Los camareros sirvieron la bebida y acto seguido la comida. Todo tenía muy buena pinta, pero ese día me habían pasado tantas cosas, que el apetito estaba tan escondido en algún lugar de mi cerebro que no se dejaba ver. Sophia sí que comenzó a comer, lo hacía con parsimonia. Me dí cuenta de que no era una cena típica, si no que había productos caros y de gran elegancia. Torcí el gesto pensando para qué demonios habría gastado tanto para una simple cena. Ingenua de mí. Ella me miró y señaló con el tenedor a mi comida, yo negué la cabeza y miré hacía abajo. Escuché como ella dejaba los cubiertos y entrelazaba las manos a la altura del mentón.
- No sé qué hacer contigo la verdad.
Me encogí de hombros, sin ni siquiera mirarla.
- " Para empezar... podrías dejarla en paz. " - Sonreí interior mente al escuchar esas palabras de Ruusu.
Levanté la cabeza y vi de reojo que Sophia hacía un gesto a un camarero, y que éste le entregaba lo que me parecía un folleto, pequeño y a lo lejos me pareció ver una casa. Sophia me miró y comenzó a hablar mientras me tendía el folleto.
- Mira... Sé que esto te va a parecer egoísta, pero entiéndelo. Yo necesito tiempo y tranquilidad para trabajar, y el problema es que no tengo nada de eso si estás tú en casa, por que me preocupo por lo que te está pasando. Últimamente no haces más que desobedecer y lo de Gregory... Sabes perfectamente que nuestra familia es linástica y que no permitimos rollos tontos.
Cuando tuve el folleto a mi lado lo cogí y Ruusu comenzó a leer.
- " Internado de excelentes estancias, agua, corriente e internet en la habitación. Grandes cuartos con baños incluidos... "
- Basta Ruusu, no quiero seguir escuchando. - susurré lo más bajo que pude para que no escuchara la Arpía.
Noté su mirada clavada en mi y un odio comenzó a surgir en mi interior. Noté como ese odio se incrementaba. Comencé a escuchar los latidos de mi corazón... tum...tum...tum...
- " Deja que fluya Jona "
Comencé a sudar en frío y a encontrarme un poco mal. La cabeza me daba vueltas y Sophia comenzó a hablar, el problema es que escuchaba su voz como si estuviera muy lejos de mi.
- El problema no eres tú, si no tus maneras. Si vas ahí apren....
Antes de que terminara la frase, mi odio tomó fuerza e hizo que me levantara de la silla de golpe, haciéndola caer detrás mía. La miré con odio y eché mano a la mesa. Noté entre mis dedos un cuchillo. ¿ Qué me estaba pasando ? Era como si no controlara mi cuerpo.
- " Deja que fluya..." - Ruusu no paraba de decírmelo.
Con cuchillo en mano me abalancé sobre Sophia. Ambas caímos hacía atrás. Yo me senté encima de su estómago y levanté las manos con el cuchillo, para luego dejarlo caer en su perfecto cuerpo de tratamiento. Noté como el cuchillo se hundía lentamente en la piel de su cuello. Escuché un "clack" y el cuchillo entró entero. Todo me daba vueltas... Todo estaba manchado de sangre. Escuchaba el latir de su corazón y no podía apartar la mirada de su cuello. Echaba sangre a chorros. Me asusté y me levanté, dejando el cuchillo hundido en el cuello de mi madre. Ella se retorcía de dolor e intentaba pedir auxilio. Acabó sus últimos segundos mirándome a la cara y llorando.
- " Has matado a tu madre, si señora "
- ¡ YO NO HE ECHO NADA ! - mi desesperación rozaba límites.
- "¿ Ah no ? Entonces...¿ quien ha echo eso ?"
- ...
- " La has matado Johanna, la has matado. Buen trabajo " .
Nekitos
miércoles, 27 de julio de 2011
sábado, 23 de julio de 2011
Trabajando
Nada más llegar a mi cuarto, Ruusu se puso a pensar y a indicarme tareas. Éstas no eran muy difíciles, pero llegó el momento en qué utilizamos los objetos que me había pedido. Como mencioné antes, eran todos objetos de costura.
- " Cose el trozo de tela por todos los lados menos por uno, de forma que quede una bolsa, aprisa, no hay tiempo. "
Ruusu parecía muy preocupada en acabar cuánto antes, cosa que yo no comprendía. De todos modos, no le dí importancia al echo de que se quisiera dar prisa y me limité a seguir órdenes. Cuando terminé la bolsa de tela me indicó que cortase un pequeño agujero con la tijera en un lado. Así hice. Acto seguido me dijo que introdujera la mano dentro y que metiera el pulgar por el agujero. Le obedecí y la bolsa de tela quedó como un guante.
- ¿ Para qué nos puede servir esto ? - pregunté incrédula, mientras miraba de lejos mi guante improvisado.
- " Ya lo verás..."- Noté a Ruusu muy tenebrosa y a la vez impaciente, de todos modos aun seguía sin saber para que lo utilizaríamos.
Pasé las 2 horas que quedaban para cenar acurrucada entre manta y manta en mi cama. Hablando con Ruusu y acordándome de Calthia y, de algo mucho más importante, de él. Su recuerdo venía a mi una y otra vez, como las olas del mar, yo era la piedra contra la que chocaban. Maldije todas las veces que pude a Sophia, podría haber tocado sus labios, darle un beso, sentir sus caricias... Pero ella interrumpió llevándoselo lejos de mi corazón, prohibiéndole regresar. Su olor, su tacto, su sabor... Todo. Lo había perdido todo.
- " No por mucho tiempo... " - Irrumpió Ruusu.
Cuando dijo eso, me estremecí. Noté que mi mano derecha comenzaba a moverse involuntariamente. Me asusté y comencé a sudar en frío. Yo no estaba moviendo la mano. La mano se movió lentamente hasta posarse en mi cabeza, para darme algunas caricias. Después se dejó caer muerta de nuevo en el colchón. Comencé a sentir la mano y el brazo dormido.
- " Vaya... aun tengo que acostumbrarme a tu cuerpo. "
- ¿ Has sido tú ?
- " Si, al ser parte de tu mente, puedo controlar tu cuerpo a voluntad "
En ese momento no me dí de la gravedad del asunto. Pobre ingenua. La señorita Cole, secretaria de mi madre, se iba a pasar unos días haciendo horas extra para cubrir la plaza de Calthia, hasta que mi madre encontrase a otra sirviente. A las 9 en punto me vino a buscar a mi habitación para cenar. Me dispuse a levantarme, pero mi mano derecha agarró el guante y me lo metió en una de las botas que llevaba aún.
- Pero... ¿ Qué ?
-" Lo necesitaremos... "
- Esta bien.
Bajé las escaleras y me dirigí al comedor. Sorpresa. La Arpía se dignaría a cenar hoy con su hija. Me entraron ganas de llorar. La mesa estaba puesta exactamente al modo de Calthia. Increíble, estaba todo perfecto, como de costumbre. Todo impoluto, simétrico. Me senté en mi sitio y observé a mi madre. Isconscientemente, y no por voluntad de Ruusu, me toqué la bota derecha, donde estaba el guante.
- ¿ Para qué demonios lo querrá ? - Pensé extrañada.
lunes, 18 de julio de 2011
Ruusu
En el momento en que el coche dejó el amplio jardín lo perdí todo. Vi mis ganas de vivir cogidas de la mano de mi alegría partir muy lejos. Pasados unos minutos, ya no distinguía el coche en el que iba Calthia. Tirada en el suelo rodeé con los brazos mis piernas. Haciéndome un ovillo. La Arpía pasó a mi lado, mirándome con cara de pena, alargó la mano para ayudarme a incorporarme. Yo ni siquiera levanté la cabeza, solo le dije:
- Aparta esa mano de mi, ni te atrevas a tocarme...
Ella, llena de desprecio y sorpresa ante mi arrebato, se fue al interior de la casa. Pasé allí bastante tiempo, no sabría decir cuánto. Lo único que hice durante ese período fue llorar y cambiar de posición. De pronto escuché una voz lejana que decía:
- " Se fue... te dejó sola Jona... ¿ Qué vas a hacer ahora ? "
A medida que pronunciaba las palabras, su voz se iba haciendo cada vez mas fuerte.
- ¡¿ Quién eres ?! ¿¡ Dónde estás ?!
- " Soy... por decirlo así, una prolongación de tú alma. Soy esa parte oscura de tu corazón."
- Pe...pero... eso es imposible, por lógica. Déjate de asustarme y sal de donde quiera que estés. - Me asusté mucho.
- " Hasta ahora no habíamos hablado por que no habías roto el sello, hoy lo has echo, liberándome..."
- ¿ Liberándote ? No me jorobes... ¿ De qué vas ?
- " Sí, me has estado alimentando mucho tiempo. Tu odio... ese odio guardado en tú interior. Nunca dejaste que aflorase al exterior... hoy lo has echo."
- Mmmm... sigo sin creérmelo...
- " No te lo creas... pero te quedaste sola. Tienes 2 opciones: 1º quedarte en la miseria. 2º Unirte a mi... para siempre"
- ... Yo...
- "Yo nunca te dejaré, únete a mi y sabrás lo que es fuerza de voluntad... Podrás plantarle cara a la vida de una vez, y lo que es más importante, cuidaré de ti y nunca te abandonaré... "
No sé por qué, pero en ese instante me sentí reconfortada...
- Acepto... me uniré a ti... Para siempre...
-" Bien echo pequeña... "
- Por cierto... no me has dicho tu hombre... Si es que tienes alguno...
- " Claro que sí... Soy Ruusu... Encantada Alicia. Ahora, incorpórate, es hora de ir a tu habitación a arreglar un par de cositas... "
Su voz era femenina, delicada pero a la vez la notaba con fortaleza.Obedecí. Me encaminé a mi habitación. Estaba algo asustada, pero la adrenalina que me provocó Ruusu era superior. Por fin podría tomar mi venganza. Subí a mi cuarto y me encerré en él.
- " Así que es aquí donde duermes... bien. Necesito que des una vuelta por toda la casa... Necesito verla bien..."
Seguí obedeciendo. Por el camino fui comentándole a Ruusu todo lo que sentía en ese momento. Ella se limitaba a escuchar y de vez en cuando a comentar las habitaciones de la casa.
- " Bien... muy bien... "
- ¿ Y ahora ?
- " Sube otra vez a tu habitación, pero antes coge: unas tijeras, un trozo de tela de algún proyecto de tu madre, que sea bastante largo, y también coge aguja e hilo... Tenemos trabajo."
- Está bien... - Susurré.
Ahora me sentía más fuerte. Tenía más confianza en mi misma. Ruusu se estaba ganando mi apoyo, mi confianza ciega y, por así decirlo, un medio de transporte. Ella estaba planeando hacer algo. ¿ El qué ? Ni siquiera yo lo sabía con certeza.
- Aparta esa mano de mi, ni te atrevas a tocarme...
Ella, llena de desprecio y sorpresa ante mi arrebato, se fue al interior de la casa. Pasé allí bastante tiempo, no sabría decir cuánto. Lo único que hice durante ese período fue llorar y cambiar de posición. De pronto escuché una voz lejana que decía:
- " Se fue... te dejó sola Jona... ¿ Qué vas a hacer ahora ? "
A medida que pronunciaba las palabras, su voz se iba haciendo cada vez mas fuerte.
- ¡¿ Quién eres ?! ¿¡ Dónde estás ?!
- " Soy... por decirlo así, una prolongación de tú alma. Soy esa parte oscura de tu corazón."
- Pe...pero... eso es imposible, por lógica. Déjate de asustarme y sal de donde quiera que estés. - Me asusté mucho.
- " Hasta ahora no habíamos hablado por que no habías roto el sello, hoy lo has echo, liberándome..."
- ¿ Liberándote ? No me jorobes... ¿ De qué vas ?
- " Sí, me has estado alimentando mucho tiempo. Tu odio... ese odio guardado en tú interior. Nunca dejaste que aflorase al exterior... hoy lo has echo."
- Mmmm... sigo sin creérmelo...
- " No te lo creas... pero te quedaste sola. Tienes 2 opciones: 1º quedarte en la miseria. 2º Unirte a mi... para siempre"
- ... Yo...
- "Yo nunca te dejaré, únete a mi y sabrás lo que es fuerza de voluntad... Podrás plantarle cara a la vida de una vez, y lo que es más importante, cuidaré de ti y nunca te abandonaré... "
No sé por qué, pero en ese instante me sentí reconfortada...
- Acepto... me uniré a ti... Para siempre...
-" Bien echo pequeña... "
- Por cierto... no me has dicho tu hombre... Si es que tienes alguno...
- " Claro que sí... Soy Ruusu... Encantada Alicia. Ahora, incorpórate, es hora de ir a tu habitación a arreglar un par de cositas... "
Su voz era femenina, delicada pero a la vez la notaba con fortaleza.Obedecí. Me encaminé a mi habitación. Estaba algo asustada, pero la adrenalina que me provocó Ruusu era superior. Por fin podría tomar mi venganza. Subí a mi cuarto y me encerré en él.
- " Así que es aquí donde duermes... bien. Necesito que des una vuelta por toda la casa... Necesito verla bien..."
Seguí obedeciendo. Por el camino fui comentándole a Ruusu todo lo que sentía en ese momento. Ella se limitaba a escuchar y de vez en cuando a comentar las habitaciones de la casa.
- " Bien... muy bien... "
- ¿ Y ahora ?
- " Sube otra vez a tu habitación, pero antes coge: unas tijeras, un trozo de tela de algún proyecto de tu madre, que sea bastante largo, y también coge aguja e hilo... Tenemos trabajo."
- Está bien... - Susurré.
Ahora me sentía más fuerte. Tenía más confianza en mi misma. Ruusu se estaba ganando mi apoyo, mi confianza ciega y, por así decirlo, un medio de transporte. Ella estaba planeando hacer algo. ¿ El qué ? Ni siquiera yo lo sabía con certeza.
domingo, 17 de julio de 2011
Adiós.
Así la carta por la esquina superior derecha y me limité a sentarme en la cama y esperar, a esperar a que la única persona a la que había querido en esta casa se marchara. Tampoco podía hacer nada para impedirlo, pero Calthia era la mujer que había conseguido calar tan hondo dentro de mí que la consideraba mi madre. Me crió desde pequeña, me vio crecer, me corrigió, me enseñó, me demostró cariño... Vamos, todo lo que Doña Arpía no hizo. Escuché pasos en el pasillo. A juzgar por el sonido que hacías sus zapatos de tacón, probablemente de aguja, era Sophia. Caminaba rápido. Pasó cerca de mi habitación y al hacerlo se paró delante de la puerta. Pude ver su sombra negra, negra como su alma. Recé todo lo que sabía para que continuase su trayecto, y por suerte, así hizo. Bajó las escaleras. Escuché ruedas frenando en la gravilla del camino que cruzaba el jardín de mi casa. Escuché el rugido de un motor al parar y me asomé cautelosamente al ventanal. Allí estaba, el transporte que se llevaría a mi "madre". Vi aparecer a Calthia con una maleta y una pequeña bolsa de viajes. También vi aparecer a Sophia que caminaba de brazos cruzados. Suspiré y me armé de valor. Yo vivía en su segundo piso, y el ventanal aún quedaba lejos de la superficie segura que era el suelo, lo que viene siendo unos 8 metros de caída libre. Pensé en hacer como en las películas, lo mítico de utilizar sábanas como medio de descenso, pero olvidé esa idea repitiéndome a mi misma que eso solo funcionaba en las películas.
- Vamos Jona...- Me dije mientras me asomaba al ventanal.
Pasé una pierna por encima del marco del ventanal, pasé la otra y me deslicé un poco hacía delante, quedándome así sentada en el alféizar.
- Madre mía...
Agarré con fuerza la carta que llevaba y me deslicé hacía delante. Dejé de notar apoyo y me puse nerviosa. En pocos segundos mis pies tocaron superficie y rodé por el suelo. Todos los presentes se asuntaron y se me quedaron mirando de forma casi perpleja. A Calthia el corazón le dio un vuelco y me vino a ayudar. Estaba totalmente manchada, de arriba a abajo, pero no me importó. La abracé y con mucho disimulo introduje en el bolsillo de su delantal la carta. Ella se estremeció y noté como empezaba a sollozar.
- No, no dejes que esas lágrimas salgan. No le des ese gusto. Haz que recuerde esta despedida por tu amplia sonrisa diciéndome adiós.
Sophia, que hasta ahora se había quedad al margen , interrumpió nuestra despedida. Preparada para debatirle su " actuación " le miré a los ojos. No pude, en ese momento me flaquearon las piernas y no pude decir nada, como de costumbre. Esos ojos inyectado en sangre, abierto de par en par... Estremecen a la más horrible criatura y ahuyentan a la más tenebrosa sombra. Al menos había cumplido con mi misión. Levanté la vista, Sophia empujaba a Calthia al interior del vehículo. Ella oponía resistencia para poder ayudarme, pero no lo logró. Con el empujón de gracia, Sophia introdujo a Calthia en el interior del coche. Ella desde el interior del coche me mandaba muchos besos, también lloraba y articulaba palabras incomprensibles para mí, dado que no la podía oír. El coche arrancó y comenzó su partida. Pude leer en los labios de Calthia un triste y agoniante ... Adiós, que me destrozó el alma en mil y un pedacitos. Sin Gregory ni Calthia... ¿Que me ataba al mundo? Es más... ¿ Qué me aferraba a la vida ?
- Vamos Jona...- Me dije mientras me asomaba al ventanal.
Pasé una pierna por encima del marco del ventanal, pasé la otra y me deslicé un poco hacía delante, quedándome así sentada en el alféizar.
- Madre mía...
Agarré con fuerza la carta que llevaba y me deslicé hacía delante. Dejé de notar apoyo y me puse nerviosa. En pocos segundos mis pies tocaron superficie y rodé por el suelo. Todos los presentes se asuntaron y se me quedaron mirando de forma casi perpleja. A Calthia el corazón le dio un vuelco y me vino a ayudar. Estaba totalmente manchada, de arriba a abajo, pero no me importó. La abracé y con mucho disimulo introduje en el bolsillo de su delantal la carta. Ella se estremeció y noté como empezaba a sollozar.
- No, no dejes que esas lágrimas salgan. No le des ese gusto. Haz que recuerde esta despedida por tu amplia sonrisa diciéndome adiós.
Sophia, que hasta ahora se había quedad al margen , interrumpió nuestra despedida. Preparada para debatirle su " actuación " le miré a los ojos. No pude, en ese momento me flaquearon las piernas y no pude decir nada, como de costumbre. Esos ojos inyectado en sangre, abierto de par en par... Estremecen a la más horrible criatura y ahuyentan a la más tenebrosa sombra. Al menos había cumplido con mi misión. Levanté la vista, Sophia empujaba a Calthia al interior del vehículo. Ella oponía resistencia para poder ayudarme, pero no lo logró. Con el empujón de gracia, Sophia introdujo a Calthia en el interior del coche. Ella desde el interior del coche me mandaba muchos besos, también lloraba y articulaba palabras incomprensibles para mí, dado que no la podía oír. El coche arrancó y comenzó su partida. Pude leer en los labios de Calthia un triste y agoniante ... Adiós, que me destrozó el alma en mil y un pedacitos. Sin Gregory ni Calthia... ¿Que me ataba al mundo? Es más... ¿ Qué me aferraba a la vida ?
sábado, 16 de julio de 2011
Triste despedida.
Miré como Calthia, después de haberme sacado fuera del agua, se levantaba y me tendía una toalla. Me ayudó a salir fuera de la bañera y cuando estuve fuera me abrazo, olvidando mi cuerpo mojado. Noté sus lágrimas cayéndome encima del hombro izquierdo. La rodeé con un brazo y con el otro le aparte delicadamente la cabeza. Le acaricié la mejilla y le limpié con la toalla algunas lágrimas.
- Venga, tranquila Calthia, ¿ qué ha pasado ?
Entre sollozos me pudo decir:
- Ha... ha... llegado la hora... Señorita...
Se sonó a su típico pañuelo rosa palo y me empecé a preocupar:
- ¿ La hora de qué ?
- La... hora del adiós.
Empecé a sudar en frío y pude ver en el reflejo de mi espejo una palidez repentina en mi cara.
- ¡ Déjate de incógnitas ! ¿ Qué adiós ? ¿ Quién se va ?
Ella bajo la cabeza.
- No... Calthia tú no... No me puedes dejar... ¡ Te necesito a mi lado !
- Pero yo...
- ¿ Qué vas a hacer ? ¿ Vas a huir de los problemas ?
- Señorita - Posó su gruesa mano en mi cara - He aguantado mucho para mantenerme a su lado, para cuidarle y protegerle... Ya no aguanto más. Me ha salido un pequeño trabajo en una cafetería en mi pueblo natal.
- ¡ Pero eso está muy lejos !
- Lo sé, pero tengo que irme ahora que puedo, compréndalo. - Me donó un beso en la frente. - Usted ya es mayor y ya no me necesita.
- Te necesito más de lo que te imaginas... - Lloré pero mantuve mi expresión de desaprobación.- Pero supongo que tienes razón, mi parte egoísta te diría que te quedases, y mi otra parte pide a gritos que salgas de aquí para ser feliz, es demasiada confusión para tomar una decisión...
- Son problemas típicos de la edad Señorita, esa confusión al cabo de unos años tomará forma y comprenderá por qué me he ido....
Asentí al tiempo que derramaba un mar de lágrimas. Alguien abrió la puerta del cuarto de baño de un golpe. Era Sophia, había estado husmeando toda la conversación. Se introdujo dentro y lo primero que hizo fue separarme de Calthia y llevársela a la habitación. Pude escuchar que le daba exactamente 1 hora para hacer el equipaje e irse. Observé como Calthia se daba media vuelta y se iba hacía su habitación. Comencé a caminar detrás de ella, pero Sophia irrumpió en mi camino, me fulminó con la mirada y sentenció mi castigo cerrando la puerta de mi habitación con llave. Me quedé allí, de pie, sin saber que hacer.
- " Pues claro... ¡ El ventanal ! "
Me puse el vestido que llevaba antes, unas botas y me senté en la cama. Sin hacer el menos ruído, para que esa arpía no desconfiase. Entonces se me ocurrió una idea, Calthia y yo no tendríamos tiempo de despedirnos debidamente, así que me senté en mi escritorio y redacté una carta. Improvisé un sobre con mis dotes de papiroflexia con una hoja de estudios y metí en el la carta y una pequeña foto de cuando yo era pequeña.
- " Espero que no te olvides de mi ... "
- Venga, tranquila Calthia, ¿ qué ha pasado ?
Entre sollozos me pudo decir:
- Ha... ha... llegado la hora... Señorita...
Se sonó a su típico pañuelo rosa palo y me empecé a preocupar:
- ¿ La hora de qué ?
- La... hora del adiós.
Empecé a sudar en frío y pude ver en el reflejo de mi espejo una palidez repentina en mi cara.
- ¡ Déjate de incógnitas ! ¿ Qué adiós ? ¿ Quién se va ?
Ella bajo la cabeza.
- No... Calthia tú no... No me puedes dejar... ¡ Te necesito a mi lado !
- Pero yo...
- ¿ Qué vas a hacer ? ¿ Vas a huir de los problemas ?
- Señorita - Posó su gruesa mano en mi cara - He aguantado mucho para mantenerme a su lado, para cuidarle y protegerle... Ya no aguanto más. Me ha salido un pequeño trabajo en una cafetería en mi pueblo natal.
- ¡ Pero eso está muy lejos !
- Lo sé, pero tengo que irme ahora que puedo, compréndalo. - Me donó un beso en la frente. - Usted ya es mayor y ya no me necesita.
- Te necesito más de lo que te imaginas... - Lloré pero mantuve mi expresión de desaprobación.- Pero supongo que tienes razón, mi parte egoísta te diría que te quedases, y mi otra parte pide a gritos que salgas de aquí para ser feliz, es demasiada confusión para tomar una decisión...
- Son problemas típicos de la edad Señorita, esa confusión al cabo de unos años tomará forma y comprenderá por qué me he ido....
Asentí al tiempo que derramaba un mar de lágrimas. Alguien abrió la puerta del cuarto de baño de un golpe. Era Sophia, había estado husmeando toda la conversación. Se introdujo dentro y lo primero que hizo fue separarme de Calthia y llevársela a la habitación. Pude escuchar que le daba exactamente 1 hora para hacer el equipaje e irse. Observé como Calthia se daba media vuelta y se iba hacía su habitación. Comencé a caminar detrás de ella, pero Sophia irrumpió en mi camino, me fulminó con la mirada y sentenció mi castigo cerrando la puerta de mi habitación con llave. Me quedé allí, de pie, sin saber que hacer.
- " Pues claro... ¡ El ventanal ! "
Me puse el vestido que llevaba antes, unas botas y me senté en la cama. Sin hacer el menos ruído, para que esa arpía no desconfiase. Entonces se me ocurrió una idea, Calthia y yo no tendríamos tiempo de despedirnos debidamente, así que me senté en mi escritorio y redacté una carta. Improvisé un sobre con mis dotes de papiroflexia con una hoja de estudios y metí en el la carta y una pequeña foto de cuando yo era pequeña.
- " Espero que no te olvides de mi ... "
viernes, 15 de julio de 2011
Calthia.
Me incorporé lentamente y posé la mano donde segundos antes me había abofeteado mi madre. Me quemaba como si de fuego se tratase. La cabeza me dolía y la vista se me nublaba por segundos. Pude observar a Calthia, que se echaba las manos a la cabeza y corría hacía mi todo lo rápido que le permitían sus cortas y rechonchas piernas. Al llegar junto a mí se acuclilló y sacó un pequeño pañuelo de color rosa palo del bolsillo de su viejo delantal. Con el acarició mi rostro de piel porcelana para limpiar restos de polvo y mugre del suelo. Luego acto seguido lo utilizó para secarme las lágrimas que se deslizaban tímidas por mis mejillas. Ella sonrió de manera cómplice pero pude ver lágrimas en sus ojos, dispuestas a salir.
- Todo se arreglará, ya lo verá Señorita... - Me susurró al tiempo que me abrazaba.
Le devolví el abrazo. Pasamos mucho tiempo allí, cuando Calthia se incorporó y me tendió una mano. Me ayudo a levantarme y con cuidado fuimos andando hasta el recibidor.
- Entra tú primero, no quiero toparme con ella. - Le pedí a Calthia. - Por favor...
- Claro, no se preocupe.
Abrió la gran puerta de mi casa y entramos lo mas sigilosamente posible. En toda la casa reinaba un silencio amargo. Escuchaba mi agitada respiración y el andar torpe de Calthia. Incluso si me concentraba podía escuchar el roce de telas del delantal. Vi como Calthia se asomaba a todas las puertas y me hacía gestos con la mano para que subiera. Ambas suponíamos que Sophia estaría en su mugriento despacho, preparando desfiles o simplemente fumando hasta dejarse los pulmones en ello. Efectivamente, al subir los escalones, noté el asqueroso olor a tabaco en el corredor. Me deslicé al interior de mi cuarto seguida por Calthia que al entrar cerró la puerta de un modo casi imperceptible. Se giró y me hizo un gesto para que me girase.
- Vamos a quitar este vestido y echarlo para lavar, después se tomará un largo baño y no saldrá de la habitación hasta que yo entre en esta. - Me informó.
En otro momento, habría reprochado, pero era la mujer que me crió, como una madre para mi, así que asentí y dejé que me desabrochase el vestido. Me lo quitó delicadamente y me hizo un gesto para que entrara en el baño. Llenó la bañera y depositó en sus aguas unos pocos sales de baño.
- Mmmm... lavanda... - Adiviné.
Ella soltó una risa ahogada y me dejó sola. Oí como sus pasos se alejaban y escuché mentalmente sus órdenes. Suspiré. Me desnudé del todo y me metí en el agua. Habían pasado tantas cosas hoy, que ni siquiera era capaz de pensar con claridad. Cerré los ojos y me sumergí en el agua. Pocos segundos más tarde escuché voces lejanas y volví a la superficie. Fuero del agua las voces se acentuaron hasta convertirse en gritos. Pude distinguir la voz de Sophia y la de Calthia. Esos gritos me estaban perturbando así que cogí una gran bocanada de aire y me volví a sumergir. Aun los escuchaba. Debajo del agua grité con todas mis fuerzas. Escuché que Calthia irrumpía en el baño y me sacaba fuera del agua.
- ¿ Qué ha pasado ? - Pregunté asustada.
Calthia lloraba desconsoladamente.
- Todo se arreglará, ya lo verá Señorita... - Me susurró al tiempo que me abrazaba.
Le devolví el abrazo. Pasamos mucho tiempo allí, cuando Calthia se incorporó y me tendió una mano. Me ayudo a levantarme y con cuidado fuimos andando hasta el recibidor.
- Entra tú primero, no quiero toparme con ella. - Le pedí a Calthia. - Por favor...
- Claro, no se preocupe.
Abrió la gran puerta de mi casa y entramos lo mas sigilosamente posible. En toda la casa reinaba un silencio amargo. Escuchaba mi agitada respiración y el andar torpe de Calthia. Incluso si me concentraba podía escuchar el roce de telas del delantal. Vi como Calthia se asomaba a todas las puertas y me hacía gestos con la mano para que subiera. Ambas suponíamos que Sophia estaría en su mugriento despacho, preparando desfiles o simplemente fumando hasta dejarse los pulmones en ello. Efectivamente, al subir los escalones, noté el asqueroso olor a tabaco en el corredor. Me deslicé al interior de mi cuarto seguida por Calthia que al entrar cerró la puerta de un modo casi imperceptible. Se giró y me hizo un gesto para que me girase.
- Vamos a quitar este vestido y echarlo para lavar, después se tomará un largo baño y no saldrá de la habitación hasta que yo entre en esta. - Me informó.
En otro momento, habría reprochado, pero era la mujer que me crió, como una madre para mi, así que asentí y dejé que me desabrochase el vestido. Me lo quitó delicadamente y me hizo un gesto para que entrara en el baño. Llenó la bañera y depositó en sus aguas unos pocos sales de baño.
- Mmmm... lavanda... - Adiviné.
Ella soltó una risa ahogada y me dejó sola. Oí como sus pasos se alejaban y escuché mentalmente sus órdenes. Suspiré. Me desnudé del todo y me metí en el agua. Habían pasado tantas cosas hoy, que ni siquiera era capaz de pensar con claridad. Cerré los ojos y me sumergí en el agua. Pocos segundos más tarde escuché voces lejanas y volví a la superficie. Fuero del agua las voces se acentuaron hasta convertirse en gritos. Pude distinguir la voz de Sophia y la de Calthia. Esos gritos me estaban perturbando así que cogí una gran bocanada de aire y me volví a sumergir. Aun los escuchaba. Debajo del agua grité con todas mis fuerzas. Escuché que Calthia irrumpía en el baño y me sacaba fuera del agua.
- ¿ Qué ha pasado ? - Pregunté asustada.
Calthia lloraba desconsoladamente.
jueves, 14 de julio de 2011
Gregory.
Sí, aquel chico hacía que mi mente se nublase y no me dejase ver más allá de él. Cosa que mi rica madre odiaba. Pero yo la detestaba a ella, así que era un empate, por así decirlo. La visita no tardaría en llegar y me puse apresuradamente a prepararme. Fui a mi armario y cogí, tras un largo tiempo de elección, mi corto vestido morado. Me puse enfrente de mi espejo de pie y me miré. Me quedaba bien. Me puse las bailarinas negras y me apresuré a retocarme el maquillaje en mi baño. Tras pocos minutos después, sonó el estridente sonido del timbre. Salí corriendo lo más rápido que me permitían mi calzado y bajé a toda prisa las escaleras. Calthia estaba dispuesta a abrir la puerta cuando irrumpí yo. La miré con ojos desafiantes y ella me sonrió dando así media vuelta para seguir con sus tareas. Suspiré y giré el pomo de la puerta.
-Hola, buenos días tenga usted señorita.
- " Pero que coño... " -pensé.
Era el cartero. Puse cara de asesina y grité furiosa:
- ¡Mierda! ¡Estoy esperando a alguien!
- Pero, pero yo...
No le dio tiempo a disculparse. Cerré la puerta en sus narices y pude ver como Calthia se asomaba al recibidor desde las escaleras. Negó con la cabeza mientras subía de nuevo éstas:
- No hay nada que hacer contigo, eres imposible...
La miré de reojo y llena de desilusión me dirigí a mi cuarto cuando volvió a sonar el timbre. Me giré de golpe, haciendo que mi largo pelo trazase un arco para terminar en mi hombro derecho. Abrí la puerta con cara de odio:
- ¿ Otra vez tú... ?
- Hoooolaaaaaa - Dijo con tono melodioso.- ¡ Hay que ver ! Que recibimiento...
Se me subieron los colores y me dí cuenta que era uno de esos momentos de: " tierra trágame ". Era Gregory.
- Ho...ho...hola- Tartamudeé sonrojada hasta las orejas. Intenté esbozar una sonrisa pero lo único que me salió fue una expresión de asco.
- Jajajaja - su risa me reconfortaba - No te preocupes mujer, si ya vi al cartero salir de tu jardín corriendo y sangrando por la nariz. ¿ Qué le has echo ?
- Yo nada... creo que solo me pasé al cerrar la puerta en sus narices.
- ¿ Cres ? La madre que me trajo al mundo, jajajaja. - Se apartó ligeramente para permitirme salir afuera al jardín.
Hoy, cosa rara en él, iba vestido de forma casual. Vaqueros flojos de un azul muy oscuro, camisa blanca y un chaleco negro. Me quedé mirando como andaba un buen rato. Me encantaba.
- Oye, Jona - Ese era mi apodo. - Me gusta tu vestido, bueno... realmente como te queda.
Me sorprendí cuando pronunció las últimas palabras.
- Gracias, aun que se ajusta demasiado a las caderas.- dije despreocupadamente posando las manos en las caderas.
Estábamos caminando relajadamente por el jardín cuando tenía lugar esta conversación. Él iba ligeramente por delante. Nos alejamos bastante de la casa para que no nos pudieran ver ni escuchar contarnos nuestros secretos, él es la única persona en la que poso mi confianza. Se giró sorprendiéndome y me agarró de la caderas, haciendo una ligera fuerza pegándome a él. Acercó la cara a la mía haciendo que nuestras narices se rozasen. Me agarró la cabeza con ambas manos cerrando los ojos. Yo cerré los míos y noté como quitaba sus manos de mi cabeza.
- ¡ Johanna ! - Esa voz me sonaba demasiado - ¿ Qué se supone que estabas haciendo ?
Parecía enfadada. Abrí los ojos y pude ver que Gregory miraba más allá de mí. Me giré y la vi. Era mi madre, hoy había regresado antes de trabajar y nos había pillado. Iba acompañada de Calthia, ésta mostraba en su cara una ligera zona rosada.
- " Le ha vuelto a pegar... " - Pensé.
- Tú, vete. - Dijo mi madre señalando a Gregory.- No te quiero volver a ver más en mi casa ni al lado de mi hija, Calthia acompáñalo para asegurarnos.
Gregory la miró con cara de desprecio dispuesto a rebatir lo que mi alterada madre había dicho pero Calthia lo agarró del hombro. Éste lo sacudió para no notar ese contacto y se fue.
-Y tú... - me miró como si de su peor enemiga se tratase. - Me aseguraré de que no le vuelvas a ver.
- Sophia, lo siento, pero lo voy a volver a ver, por que le amo... ¿ Sabes ? Tú hija también tiene sentimientos.
Me miró de forma furtiva y me abofeteó la cara. Caí al suelo.
- ¡ A mí no me llamas por mi nombre! ¡ Soy tu madre, no me hables así, vas a hacer lo que yo te diga ! - Me gritó. Acto seguido se dio media vuelta y se fue. Dejándome tirada en el suelo, con las lágrimas asomando de mis ojos.
- " Aun te quiero... " -Pensé.
-Hola, buenos días tenga usted señorita.
- " Pero que coño... " -pensé.
Era el cartero. Puse cara de asesina y grité furiosa:
- ¡Mierda! ¡Estoy esperando a alguien!
- Pero, pero yo...
No le dio tiempo a disculparse. Cerré la puerta en sus narices y pude ver como Calthia se asomaba al recibidor desde las escaleras. Negó con la cabeza mientras subía de nuevo éstas:
- No hay nada que hacer contigo, eres imposible...
La miré de reojo y llena de desilusión me dirigí a mi cuarto cuando volvió a sonar el timbre. Me giré de golpe, haciendo que mi largo pelo trazase un arco para terminar en mi hombro derecho. Abrí la puerta con cara de odio:
- ¿ Otra vez tú... ?
- Hoooolaaaaaa - Dijo con tono melodioso.- ¡ Hay que ver ! Que recibimiento...
Se me subieron los colores y me dí cuenta que era uno de esos momentos de: " tierra trágame ". Era Gregory.
- Ho...ho...hola- Tartamudeé sonrojada hasta las orejas. Intenté esbozar una sonrisa pero lo único que me salió fue una expresión de asco.
- Jajajaja - su risa me reconfortaba - No te preocupes mujer, si ya vi al cartero salir de tu jardín corriendo y sangrando por la nariz. ¿ Qué le has echo ?
- Yo nada... creo que solo me pasé al cerrar la puerta en sus narices.
- ¿ Cres ? La madre que me trajo al mundo, jajajaja. - Se apartó ligeramente para permitirme salir afuera al jardín.
Hoy, cosa rara en él, iba vestido de forma casual. Vaqueros flojos de un azul muy oscuro, camisa blanca y un chaleco negro. Me quedé mirando como andaba un buen rato. Me encantaba.
- Oye, Jona - Ese era mi apodo. - Me gusta tu vestido, bueno... realmente como te queda.
Me sorprendí cuando pronunció las últimas palabras.
- Gracias, aun que se ajusta demasiado a las caderas.- dije despreocupadamente posando las manos en las caderas.
Estábamos caminando relajadamente por el jardín cuando tenía lugar esta conversación. Él iba ligeramente por delante. Nos alejamos bastante de la casa para que no nos pudieran ver ni escuchar contarnos nuestros secretos, él es la única persona en la que poso mi confianza. Se giró sorprendiéndome y me agarró de la caderas, haciendo una ligera fuerza pegándome a él. Acercó la cara a la mía haciendo que nuestras narices se rozasen. Me agarró la cabeza con ambas manos cerrando los ojos. Yo cerré los míos y noté como quitaba sus manos de mi cabeza.
- ¡ Johanna ! - Esa voz me sonaba demasiado - ¿ Qué se supone que estabas haciendo ?
Parecía enfadada. Abrí los ojos y pude ver que Gregory miraba más allá de mí. Me giré y la vi. Era mi madre, hoy había regresado antes de trabajar y nos había pillado. Iba acompañada de Calthia, ésta mostraba en su cara una ligera zona rosada.
- " Le ha vuelto a pegar... " - Pensé.
- Tú, vete. - Dijo mi madre señalando a Gregory.- No te quiero volver a ver más en mi casa ni al lado de mi hija, Calthia acompáñalo para asegurarnos.
Gregory la miró con cara de desprecio dispuesto a rebatir lo que mi alterada madre había dicho pero Calthia lo agarró del hombro. Éste lo sacudió para no notar ese contacto y se fue.
-Y tú... - me miró como si de su peor enemiga se tratase. - Me aseguraré de que no le vuelvas a ver.
- Sophia, lo siento, pero lo voy a volver a ver, por que le amo... ¿ Sabes ? Tú hija también tiene sentimientos.
Me miró de forma furtiva y me abofeteó la cara. Caí al suelo.
- ¡ A mí no me llamas por mi nombre! ¡ Soy tu madre, no me hables así, vas a hacer lo que yo te diga ! - Me gritó. Acto seguido se dio media vuelta y se fue. Dejándome tirada en el suelo, con las lágrimas asomando de mis ojos.
- " Aun te quiero... " -Pensé.
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