuando un grupo de drogatas se me tiró encima para quitarme el poco dinero que podría llevar una criatura de 6 años. No sé de donde salió, pero allí apareció Athiel. Juntó espalda contra espalda y derrotamos a aquellos malechores. Fue increible verle y luchar a su lado Joha, eramos uno. Cuándo esos hijos puta se largaron soltando improperios, el me estrechó la mano. Y yo a el. Con fuerza. Esa noche, juramos pelear juntos para toda la...la vida."
- Y ¿qué pasó?... para que acabarais así....
- " El poder destruye a las personas Johana. Cuándo Athiel consiguió el cinturón negro, se volvió popular. Dejó de ser el niño tímido que no se relacionaba a ser la superstar del gimnasio y del barrio. Todo el mundo le hacía caso y, cuando me intentaba acercar, el me apartaba. ¡ Solo por que tenía menor grado que el ! Una noche, después de clases, le encontré caminando cabizbajo por mi calle. Me armé de valor, apresuré el paso y le alcancé.
- Oye, Athiel, ¿puede hablar contigo un momento?
- Claro enano, dime.
- Últimamente ya... ya no eres el mismo... No sé, te has convertido en aquello que afirmabas odiar. En el mítico tio famoso, que, por eso mismo, la fama, olvida a sus amistades mas viejas.
- No sé de que me hablas.
- De que ya pasas de mí... ¿ Qué pasa ? ¿ Ya no soy tu amigo ?
El me miró fijamente.
- Tú lo que tienes es envidia...
- ¿ Envidia ?
- Sí, de ya no ser el centro de atención. De que ahora lo sea yo, de que sea yo quién es amigo de la gente y... y no tú.
- ¿ De qué hablas ? Yo solo quiero volver a dar vueltas por ahí contigo, volver a meternos en problemas y salir de ellos juntos, de volver a ser...amigos...
Por aquel entonces, ya teníamos 10 y 11 años respectivamente. Athiel se dio la vuelta y comenzó a andar hacía su casa, situada no muy lejos de la mía. Le seguí, gritándole que me hiciera caso. Como no se giró ni me hablo, le di una patada en la espalda. Temeroso y temblando. El se giró, con los ojos inyectados en sangre. Comenzó a llover.
- Así que por la espalda ... ¿ Eh, traidor ?
Se abalanzó contra mí en un mar de ira. Vi como ese huracán se acercaba a mi. Intenté defenderme, pero el grado superior de Athiel lo hizo imposible. Recibí golpes por todos los lados y acabé con una pierna rota, el labio y ceja sangrando, múltiples moratones, heridas leves, y tirado en el suelo. Ese día fue el 23 de Abril. Athiel se inclinó sobre mi, con un solo rasguño en la cara y me dijo:
- Aquí comenzó todo, y será aquí, dónde termine.
Recuerdo ver malamente su puño alzado, con un puño americano reluciendo a la luz de la luna. Las gotas de lluvia mojaban nuestros cuerpos, pero pude diferenciar entre gota y lágrima. Athiel lloraba. Alzó la mano y, en su trayectoria hacía mi rostro, topó con mi pierna derecha, la única que se encontraba pasable. Pude parar el golpe y propinarle otro en la nuca. Athiel cayó al suelo, y comenzó a sangrar por la cabeza. Creí haberlo matado. Oí a lo lejos gritos de alguna señora alporizada y la sirena de dos ambulancias. Éstas llegaron pronto. Nos metieron uno en cada una. Pude ver como el puño americano se deslizaba de los dedos de Athiel y caía al suelo. El destello metalizo me innotizó hasta notar el dolor causado a que me estaban levantando del suelo.
- ¡ No me separeis de Athiel! ¡No...! Su puño... ¡ Le dará suerte! Cogerlo... Está ahí....
Escuché como decía que yo estaba desvariando a causa del dolor. Vi como metían a Athiel en la ambulancia y como uno de los especialistas, negaba con la cabeza. Comencé a retorcerme para librarme de aquellas personas que afirmaban de que estaba loco. Me ataron a la camilla y me adentré en la ambulancia. La última visión de Athiel fue su ambulancia, que se alejó calle arriba. La mía tardó poco en seguir a la anterior..." Días me dijeron que había muerto. Me dieron de baja y volví a mi calle. Un buen día caminando por ésta misma, le vi, o me pareció verle. Me alegré y corrí con las muletas hacía el. Lo que hizo fue dar una patada a la muleta y escupirme en la cara. Caí al suelo y vi como se alejaba aquel ser, que parecía ser mi amigo. Dos días después, me enteré que el 23 de Abril, día que nos peleamos, habían muerto sus padres en un accidente de tráfico. ¿ Por qué no me lo dijo ? No lo sé... solo sé que desde ahí, le odio con toda mi alma, y al parecer, el siente lo mismo hacía mi."
Le miré. Gregory lloraba.
- No llores chico... Ya está. - La abracé.
.- "Quien te mandará meterte en asuntos ajenos... " - comentó Ruusu.